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Holbox: el conflicto ambiental del que nadie quiere hablar

El Tiburón Ballena, especie declarada en peligro de extinción este año, se encuentra amenazada por un conflicto entre prestadores de servicios y por un descontrol de las actividades turísticas de la zona.

08-02-2017, 6:35:08 AM
Arturo Luna.

Por Darinka Rodríguez, enviada. Fotos y video: Arturo Luna. 

Con miedo, a escondidas, guardando sus identidades verdaderas, varios comerciantes, lancheros y habitantes de Holbox se atreven a hablar. Sus voces, como un murmullo, denuncian varios conflictos que amenazan la supervivencia del tiburón ballena, considerado  el pez más grande del mundo.

Una breve extensión de tierra rodeada de aguas color turquesa se vislumbra en el horizonte. Los visitantes que viajan en el ferry no pueden dejar de asomarse por las ventanas para ver algo inigualable: los espesos manglares que dan vida a la isla.

Sin embargo, el turismo sin control, los desarrollos hoteleros en la zona y un conflicto entre empresas y habitantes de la isla amenaza al Rhincodon typus, nombre científico del tiburón ballena, ya que por ganar turismo, se aumenta el número de embarcaciones permitidas en los avistamientos.

“En temporada baja se ven unas cien lanchas, sobre todo porque ahorita hay poquitos, pero en temporada alta hay hasta unas 300 lanchas”, comenta Willie, un prestador de servicios de la zona de Holbox.

Aún en temporada baja, durante el mes de septiembre, que es cuando termina la temporada de avistamientos, esta zona del Caribe mexicano excede la cantidad de embarcaciones permitidas, pues llegan a zarpar cien embarcaciones con 12 o 15 turistas cada una para ver a un grupo de 10 tiburones ballena.

“Hay un problema de capacidad de carga en esa zona, demasiadas embarcaciones, y a pesar de que sea la población más grande del mundo del tiburón ballena, se tiene que regular el número de embarcaciones”, señala Dení Ramírez, investigadora y líder del proyecto Tiburón Ballena México, en entrevista con Alto Nivel.

Estos son sólo dos de los testimonios que dan cuenta de una pugna por el turismo en la zona, que tiene como víctima final a esta especie única. Como parte de la investigación iniciada en la zona de Cancún e Isla Mujeres, Alto Nivel viajó a Holbox para recoger los testimonios de los guías y prestadores de servicios.

La batalla por los turistas

Al llegar a la isla, tras un trayecto en ferry de 20 minutos desde el poblado de Chiquilá, en el municipio de Lázaro Cárdenas, Quintana Roo, un grupo de prestadores de servicios, lancheros y guías se arremolinan ante los visitantes, ofreciendo paseos, servicios, tours guiados y el evento estrella de la isla: una experiencia de nado con el tiburón ballena.

Algunos contratan en el instante, otros rechazan diciendo que su hotel ya les ha ofrecido un servicio similar, pero todos los que llegan muestran interés por el tema, mientras se trasladan por la isla en pequeños carritos de golf hasta los diversos muelles o a los hoteles construidos en la línea costera.

Holbox forma parte del Área Nacional Protegida de YumBalam, declarada así desde 1994, y que alberga 513 especies animales, entre las que se encuentra el tiburón ballena, especie que ya figura en la lista roja de la Unión internacional para la Conservación por la Naturaleza (IUCN) como espécimen en Peligro de Extinción, desde el 18 de julio de 2016.

Unas quince embarcaciones salen de la costa norte de la Isla de Holbox la mañana del 15 de septiembre. No obstante, el equipo no encontró capacidad en ninguna lancha porque ya estaban muy llenas o ya habían partido.

Sin embargo, se nos ofreció un viaje similar al día siguiente por 1,400 pesos por persona, a pesar de que la temporada de nado tiene su fin oficial el 15 de septiembre y, por disposición oficial, ninguna embarcación puede ya salir a realizar actividades con el tiburón ballena.

Encontrar quién brindara información de las irregularidades es una cosa complicada: nadie quería manchar la imagen de los servicios turísticos por miedo a pérdidas económicas y debido a que esta actividad es el principal sustento de los habitantes de la zona.

Cuando se le cuestionaba a los lancheros, guías y otros prestadores de servicios lo que también vimos en Isla Mujeres, ninguno quiso reconocer frente a la cámara o la grabadora, aún cuando se les garantizaba que su identidad permanecería en secreto.

Ante la negativa y una primera y aparente derrota periodística, realizamos un nuevo recorrido por la isla y un levantamiento de información con cámara escondida. Entonces la cosa cambió: las irregularidades salían en cuanto se les hacía la plática a los taxistas, a los lancheros e incluso a los vendedores.

Las actividades turísticas derivadas del nado con el tiburón ballena dejaron una derrama de 1.4 millones de dólares tan sólo en 2014, motivo suficiente para que empresas extranjeras compitan contra los prestadores de servicios de la zona, quienes se encuentran en una lucha constante por los permisos otorgados por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), así como el número de turistas que trasladan a la zona protegida.

