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Hong Kong, la entrada a China para hacer negocios

Esta región es considerada como la Londres de Asia, si un mexicano quiere hacer negocios en China debe ir por la ruta que abrieron los británicos: Hong Kong.

Hong Kong, la entrada a China para hacer negocios
Negocios
Alto Nivel 13-09-2016

Gerardo Yong

Hacer negocios en China no siempre resulta fácil y atractivo para el empresario mexicano. De entrada, el hombre de negocios que busca colocarse en el mercado del gigante asiático debe de hablar chino mandarín, uno de los idiomas más difíciles del mundo por su complejo sistema de escritura (más de 6,000 caracteres) y pronunciación (tiene cuatro tonos, más un quinto neutro, que sirven para distinguir una palabra de otra). Un segundo factor que pone en desventaja al potencial hombre de negocios es el desconocimiento de los protocolos de negociación, por lo cual se vuelve necesario hacer los contactos mediante una cámara de comercio o una compañía de representación internacional, lo que aumenta los costos iniciales de llevar a cabo su empresa.

Hasta aquí, el empresario mexicano ya ha invertido mucho tiempo y dinero y ni siquiera ha cruzado el mar para iniciar sus contactos. Pero si actuara de manera más lógica, es decir, usando su visión empresarial, sabría que la ruta más adecuada para llegar a China es la misma que abrieron los británicos en el siglo xix: Hong Kong.

Hong Kong, la Londres de Asia

No hay que olvidar que los británicos fueron los creadores de las teorías económicas y comerciales que catapultaron los negocios durante la época colonialista, en las que estamos educados. El liberalismo les sirvió para crear el ambiente comercial apropiado, y el dominio de las rutas marítimas fue crucial para mantener su hegemonía en la mayor parte del planeta, de Europa a Norteamérica, de Sudamérica a África, de la India a Australia y de ahí a China, donde precisamente dejaron una huella indeleble del sistema de comercio inglés, que abarcó Malasia, Singapur, Taiwán y Tailandia. 

De hecho, el centro de operaciones británico estuvo ubicado en China, a lo largo de más de un siglo, y precisamente en esa isla llamada Hong Kong, la cual fue cedida a la Corona inglesa mediante el Tratado de Nanking de 1842, durante la llamada I Guerra del Opio. Una segunda convención, realizada en 1860, también cedió a Londres la península de Kowloon y la isla de Stonecutters. Estos nuevos territorios incorporados dieron mayor poderío a Gran Bretaña, al grado que en 1898 fueron solicitados a China en renta por 99 años, periodo cumplido en 1997, cuando pasó al dominio continental nuevamente.

Su ubicación geográfica es estratégica, tanto para los negocios como para la guerra; en este aspecto, los japoneses la ocuparon durante la Segunda Guerra Mundial, transformándola en el centro militar de su campaña en Asia. Los británicos la recuperarían en 1945, tras la derrota incondicional de Tokio.

El poderío inglés residía no solo en su influencia militar y política, sino en sus rutas comerciales, las cuales sesgaban el mundo tanto en tierra como en mar. La creación de puertos, como fue el caso de Hong Kong, también tenía la intención de convertir las zonas colonizadas en cabezas de playa de gran importancia estratégica para el Reino Unido.

El dominio del espacio marítimo era necesario para garantizar el éxito del estilo de vida inglés. No en balde, sir Walter Raleigh afirmaba con vehemencia que “quien ejerce el dominio del mar, domina el comercio mundial; quien ejerce el dominio del comercio mundial, domina las riquezas mundiales y, en consecuencia, el mundo en sí”.

El dominio náutico suponía también el control de la geografía, el conocimiento del planeta y sus ventajas tácticas. Un adecuado registro naval no solo garantizaba una buena transportación comercial, sino la seguridad estratégica y la consolidación del Imperio inglés. Ese dominio se vio reflejado en los puntos de contacto coloniales que los británicos habían establecido como una carta de navegación mundial, donde las ventajas geográficas destacaban por sí mismas.

La ventaja marítima es evidente en Gran Bretaña, pues se encuentra en la mejor posición estratégica del mundo, o al menos así lo hicieron ellos. Desde Londres, se puede abastecer el mercado americano, en la tarde, el Medio Oriente y por la mañana, Asia.

¿Por qué es tan atractivo?

Si vemos un poco más de cerca las ventajas que tiene Hong Kong, nos daremos cuenta de que está ubicada a menos de cuatro horas de vuelo de los mercados de mayor potencial en Asia, como China continental, Singapur, Malasia, Indonesia, Japón, Corea y Filipinas. Asimismo, el rango de ubicación comprende la mitad de la población mundial en menos de cinco horas de vuelo. Está ubicada a una hora del delta del río Perla, la región manufacturera más grande del mundo y la de mayor crecimiento en China. 

Cualquiera que viaje a Hong Kong verá las diferencias existentes entre China y la imagen occidental de esta península, donde se respira el corte inglés, pese a que ya han pasado casi 20 años del traspaso de la administración británica a manos chinas. Incluso los hongkoneses se comportan como si fueran ciudadanos occidentales y no chinos. Veamos un poco a qué se debe esto.

El mercado de Hong Kong cuenta con un marco regulatorio que tiene como principal objetivo el éxito empresarial y la atracción de inversiones, garantizadas por un ambiente de rápida recuperación y disminución de riesgos. Una de estas ventajas es un sistema impositivo simple y predecible, con bajos impuestos sobre utilidad (16.5%) y el salario (15%). 

Asimismo, elimina los impuestos sobre las ventas, dividendos y ganancias de capital, siempre y cuando las empresas se establezcan en la ciudad. ¿Recuerdan ustedes lo que decíamos sobre el liberalismo que los británicos impusieron en la zona bajo su administración?, pues precisamente eso es lo que ha permitido una política de flujo libre de bienes, capital, información y recursos humanos.

El liberalismo económico lo sintetizó, en el siglo xviii, una frase que todos los economistas conocen muy bien: laissez faire, laissez passer (Dejar hacer, dejar pasar).

Respecto a la infraestructura con que cuenta, Hong Kong es considerada como la Londres de Asia, pues posee una urbanización de clase mundial, donde el ambiente empresarial, comercial e incluso el político, es de corte occidental, lo cual favorece la realización de negocios internacionales. 

Este es un extracto del texto que el autor escribió para Alto Nivel y que podrás consultar completo en la edición impresa de septiembre. Busca tu ejemplar en los principales puntos de venta, suscríbete en línea o descarga la revista digital. Sigue nuestra conversación en Twitter y Facebook.

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