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Estados Unidos: ese país bananero con el que debemos negociar

Hoy, Estados Unidos da la impresión de ser una república bananera con la que estamos negociando, por las promesas que hace y los pocos resultados que da.

25-04-2017, 1:54:33 PM
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Foto arte Sofía Ugalde

¿Con quién estamos negociando? Hace muchos años, las empresas y gobiernos de los países desarrollados se quejaban constantemente de que llegar a acuerdos con los países en desarrollo era un verdadero problema.

A menudo, la contraparte en el sector público no tenía capacidad alguna de decisión, por lo que lo negociado no tenía valor. Otras veces, sufrían cambios de interlocutor cada sesión, mismos que ignoraban o contradecían todo lo avanzado. A veces todo estaba a punto de cerrarse hasta que llegaba a manos de alguna mano misteriosa que detenía el proyecto para siempre.

En el sector privado sucedían cosas parecidas, por lo que la regla era negociar directamente con el director general o el dueño de la empresa, para evitar pérdida de tiempo. Aun así, sacarle una firma contractual a un empresario en ciertos países era un verdadero imposible. Simplemente, se les informaba que las cosas no se hacían “así”.

Hoy esa es la impresión que da el gobierno estadounidense: el de una república bananera. Repuestos del primer susto por una dura posición contra el TLCAN en la campaña y un primer mes sin más interlocutores que la “familia presidencial”, los negociadores mexicanos se encontraron con una cara mas amable, por lo menos dispuesta a negociar el tratado bajo las formas establecidas, cuando tomó posesión Wilbur Ross como secretario de Comercio.

Así, se anunció un calendario de negociaciones que incluyó pláticas previas y consultas a los sectores privados de ambos países, para comenzar negociaciones por ahí de junio próximo, con el fin de terminarlas para diciembre. En tanto, antes de siquiera comenzar, el gobierno de EU debe informar al Congreso sobre el inicio de negociaciones, cosa que no ha hecho hasta la fecha que esto se escribe.

De esta manera, el mercado tomó cualquier cambio al TLCAN como cosa de 2018 y la fiesta quedó en paz, concediendo un par de meses de estabilidad al peso mexicano en su paridad contra el dólar, que había comenzado a verse afectada en 2015, pero que se precipitó con las noticias del triunfo de Trump en 2016.

Sin embargo, al aproximarse los primeros 100 días de gobierno de Trump, y con ello reactivarse su sentimiento de urgencia para justificar su presidencia de alguna forma, el eterno candidato ha resuelto saltarse nuevamente las trancas en ciertos foros, prometiendo que en dos semanas anunciaría “qué haremos con el TLCAN”, como si ya tuviera una mágica solución al respecto, misma que no podría haber pasado por ningún equipo negociador en Estados Unidos o México.

El mercado de divisas decidió que tal bravata tendría un cierto riesgo, así que el peso dio un salto desde niveles de 18.40 a 18.80 pesos por dólar al mayoreo entre el 21 y 24 de abril. Alguien debiera revisar si esto no se llama currency manipulation (de lo que ya no acusan a China) y si no hay fortunas relacionadas con Trump haciendo dinero en el mercado de divisas, por cierto.

Un par de días después, el presidente de la U.S. Chamber of Commerce Thomas J. Donohue, tuvo que salir discretamente a hablar de una negociación constructiva, lo perjudicial que sería salir del TLCAN o NAFTA y de que habría resultados… ¡para mediados de 2018!

Así que estamos hablando de un país que tiene dos tipos de interlocutor, velocidades de negociación y promesas de resultados. Lo malo es que uno de ellos trabaja de presidente. Igual que en los países bananeros de antaño.

 Nota: perdonarán los puristas el sarcasmo.

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