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Por qué Francia ya no volverá a ser la misma

Marie Le Pen no será presidenta de Francia, sin embargo, los movimientos políticos de los últimos meses han marcado un nuevo rumbo para el país.

25-04-2017, 2:00:58 PM
francia no sera la misma

El primer puesto obtenido por Emmanuel Macron en la primera ronda de votación de las elecciones francesas lo deja en un escenario muy favorable para convertirse en el próximo presidente de este país, dado que ahora la principal clave para la segunda ronda a celebrarse el siete de mayo es: “Unámonos para evitar a Marie Le Pen como presidenta”, quien pasa en segundo lugar a esta nueva ronda de votación.

Las encuestas esta vez no fallaron, ya que predijeron unos resultados cerrados a cuatro frentes —en total se presentaban once candidatos— y así se vieron repartidos los votos: 24.01% a Macron (En Marche!), 21.3 a Le Pen (Frente Nacional), 20.01 % al derechista François Fillon (Los Republicanos) y 19.58% al izquierdista Jean-Luc Mélechon (Francia Insumisa).

En cuanto los conteos rápidos confirmaron quiénes serían los dos finalistas a competir la presidencia, tanto Fillón como Benoît Hamon —el candidato del partido socialista cuyo 6.4% de votos obtenidos representó el mayor descalabro dado que su partido es quien actualmente gobierna— salieron a reconocer su derrota y pedir a sus votantes que apoyen a Macron. Por su parte, Mélechon optó por un mensaje más velado al decir a sus bases que, ahora, “cada uno sabe, en su conciencia, cuál es su deber.”

Por esto es que realmente son lejanas las posibilidades de que el Frente Nacional y su programa ultraderechista, euroescéptico y xenófobo tome las riendas del país galo. Sin embargo, este respiro viene acompañado de otras lecturas que vale la pena señalar:

Estos comicios confirman la severa crisis que está viviendo la socialdemocracia en Europa, que históricamente había logrado capitalizar el voto de izquierda y que, sumados a los resultados de las últimas elecciones en Holanda en marzo y los recientes sondeos de intención de voto del PSOE, en España, dan cuenta de que no sólo se alejan de ser opción de gobierno, sino que se desdibujan del espectro de oposición influyente a ritmos acelerados.

Este vacío que dichos partidos pierden está siendo capitalizado por alternativas de izquierda emergentes que en la mayoría de los medios de comunicación señalan en tono negativo como “antisistema”, “radicales”, y, el adjetivo de moda: “populistas”. En el escenario francés, quien tomó este papel y consigue unos resultados bastante meritorios es Jean-Luc Mélechon, quien ha sido comparado con el norteamericano Bernie Sanders. El rápido crecimiento en la intención de voto hacia él en las últimas semanas ponían en consideración que compitiera con Le Pen. Y, aunque esto no sucedió, no se puede obviar que sus resultados confirman su solidez en el escenario político francés, que, con estos comicios entierra el periodo de bipartidismo que había gobernado en la V República desde 1958. Francia se une a esta tendencia de la pluralidad partidista y la obligatoriedad de la construcción de consensos.

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Por otro lado, ¿qué matices tiene el primer lugar de Macron? Primero, es el mejor respiro que los europeístas podían obtener. De los cuatro principales candidatos era el que de manera más contundente defendió el proyecto de la Unión Europea (UE) tal cual opera actualmente. Así que, los euroescépticos más moderados que no convivían con el ultraderechismo de Le Pen y votaron a Mélechon y Fillón, estarán ante la disyuntiva de si esta razón de voto les sigue pesando lo suficiente como para votar por ella, o abstenerse.

Así mismo, la paradoja para los votantes tradicionales de izquierda es un tanto desalentadora, ya que, ninguno de los dos candidatos finalistas representan sus principios ideológicos, porque, aunque los esfuerzos de marketing del joven Macron se empeñaron en posicionarlo con un perfil centrista que, en sus palabras “tomaba lo mejor tanto de la izquierda, como de la derecha”, lo cierto es que sólo había que revisar superficialmente sus propuestas para tener claro que es un candidato más bien de derechas. Entonces, tendrán que elegir entre votar “al menor de los males” para que no llegue la ultra Le Pen o abstenerse. Pragmatismo contra una omisión que les pudiera parecer coherente, pero que será, al fin, inútil.

Y, por último, no hay que olvidar que la reconfiguración del escenario político francés para los próximos años lo componen tres capítulos, donde el tercero serán las elecciones legislativas de junio, en las cuáles se verá si el reparto de estas fuerzas políticas en el parlamento le permitirán al, ya casi seguro, presidente Macron la gobernabilidad suficiente para ejecutar su programa.

En este punto es donde Le Pen y su partido representan aún una latente amenaza, ya que, si en su mandato Macron no logra estabilidad y fuerte percepción de progreso entre sus ciudadanos en los grandes temas que al país apremian (economía y empleo, inmigración y relación con la UE), estos años podrían preparar terreno para que el Frente Nacional vuelva a romper su histórico récord en votación, como lo hicieron en la primera ronda. A la ultraderecha no le alcanzó para hacerse con la presidencia, pero eso no quita la realidad de que sigue avanzando, en Francia y en toda Europa.

*La autora es consultora política y socia-directora de la firma hispanomexicana Abella y Valencia.

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