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Esta es la medicina amarga que salvará a México en 2017

El único instrumento suficientemente poderoso para evitar la desestabilización económica de México es la tasa de interés, que hasta ahora se ha manejado con una cautela exagerada por parte de Banxico.

14-12-2016, 6:35:36 AM
Especial

La economía mexicana ha sido ejemplo de estabilidad y congruencia macroeconómica desde el inicio de este siglo. Desafortunadamente, ha perdido ese atributo de unos meses a la fecha. Las cuentas fiscales y las externas se han desequilibrado más de lo aconsejable, constituyendo el mayor riesgo de inestabilidad económica de los últimos quince años.

En el aspecto fiscal, el problema principal se sintetiza en una deuda pública creciente. El saldo de los pasivos gubernamentales ha aumentado 35% en términos reales durante la administración del presidente Peña Nieto y los ingresos presupuestarios, que constituyen la fuente de pago de dichas obligaciones, lo han hecho en solamente 14%. Ello representa un claro debilitamiento de las finanzas gubernamentales.

Por otra parte, el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos de 2016 estará cerca de los 33,000 millones de dólares. Este monto es más o menos el doble de lo observado en 2012 y enfrenta dificultades para financiarse. Ello genera una presión estructural sobre el tipo de cambio, exacerbada por el triunfo electoral de Trump y la amenaza de una agenda proteccionista de EU.

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El incremento de la deuda gubernamental se ha alimentado por un déficit público creciente, resultado de una caída de los ingresos petroleros y un gasto excesivo.

En varias ocasiones, el gobierno ha tratado de contener el problema, infructuosamente. El intento más reciente es el del PEF 2017, que aspira a disminuir el déficit fiscal a 2.5% del PIB, al mismo tiempo que reconoce que los ingresos presupuestarios se deteriorarán.

En consecuencia, ello requiere una contracción de gasto en las diversas dependencias federales, de 14% en promedio en términos reales. Para varias secretarías de Estado esto significa reducir sus erogaciones destinadas a programas gubernamentales en 25% o más, en un plazo de 12 meses. El propósito es bueno, pero la magnitud del ajuste de gasto no es creíble, por lo que es altamente probable que la deuda pública continúe al alza, al igual que el riesgo país.

El déficit de la cuenta corriente no es demasiado elevado, el problema radica en que sus fuentes de financiamiento se han estrechado. El resultado electoral de EU reducirá los flujos de inversión foránea en activos fijos por la incertidumbre de que se obstaculicen las exportaciones de México a EU.

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A su vez, la incertidumbre cambiaria hace que las empresas no recurran al crédito del exterior. Por consiguiente, al país le faltan divisas para financiar su desbalance con el exterior, que augura un peso débil y volátil. Una moneda débil, amenaza romper la armonía que se requiere entre inflación, salarios y tasas de interés.

Nuestra historia demuestra que cuando esta coherencia se pierde, la actividad económica eventualmente decae, con las consecuencias negativas que eso conlleva.

El único instrumento suficientemente poderoso para evitar la desestabilización es la tasa de interés, que hasta ahora se ha manejado con una cautela exagerada por parte del Banco de México.

Las tasas de interés podrían inducir un círculo financiero virtuoso, en la medida que su nivel atraiga recursos del exterior, en vez de ahuyentarlos, y a partir de ello fortalecer la paridad y eliminar la presión de la inflación.

Es una medicina amarga, pero necesaria. Si no se aplica con oportunidad, firmeza y magnitud necesaria, la volatilidad y la incertidumbre financiera podrían frenar significativamente el desempeño económico de 2017 y de años posteriores.

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