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El turismo, un salvavidas para la economía mexicana

El turismo debe ser visto como una política de Estado, con visión de largo plazo, que genere valor agregado, competitividad y bienestar a la población y que coloque a México como una potencia en la materia.

26-05-2017, 4:49:19 PM
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Fotoarte.

La sacudida en materia económica que nos deja el primer trimestre del año, con una perspectiva de menor crecimiento, políticas monetarias y fiscales más restrictivas, mayor expectativa inflacionaria, además de un escenario de proteccionismo comercial e incertidumbre financiera, no permiten otra salida para el país más que recurrir a sus fortalezas internas y enfrentar este duro entorno. En ese sentido, la apuesta que tiene el país se debe centrar en tres ejes: el turismo, las reformas estructurales y las Zonas Económicas Especiales (ZEE).

Los tres ejes antes mencionados tienen la capacidad de generar un efecto multiplicador en la economía, al atraer inversión, generar empleo para los hogares, incorporar innovación tecnológica, fortalecer el consumo interno, entre otros beneficios, además de reducir la pobreza y extender sus efectos a otros sectores igual de dinámicos e importantes para la economía.

La historia nos ha demostrado que la estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente, para generar crecimiento y riqueza para la población; además de que tampoco existen soluciones mágicas y cortoplacistas. Cuidar los estructurales de la economía debe estar acompañado de acciones paralelas de largo y mediano plazo, bien diseñadas y con objetivos claros, además de ser un esfuerzo conjunto de Gobierno, iniciativa privada y de la población.

México tiene grandes ventajas comparativas y competitivas, además de fortalezas, que lo hacen destacar entre otras economías emergentes, pero que no han sido aprovechadas de manera adecuada, aunque ha llegado el momento de hacerlo. Es necesario emprender acciones de largo plazo que den sustento y consoliden la economía sobre bases sólidas.

En el caso del turismo, esta es una de las actividades de mayor importancia para la economía mexicana: representa el 8.7% del valor total del PIB y es una de las principales fuentes de ingreso para país. El año pasado, los ingresos por turistas internacionales en México aumentaron 11.6%, al sumar 17,262 millones de dólares, de acuerdo con datos del Banco de México (Banxico).

Pero más allá de la importante entrada de dólares que representa esta actividad, el turismo es la imagen mundial de México, así como un importante motor del progreso socioeconómico.

Sus atractivos de sol y playa, su riqueza natural y cultural, entre otros alicientes, tienen la capacidad de atraer inversión, generar empleos directos e indirectos, impulsar a otras industrias, generar cadenas de valor y distribución con las pymes; además, tiene la capacidad de renovarse y modernizarse constantemente, garantiza la participación de nuevos jugadores en la parte tecnológica y financiera, como las Fibras (Fideicomiso de Inversión en Bienes Raíces), y la parte de servicios tecnológicos.

Por ello, el turismo debe ser visto como una política de Estado, con visión de largo plazo, que genere valor agregado, competitividad y bienestar a la población y que coloque a México como una potencia en la materia.

Otra de las apuestas importantes en el país son las ZEE, las cuales persiguen el desarrollo de determinadas regiones a través de estímulos, beneficios fiscales, laborales, además de programas de apoyo y condiciones preferenciales para la inversión y aprovechar las ventajas naturales y lógicas de estas zonas para desarrollar infraestructura, atraer inversión, fortalecer las cadenas de valor locales y mejorar el nivel de empleo y bienestar.

Para las zonas del país con elevados niveles de pobreza, como Michoacán, Guerrero, Veracruz, Oaxaca y Chiapas, ya se tiene contemplada toda una política integral con polos de desarrollo, con fortalecimiento de las cadenas productivas regionales, para contar con mejores empleos, bien pagados; y elevar la competitividad de la región.

El proyecto es ambicioso y representa todo un reto, no solo para la población, también para el sector empresarial, en un momento en que la incertidumbre financiera global restringe las oportunidades de inversión. Los incentivos que se generan en las ZEE son un imán, además de todos los beneficios adjuntos en materia fiscal, laboral y de incentivos que puedan tener para que más empresas se instalen en estas regiones.

Por último, y no menos importante, México debe detonar el potencial de las reformas estructurales para atraer inversión y que lleguen las empresas más competitivas; especialmente, en dos sectores modernos y estratégicos como lo son la energía y las telecomunicaciones, que son sinónimo de vanguardia, desarrollo tecnológico, generación de fuentes de trabajo y productividad.

De acuerdo con los Precriterios de Política Económica de 2018, como resultado de la Reforma energética se estiman inversiones por 41,000 millones de dólares en el marco de la cuarta licitación de la Ronda 1, mientras que por parte de la Reforma en telecomunicaciones se anticipan otros 8,300 millones de dólares en inversiones asociadas al proyecto de la red compartida.

México no puede seguir posponiendo más el desarrollo económico y depender del mercado externo o de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para crecer. El país cuenta con elementos de fortaleza y llegó el momento de hacer un uso óptimo de ellos. La apuesta por estos tres ejes es solo el comienzo.

Pero, como hemos dicho, no hay soluciones mágicas y de corto plazo. La eficiencia productiva de México debe también estar vinculada a una política industrial flexible y holística, la cual fortalezca el valor agregado, la innovación y el desarrollo tecnológico, al mismo tiempo que debe estar vinculada a un mercado administrado que permita un mayor aprovechamiento de los tratados comerciales con los que cuenta el país y neutralizar las distorsiones generadas por los oligopolios, monopolios,  la competencia desleal, tanto nacional como internacional, y la apertura comercial indiscriminada.

La política hacendaria integral también juega un papel clave, fundamental, para complementar acciones efectivas en el fortalecimiento del mercado interno, el combate a la pobreza y el respeto al Estado de derecho, con un combate frontal a la corrupción y la impunidad.

México tiene salidas ante cualquier adversidad, siempre y cuando sepa utilizarlas correctamente. Cuenta con muchas fortalezas para enfrentar la incertidumbre financiera global y dispone de capacidad para renegociar de manera inteligente el TLCAN, pero debe dejar atrás las soluciones de corto plazo y actuar de inmediato.

Los tres ejes del desarrollo son una apuesta segura para México, pero no han de ser considerados un botín político; además, deben estar acompañados de políticas públicas con fundamento en temas de fondo que sustenten nuestra estructura económica y social, que generen beneficios a la población, con un entorno competitivo para las empresas y con más y mejores empleos.

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