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Evitemos hacer ‘osos’ con las empresas extranjeras

Casos como las plantas de Kia en Nuevo León y la de Toyota en Guanajuato son muestras de cómo las componendas de siempre de los políticos manchan los estímulos que atraerán la inversión.

10-06-2016, 2:10:08 PM
Evitemos hacer ‘osos’ con las empresas extranjeras
Jorge A. Monjarás, director editorial de Alto Nivel

El sector automotriz ha sido por años una de las más importantes generadores de inversión extranjera directa hacia México. Nada más en 2015 atrajo 6,000 millones de dólares, entre armadoras y autopartes; entre 2006 y 2014 suma 23 mil 949 millones de dólares. Es la industria detrás del hecho de que México ocupe el 14º lugar como receptor de estos flujos en el mundo. De no ser por ella estaríamos mucho más abajo en la tabla.

La inversión extranjera del sector, además, tiene la mejor calidad, porque es generadora de empleos nuevos y centro de atracción para muchas más inversiones por parte de las industrias de autopartes, TI, logística y todo lo que va en su cadena de suministro. La inversión es nueva, no viene a comprar lo que ya existe, como en otros casos.

Hasta 2014, según ProMéxico, 800 mil empleos se debían a la industria automotriz y de autopartes. A estas alturas hay que sumar unos 50 mil más.

Los empleos que genera la industria, si bien no son en promedio de sueldos tan altos como quisiéramos, sí están por encima de la media en la mayoría de los estados donde se ubican. Además, promueve la investigación y el empleo de gran número de profesionistas.

En fin, la industria automotriz en México es una de las que mejor ha entendido el potencial económico y competitivo conjunto de la zona Norteamericana frente al resto del mundo. Es, por último, una de nuestras mejores defensas y argumentos contra proteccionistas como Donald Trump.

No vale por ello mancharla con las componendas de siempre de los políticos. Los convenios de estímulos a la inversión, por parte de cualquier industria, son perfectamente válidos y son una buena idea. Son también una realidad en el mundo. En Estados Unidos, las diversas entidades compiten abiertamente por atraer plantas y empleos.

Pero aquí en México se ha torcido este capítulo, ya sea porque el gobierno local en cuestión regala de más, en su afán por ganarle a los otros, o porque aprovecha el viaje para hacer uno o varios negocitos al margen.

Un secretario de Desarrollo Económico estatal llegó a comentar con Alto Nivel que en su opinión otros estados estaban prostituyéndose en cuestión de estímulos. El caso de Nuevo León es una evidencia de que se llegó muy lejos. Todo aquello de lo que se quejó el gobierno entrante resultó real: la administración de Medina se había comprometido a exentar a Kia de ISR y de impuesto de la nómina a la empresa por 20 años y las promesas en construcción de infraestructura eran increíbles.

Puedes leer: Nuevo León a empresas: No negocien con gobiernos corruptos

Una buena negociación del gobierno de El Bronco y su secretario de Desarrollo Económico, Fernando Turner, logró evitar un altísimo costo para Nuevo León, que habría provocado un mal negocio para el estado, por más que la inversión termine siendo buena en el largo plazo. Una oportuna y positiva actitud de Kia Motors terminó por cerrar el círculo de forma afortunada.

Por ahora ya no se habló de algo que se había atisbado en este caso: la posible compra de tierras a amigos del gobernador a buenos precios, para donarlas a la nueva planta.

Pero ahora surgen las acusaciones de que en Guanajuato alguien se benefició por los estímulos a Toyota. La operación es una facha, pero vamos por partes: amigo o no del gober en turno, si el dueño de un terreno se entera de que en su propiedad se planea construir una planta de autos, tiene todo el derecho de vender la tierra al precio que se le pegue la gana. Así debería funcionar el libre mercado.

Lo malo es que en Guanajuato, según la investigación de la asociación civil Mexicanos contra la corrupción y la impunidad, alguien compró las tierras a centavos y las vendió caras al gobierno estatal en un prodigio de información privilegiada y abuso.

Toyota hizo muy bien al deslindarse de esta terrible operación.

Como siempre, los políticos encontrando maneras de hacer negocio. Esta operación debiera castigarse severamente, por lo menos evidenciando a los intermediarios públicamente.

La solución que va a terminar imponiéndose es la transparencia de todos los contratos de estímulo a la inversión extranjera o nacional. Debemos conocer, en detalle, qué se ofrece a las empresas a cambio de establecerse en cada entidad.

Hay quien lo considera delicado por motivos sociales, pero ya no parece admisible esta objeción. Los estados requieren una benchmark muy claro de cuánto pueden ofrecer en estímulos, en competencia abierta y clara, y deben fijar límites legales a lo que pueden dar. Por otra parte, la gente merece hacer un buen negocio con sus tierras de forma directa, sin intermediarios abusivos en medio.

Cada uno de estos casos es un “osazo” frente a las empresas extranjeras. Y luego se preguntan porqué no crece la inversión en México.

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