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El padecimiento laboral que ataca a nivel mundial

La fiebre del ludismo, es decir, rechazar los avances tecnológicos, ha contagiado a todo el planeta. Y el enemigo a temer se conoce genéricamente como robot.

10-05-2017, 1:40:11 PM
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Depositphotos.com

No, no es paludismo, lo que también sería muy grave, sino ludismo. Ned Ludd es un personaje de leyenda inglés (no se sabe si realmente existió o no). Ante el surgimiento de las máquinas que sustituían trabajadores en la Revolución Industrial, los exhortó a destruirlas, para así mantener esos empleos. Desde entonces se conoce genéricamente como ludita a una persona que rechaza los avances tecnológicos, sea por la “destrucción” del empleo u otras razones.

La fiebre ludita no está ahora en el Reino Unido, sino que ha contagiado a todo el planeta. Y el enemigo a temer se conoce genéricamente como robot. No tan dañinos, quizá, como aparecen una y otra vez en las varias películas de Terminator (una especie de esqueletos mecánicos que buscan eliminar a la raza humana), pero casi. En años recientes ese genérico, los robots, están poniendo los pelos de punta a muchos, provocando el contagio masivo de ludismo.

¿Puede ocurrir? ¿Una comunidad llena de máquinas haciendo mucho de lo que hoy ocupa a los seres humanos, desde trabajos extremadamente peligrosos hasta rutinarios? ¿Sociedades en que cientos de millones de personas se encontrarán en el siglo XXI, no en un paraíso de ocio futurista, sino en un infierno ludita de desempleo y sin ingresos?

Por supuesto que puede ser. Siempre es difícil hacer pronósticos, y ya no se diga sobre el futuro. Pero lo cierto es que el pasado no apoya el terror que sienten aquellos aquejados por la fiebre ludita. Más bien, se está acelerando un proceso magistralmente analizado por el economista austriaco Joseph Schumpeter (1883-1950): la creación y destrucción de empleo que caracterizan un proceso acelerado de cambio tecnológico.

¿Terminators del empleo?

¿Cuál es el problema? Que cuando se trata de una revolución tecnológica lo único evidente es la destrucción del empleo. La creación queda como algo vago, en el aire, que no puede concretarse porque, y es lo extraordinario, la imaginación simplemente no llega tan lejos. Lo que uno puede tratar precisamente de imaginar cae en el reino de la ciencia ficción, lo mismo que esos terminators del empleo.

Es que realmente parece de ciencia ficción. En ese plano, imaginemos que a una persona de 2017 le regalan una máquina del tiempo, y viaja al año 1992 (dos años antes de que arrancara el primer navegador de internet amigable al público en general).

Sólo se trata de un cuarto de siglo, que no parece mucho. Se pone a conversar con un grupo de personas y les dice que viene del futuro (por ejemplo, que Bill Clinton ganará a George Bush en la elección de noviembre y que será un excelente Presidente, pero que su esposa perderá en 2016 ante ese arrogante dueño de casinos, Donald Trump).

De repente alguien le pregunta, “oye, ¿y en qué trabajas en 2017?”. Muchas respuestas potenciales requerirían una larga explicación de antecedentes para que su auditorio pudiera siquiera entender remotamente de lo que habla:

—Soy diseñador de páginas web.

—Soy un “gamer” profesional en “League of Legends”.

—Desarrollo apps para Apple.

—Soy “youtuber” enfocado en un público de 12 a 15 años.

Por supuesto, la respuesta puede ser más entendible para su incrédulo auditorio, pero de todas maneras requeriría una explicación del avance tecnológico:

—Medio tiempo estoy en una tienda de abarrotes familiar, pero también tengo un Uber que comparto con mi hermano;

—Hago análisis de economía de México para una empresa inglesa, que a su vez los ofrece a clientes por suscripción. ¿Qué si los mando a Londres por fax? No, el fax ya no existe, los mando como archivos adjuntos por correo electrónico.

—Asesoro a inversionistas en temas de alto riesgo como son las criptomonedas. Me especializo en bitcoin.

¿Quién se habría podido siquiera imaginar a inicios de la década de 1990 lo que sería el mundo apenas un cuarto de siglo después? Nadie, y menos en el aspecto laboral. Pero la creación es tan impresionante como la destrucción. ¿Alguna evidencia de ello? La estadística más básica, pero ilustrativa, es la tasa de desempleo.

En los Estados Unidos se situó al mes de abril en 4.4 por ciento, un nivel bajísimo históricamente y que no se registraba desde 2007. Esto es, no hay un aumento en el desempleo que pueda adjudicarse al tremendo avance tecnológico registrado en la última década.

La robótica lleva mucho tiempo revolucionando al mundo. Esa revolución se está acelerando, y como todo cambio radical despierta miedo. Lo que traerá será cambios en materia de empleo, muchos de ellos extraordinarios. El problema es que la imaginación no alcanza, y en su lugar muchos enferman de ludismo.

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