HistoriasTecnología

Grandes hallazgos de los satélites artificiales

Con motivo del aniversario del primer vuelo espacial, te contamos cómo los satélites artificiales han ayudado a aumentar el conocimiento del universo.

20-12-2010, 5:00:00 PM
Grandes hallazgos de los satélites artificiales
Estilo Hoy

En poco más de 50 años, desde que la Unión Soviética lanzó al espacio el primer satélite artificial llamado Sputnik 1, que el conocimiento del hombre acerca del universo creció de manera exponencial.

Desde esa fecha han sido lanzados al espacio más de tres mil satélites artificiales y naves espaciales que equipados con instrumentos, realizaron innumerables misiones.

Un importante proceso que resumimos a través de los descubrimientos que más han destacado desde su aparición. 

Señales de radio y TV
Sin duda que el primer hallazgo realizado gracias a los satélites artificiales fue la posibilidad de utilizarlos como un medio para transmitir señales a otras partes del planeta.

En 1945, Arthur Clarke, publicó un artículo acerca de la posibilidad de transmitir señales de radio y televisión a través de largas distancias sin la necesidad de cables coaxiales, proponiendo un satélite artificial ubicado a 36 mil kilómetros de altura, que girara alrededor de la Tierra una vez cada 24 horas. Esto fue calificado como fantasioso.

Sólo 13 años después, se realizó el primer experimento en comunicaciones desde el espacio, cuando el satélite artificial Atlas-B, equipado con un transmisor y un reproductor, emitió hacia la Tierra un mensaje grabado con anterioridad por el presidente de EU, Eisenhower.

El satélite artificial Atlas permitió entonces demostrar que la voz humana podía propagarse superando la considerable distancia existente entre el planeta y el satélite.

 

Cinturones de radiación
En 1958, Estados Unidos lanzó un satélite artificial denominado Explorer I, con lo que dio un gran paso en el mundo de la ciencia al descubrir los cinturones de radiación que rodean a la Tierra, a los que llamaron Van Allen en honor al líder de los científicos responsables de esa misión.

Se trata de dos cinturones formados por cargas eléctricas con suficiente cantidad para ser detectadas por los aparatos de medición de un satélite artificial.

 

Agujeros en la Capa de Ozono
En 1978 la séptima edición del satélite artificial Nimbus, aportaba una evidencia científica sobre la disminución del ozono.

Los científicos del medio ambiente analizaron los datos proporcionados por el satélite artificial y descubrieron que en ciertas épocas del año, en algunos sitios el hemisferio norte pierde casi el 6% de su capa de ozono.

La información propocionada por este satélite artificial provocó que unos cuantos países, incluidos Canadá, Suecia, Noruega y Estados Unidos tomaran las primeras iniciativas de eliminación de CFCs en las latas de aerosoles.

 

Viento Solar
Las exploraciones mediante satélites artificiales, entre 1958 y 1961 generaron un descubrimiento de gran trascendencia: el “viento solar”.

Este fenómeno está compuesto de partículas como electrones, protones e iones, que emanan continuamente del Sol y que se propagan a través del espacio interplanetario a una velocidad de 400 kilómetros por segundo.

 

La Tierra no es esférica
Las exploraciones mediante satélites artificiales hicieron un nuevo descubrimiento del dominio geofísico que nada tiene que ver con el espacio, pero sí con la geodesia.

En marzo de 1958 un satélite artificial descubrió que la Tierra no es esférica, sino que tiene forma de pera. La deformación es muy tenue y no es notoria a simple vista.

 

Agujeros negros
Los satélites astronómicos, que orbitan la Tierra a unos mil kilómetros de distancia, abrieron a los científicos las ventanas de todo el espectro electromagnético para la observación del Universo.

Gracias a éstos satélites artificiales se han podido percibir en algunas estrellas súbitos desprendimientos de materia. Éstos van asociados con emisiones discontinuas de rayos X que los astrónomos asocian con la presencia en las periferias de la estrella, de un cuerpo al que llamaron “hoyo negro”.

Su campo gravitacional es tan fuerte que absorbe y no permite escapar ni la radiación ni la materia que emite la estrella vecina. De ahí nuestra incapacidad para observarlo.

En el año 1994 se complementó dicha información gracias a las observaciones del telescopio Hubble que proporcionó evidencias reales de que los agujeros negros supermasivos existen.

Relacionadas

Comentarios