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El origen de las cavas

Existen desde la Edad Media y hoy son sinónimo de buen gusto; un lugar especial para conseguir lo mejor del vino que llevamos a la mesa.

28-07-2010, 5:00:00 PM
El origen de las cavas
Estilo Hoy

Muchos creen que Cava es sólo un vino espumoso elaborado en Cataluña, España. Pero cuando se habla de “Cavas” se hace referencia a las bodegas o cuartos bajo tierra en donde el vino se cría y se conserva.

Las cavas o bodegas están a unos 20 metros de profundidad para no registrar fuertes cambios de temperatura. Deben tener piso de tierra o grava para así generar más humedad. Además, la ventilación no debe ser excesiva; sólo se debe renovar adecuadamente el aire que circula.


La temperatura ideal que debe haber en la cava es alrededor de los 11º y 18º C, para que los vinos se almacenen y envejezcan de forma optima. Las botellas en tanto, se guardan de forma horizontal y casi siempre en unos bloques que contienen celdillas individuales.

Pero la cava no sólo debe ubicarse en los patios. Hay algunas orientadas más a la decoración que a la producción vinícola y que pueden ubicarse incluso bajo el living. Sólo es necesario contar con un adecuado stock de vinos y almacenarlos en una habitación que cumpla con los requerimientos antes mencionados.

El origen histórico
La utilización de cavas no es asunto de modernas y recientes tecnologías. Fueron los griegos, hace muchísimos años, que descubrieron que el vino se conservaba en mejor estado si los recipientes que lo contienen son almacenados en lugares frescos, húmedos, sin contacto directo de la luz y de preferencia bajo tierra.
 
¿Qué hicieron? Diseñaron el ánfora, un recipiente de cerámica para contener y proteger el mosto. La ventaja del ánfora era que podía ser sellada con alguna sustancia como resina o goma, que permitía mantener en mejores condiciones el vino.

Los romanos, luego, diseñaron un espacio mixto en dónde servir el vino y guardarlo en depósitos; destinaban la parte superior de las casas de los ricos una habitación para guardar el vino.

Tiempo después, en la Edad Media, aparecieron las cavas tal como las conocemos hoy. De hecho la palabra “cava” viene del latín y significada nada más ni nada menos que cueva.


Las primeras cavas fueron hechas en los sótanos de los conventos y monasterios y con los años la costumbre se ha extendido a los particulares, especialmente por el interés de la burguesía que buscaba tener su propia dotación de vinos de buena calidad.

Así, las cavas llegaron a toda Europa como una práctica de “buen gusto”, propia de aristócratas y burgueses.

Hoy, son sinónimo de refinamiento y de cultura vinícola. El lugar sagrado para conseguir el mejor sabor y aroma de la botella que llevamos a nuestra mesa.

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