Opinión

El peligro de un demagogo en una democracia inacabada

Si queremos formar una democracia sólida no podemos dejar que gobernantes irresponsables se aprovechen de las mínimas condiciones democráticas para imponer de manera unilateral las reglas del juego y conductas autoritarias y regresivas.

18-10-2016, 2:49:20 PM
El peligro de un demagogo en una democracia inacabada
Agustín Llamas Mendoza

Se suele creer que cuando un país tiene un sistema de partidos y procesos electorales medianamente institucionalizados, con procesos de transparencia y rendición de cuentas, así como un porcentaje relativamente aceptable de participación electoral, e igual manera un liderazgo político sólido por parte de su clase gobernante, entonces en ese país existe democracia. Esto es falso.

Una de las características básicas de una democracia, es que exista un estado de derecho, con cero impunidad, que cuente con un sistema de justicia igualitario, y que la cultura social se base en el consenso; además de que existan procesos de rendición de cuentas y transparencia y donde efectivamente el sistema garantice un modelo de pesos y contrapesos en todos los órdenes.

Por supuesto que es muy importante que en una democracia representativa y participativa exista un sistema de partidos sólido y confiable; sin embargo, no es lo único que hace falta para considerarla como tal.

La impunidad generalizada en todos los ámbitos y los espacios de ingobernabilidad que hoy sufrimos, como en los claros ejemplos de Guerrero y Michoacán, nos hace concluir que hoy en día contamos con una democracia bastante defectuosa.

Una democracia que, desde el presidente Enrique Peña Nieto hasta el último de los actores sociales, gozamos de privilegios y prebendas corruptas, así como tráfico de influencias ante la ausencia o las lagunas de la ley, o bien, la compra de la misma.

Cabe recordar que en el índice de Percepción de la Corrupción 2015 de Transparencia Internacional, el país pasó del sitio 103 al 95. Si bien la puntuación no ha sufrido ningún cambio respecto a la obtenida en 2014, debido a que los ciudadanos mantenemos la misma opinión sobre la corrupción en México.

La consolidación democrática implica liderazgo político, gobernabilidad, apertura, transparencia, legalidad y responsabilidad económica, política y social, así como una activa participación ciudadana.

En la construcción de un nuevo régimen para un nuevo país, es fundamental la cooperación de todos y cada uno de los ciudadanos; y por ello, hoy más que nunca se requiere hacer un alto en el camino y reflexionar profundamente en torno al deber de ser ciudadano en este proceso de transición, ya que una democracia que no contempla la libre participación ciudadana y, además, no da resultados positivos, no sirve para nada.

Por eso es demasiado peligroso un candidato o gobernante con criterios demagógicos en un sistema que apenas se encuentra en transición. Es de alto riesgo no apurar, no acelerar nuestro proceso de transición, aunado a no modificar las reglas del juego.

Podríamos decir que nuestro sistema político es, hoy por hoy, una democracia inacabada. Si queremos formar una democracia sólida no podemos dejar que gobernantes irresponsables se aprovechen de las mínimas condiciones democráticas que en la actualidad prevalecen en el sistema para imponer de manera unilateral las reglas del juego y conductas autoritarias y regresivas.

La banalidad, superficialidad y ausencia de criterios sólidos para la construcción de una estrategia nacional de desarrollo, solo promueve el gobierno errático de la clase política de turno. Lo cual no fortalece nuestra democracia y en ese proceso se acrecienta, de una manera importante, el costal de los agravios hacia nuestra sociedad.

El columnista es profesor de Entorno Político y Social del IPADE. Tiene estudios en Ciencia y política y Alta Dirección. Ha sido consultor de organizaciones, gobierno y empresas. Colaborador en revistas y diarios a nivel nacional e internacional.

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