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IMSS: ¿Recibimos la calidad del servicio que pagamos?

La atención médica en el IMSS no le cumple a sus asegurados, ni a las empresas que, además de pagar impuestos, deben aportar cuotas por cada empleado. Si bien se han registrado progresos en la última década, el retraso en el servicio es alarmante.

17-10-2016, 5:55:14 PM
IMSS: ¿Recibimos la calidad del servicio que pagamos?
Jorge A. Monjarás, director editorial de Alto Nivel

Eugenia, de 72 años, padece presión alta. Un médico particular le recetó Losartán, prácticamente de por vida. Al acudir al IMSS, el médico de su clínica se rehusaba, primero, a declararla hipertensa, como si fuera un padecimiento insólito. Tras insistir, vino otro problema: el abasto del medicamento. Van seis meses y hasta el momento compra la medicina con su propio dinero.

Sergio dirige una empresa mediana, con 200 empleados. Sabe que paga cuotas del IMSS por 15 gerentes y directores que nunca buscarán atención médica en sus instalaciones. Acordó para ellos y sus familias un seguro colectivo de gastos médicos mayores. Solo así mejoró su atractivo como lugar para trabajar.

Gonzalo cumplió 30 años en una empresa de gran tamaño. No tiene muy buen aspecto últimamente; sufre dolor e hinchazón constante en las piernas. Su jefe ha tenido que aceptar numerosas ausencias y alejarlo del trabajo físico en la bodega, mientras llega el día que le asignaron para sus estudios en el Seguro Social. Ya solo faltan dos meses.

Sobrecarga en el sistema

Quien no conozca una anécdota así no es derechohabiente del IMSS. La atención médica no le cumple a sus asegurados, ni a las empresas que, además de pagar impuestos, deben aportar cuotas por cada empleado. Si bien se han registrado progresos en la última década, el retraso en el servicio es alarmante.

La experiencia es, cuando menos, de molestia para el usuario: una consulta significa perder medio día, las citas para estudios se dan hasta dos o tres meses después y la programación de cirugías puede tardar más de medio año. Hasta hace poco, enfermarse en fin de semana era muy mala idea: había que esperar hasta el lunes para que alguien tomara una decisión.

El IMSS tiene el número más alto de pacientes por médico, por enfermera, por clínica y por hospital de todo el sistema de salud nacional, según un estudio realizado por la empresa de asesoría financiera Evercore Partners, con datos de 2012. A cada médico le corresponden 903 pacientes: tres veces más que en Petróleos Mexicanos (309), el mejor –y el más caro, por mucho– sistema de salud del país.

También ocupa, junto con el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), el último lugar en las encuestas de satisfacción del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). De los pacientes hospitalizados, 52% se declaró satisfecho con el servicio, contra 75% de Pemex y 67% del Seguro Popular. Pareciera un porcentaje alto, pero es preocupante que las encuestas sean uno de los pocos recursos para medir el sistema. 

La percepción del paciente como indicador de efectividad no es lo mejor, apunta Fátima Masse, investigadora del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Normalmente, una persona ignora siquiera si recibió el tratamiento adecuado. La carencia de datos no permite comparar los diferentes sistemas de salud en México. Los números no son compatibles, ni están disponibles en tiempo real. Una falta de transparencia que resulta un grave problema.

En términos generales y considerando la mortalidad infantil y el promedio de vida, México ha mejorado en los últimos 10 años, menciona la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). También ha logrado disminuir el dinero que cada familia gasta de su propio bolsillo en salud, especialmente entre el primer decil de la población; es decir, la gente más pobre. El Seguro Popular, instaurado en 2006, logró sacar a 50 millones de personas del desamparo en materia de salud, considera Ian Forde, investigador de la OCDE.

El efecto, sin embargo, es la sobrecarga y la desorganización en todo el sistema. El IMSS atiende a más de 74 millones de personas, según el informe 2015-2016 de la institución. De ellos, 61.8 millones son afiliados por régimen ordinario; es decir, trabajadores y sus familiares, así como pensionados. Pero hay que agregar 12 millones de mexicanos sin capacidad de pagar cuota alguna, ingresados por una iniciativa de los 70, que fue cambiando de nombre con los años (hoy es IMSS Prospera). El asunto se repitió en el sexenio de Felipe Calderón, cuando pareció una idea formidable afiliar a los estudiantes de preparatorias públicas: un estimado de 7 millones de personas.

Como consecuencia, conviven en el IMSS dos sistemas paralelos. En el ordinario, unos 17.8 millones de trabajadores pagan a partes iguales, con sus empleadores y con el gobierno, por la salud de 61.8 millones de personas. Para los grupos agregados después, el gobierno aporta el 100% de las cuotas, tomando en cuenta como salario base un salario mínimo. ¿Cómo pudo darse esto sin la objeción de la parte empresarial en la Asamblea y el Consejo Técnico del IMSS? Quizá no fue un tema políticamente correcto oponerse a dar más salud, pero no se trata únicamente de pagar las cuotas. Se necesitan clínicas y hospitales a donde acudir.