No te pierdas la primera parte de este especial: Corrupción, el depredador que acecha al tiburón ballena en México.

Eran las nueve de la mañana y la temperatura ya rondaba los 30 grados centígrados. Resguardado en una palapa del inclemente rayo del sol, “Juan”, propietario de dos lanchas que brindan el paseo y un carrito de golf que maneja como taxi por la isla, comentó que existe un fuerte pleito entre lancheros de Holbox y empresas de Cancún e Isla Mujeres, quienes se están llevando todo el turismo de forma desleal.

“El pleito con nosotros es porque ellos tienen Cancún e Isla Mujeres; ellos tienen todo el año turismo y se está intentando regular porque está creciendo a desmedida y esto va a llegar a afectar”, mencionó en la plática.

En otro punto de la isla, “Ramón”, que lo mismo ofrece paseos con tiburones ballena o vende llaveros y recuerdos a los paseantes, reconoce que este año el turismo fue mucho más abundante, pero a él cada vez le cuesta más trabajo obtener los permisos de la Conanp, pues acusó que el director de la reserva da preferencia a las empresas más grandes.

“Cada permiso son 30 mil pesos, además de que tener la lancha como la piden las autoridades sale muy caro. Yo y varios de aquí cada año tenemos que pelearnos los permisos”, comenta.

En contraste, las autoridades comentan que se le da preferencia a los habitantes de la isla, unas 1,486 personas, de acuerdo con el último censo realizado por el INEGI en la zona.

“En la Conanp hemos buscado que la conservación tenga un enfoque integral, que no solo se conserve a la especie y al ecosistema, sino que se tengan alternativa para los pobladores, de tal forma que ellos puedan beneficiarse, mejoren sus condiciones de vida y participen en el proceso de conservación”, comenta José Bernal Stoopen, director de Especies Prioritarias para la Conservación de la dependencia.

“Se nota luego-luego desde los precios: en Isla Mujeres el mismo paseo sale al doble, mientras que nosotros ofrecemos precios para que vengan más turistas mexicanos, de eso vivimos y también entendemos que no todos pueden pagar esos precios”, menciona “Ramón”.

A diferencia de la zona de Baja California, donde también hay avistamientos que peligran por embarcaciones pesqueras que los embisten, el tiburón ballena en Quintana Roo está a merced de las actividades turísticas y el cuidado que éstos tengan, según indica la investigadora Dení Ramírez.

Por eso, advierte que si hay dos grupos peleando por el dominio del turismo, podría afectar a la especie por exceso de embarcaciones.

“Ha sido muy evidente el monopolio de compañías allá que tienen unos 30 permisos, lo cual es grave; una misma empresa tiene muchos permisos, es una lástima porque es un recurso. Si tú vas en una lancha de los pescadores, también están en muy buenas condiciones, donde los locales cuidan al tiburón ballena”, comenta Ramírez.

Peligro en nombre del desarrollo

No sólo se trata de las actividades en torno al tiburón ballena, sino una serie de desarrollos turísticos en construcción en la isla de Holbox los que amenazan a varias especies.

En septiembre, se registró un incendio que afectó 20 hectáreas de la zona protegida de Yum Balam, donde se pretende construir el proyecto turístico conocido como “La Ensenada”, impulsado por el gobierno de Roberto Borge.

Para el desarrollo de este proyecto, se tienen contempladas la construcción de tres hoteles con 195 habitaciones en 8.5 hectáreas y 872 unidades residenciales.

El desarrollo de actividades y complejos turísticos en la zona de Holbox ya ha afectado el hábitat de cientos de especies, por lo que si no se realizan controles por parte de las autoridades ambientales, ejemplares del tiburón ballena y otros podrían estar en peligro por conseguir más turismo.

Pronto, el rumor de que alguien estaba haciendo preguntas de más sobre el conflicto en torno al tiburón ballena llegó a los oídos de los demás guías y vendedores, quienes, bajo advertencia, repetían como letanía que en Holbox se cumplen las reglas al pie de la letra.

Poco a poco, la tarde fue cayendo en la isla y los turistas iban regresando, de modo disperso, a los muelles, hoteles y restaurantes. Es difícil calcular el número de turistas que regresaron porque muchos volvieron directamente a muelles al lado de los hoteles en la costa a por lo menos tres embarcaderos distintos.

Sin embargo, por la tarde y al momento de subirnos al último ferry que saldría hacia Chiquilá, la isla se sentía mucho más viva y ruidosa: era evidente que la actividad había estado centrada en las aguas de la reserva, donde los turistas, sobre todo extranjeros, comentaban lo increíble de la experiencia que había sido nadar con esta especie.

Las voces que denuncian el problema son tan alarmantes como las que deciden callar. Está en peligro el sustento de miles de familias de Holbox, una isla que vive del turismo. También está en riesgo el tiburón ballena, una especie que podría ver finalizados sus días sobre estas aguas azul turquesa a manos del hombre.

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