“Sabemos del trato deficiente, omiso e inoportuno. Padecimientos que pudieron atenderse a tiempo se agravan porque se revisaron tres meses después”, describe Óscar David Hernández, presidente de la Comisión de Seguridad Social y Salud de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), quien aprovecha para criticar que el organismo no tenga acceso a los órganos directivos del IMSS. Aquí tienen representación solo las cámaras, por medio de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) y la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco), de acuerdo a la vieja ley que dio origen al IMSS. 

Para Hernández, la iniciativa privada ha debido ocupar los huecos que deja el sistema de salud pública. Tan solo Farmacias Similares ofrece seis millones de consultas médicas al mes. ¡El mismo número que el propio IMSS! “Mucha gente prefiere ir a un consultorio privado, porque la atienden de inmediato. El costo de no ir a trabajar va a ser menor que el costo del medicamento. Pero es un costo muy alto”.

El estancamiento

Por años, la inversión en infraestructura ha sido el rubro más castigado en el presupuesto del IMSS. Esto debido a la carga imposible de las pensiones, que superaban los 700,000 millones de pesos (mdp) al año y que estuvieron a punto de dejarlo sin fondos. Al pagar cada vez más por las jubilaciones, el instituto fue quedándose sin posibilidades de crecer e incluso agotando sus reservas actuariales. De no haber intervenido el gobierno, el IMSS se habría quedado sin fondos el primer trimestre de 2015.

De hecho, la administración de José Antonio González Anaya, entre 2012 y 2015, se centró en arreglar el grave problema financiero del IMSS, al tiempo que mejoraba su eficiencia administrativa y en compras. Entre las múltiples medidas en este periodo están la centralización y transparencia del sistema de adquisiciones, así como ajustes y cambios en el servicio, para levantar los muy decaídos niveles de servicio.

Pero el daño está hecho en el déficit de infraestructura. Si en 2000 se destinaron cerca de 9,000 mdp a inversión física, equivalentes a solo 4.9% del presupuesto del IMSS (sin gastos de pensiones), para 2006 la inversión disminuyó a 7,750 mdp o 3.1% del total. Hacia 2015 apenas se invirtieron 2,730 mdp, equivalentes a 0.8% de los gastos.

El aumento en el número de pensionados y la falta de inversión física son los principales factores detrás del estado lamentable del IMSS. A ello hay que agregar un componente más: el panorama de salud de la población. Hace mucho tiempo, las enfermedades infecciosas eran la principal causa de mortalidad en el país. Eso motivó la creación de un modelo de diagnóstico-curación que persiste, pero que ya no es eficaz. Hoy la población mexicana sufre mayoritariamente de enfermedades crónico-degenerativas, como diabetes, hipertensión y cáncer. 

“Las enfermedades crónicas son caras de tratar y únicamente se pueden controlar. El mejor escenario es no caer en las complicaciones, que son las más caras y empeoran mucho la calidad de vida”, describe Fátima Masse, del IMCO. En ese sentido, el IMSS y todo el sistema de salud están rebasados. Tan solo la diabetes puede costarle al país unos 85,000 mdp anuales, sin contar complicaciones mucho más costosas, como las fallas renales.

En busca de soluciones

Ante lo anterior, las empresas mexicanas son las más infelices pagadoras de las cuotas del IMSS. Aquellas que pueden, otorgan a sus empleados el beneficio de los seguros de gastos médicos mayores, los cuales se han convertido en una prestación frecuente para atraer talento. Unos 8.5 millones de personas son beneficiarias de este tipo de coberturas (7.6% de la población), mismas que, en gran mayoría, tendrían derecho a los servicios del IMSS. El costo para las empresas es evidente, pues las cuotas siguen siendo obligatorias y no se pueden subrogar.

Otras más han optado por ofrecer servicios médicos básicos o de prevención, apunta Hernández, de Coparmex. Medidas como estas reducen hasta en 20% el ausentismo y en 70% los costos por riesgos de trabajo. No es raro, entonces, que la organización se oponga a cualquier insinuación sobre subir las cuotas obrero-patronales.

Sin embargo, reconoce los esfuerzos de las últimas administraciones por mejorar el servicio y expresa una gran confianza en el actual director del IMSS, Mikel Arriola. Ello no implica que ignore los retos: si bien el aumento del gasto en salud ha sido evidente en los últimos años, México sigue siendo el país que menos proporción del PIB destina al rubro entre los países de la OCDE. “Tendríamos que duplicar el gasto en salud, para no vernos rebasados en 2030”, señala.

Además, México gasta casi 10% de su presupuesto de salud en cuestiones administrativas, un nivel muy por encima del resto de los países de la OCDE, lo cual implica ineficiencia

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