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El Juggernaut: La ventaja de ser cínico

Ser cínico es una buena idea hoy en día, así que considéralo ahora mismo como una opción. Si no sirve, al menos te quitará lo aburrido.

18-04-2016, 2:19:23 PM
El Juggernaut: La ventaja de ser cínico
Alejandro Llantada

Atendiendo tus tareas cotidianas, escuchas un estruendo… y luego otro en seguida… continúas escuchando ese golpe brutal que cimbra el edificio donde estás. Las ventanas tiemblan mientras se acerca “algo” que atraviesa paredes, atento escuchas el sonido seco con efecto Doppler aproximarse a ti. Cada dos segundos se escucha más y más cerca, hasta que todo sale volando… quedas envuelto en una nube de yeso, pedazos de ladrillo y polvo asfixiante. Después de unos momentos de espanto, te incorporas para huir y te percatas de un boquete en dos paredes, te asomas y todo el edificio parece atravesado como por un misil: es el Juggernaut.

 

 Rostro del señor Jagannatha (el Juggernaut). Fuente: Creative Commons

Juggernaut es una palabra utilizada en inglés que procede del sánscrito Jagannatha, una forma en que el dios Krishna es representado en un carro imparable. En Orissa decenas de personas empujan el carruaje que lo lleva y este pasa por encima de cualquier cosa que esté enfrente, algunas personas se arrojan a sus ruedas para ser purificados y este debe seguir su curso siempre. Los ingleses, al ver esto, asociaron la palabra a su vocabulario como una fuerza destructiva e imparable.

El carro del Juggernaut aplastando todo.  Fuente: Traditioninaction.org

De ahí nace también el Juggernaut de Marvel, un villano creado por Stan Lee que también está representado por los cínicos de hoy en día. 

 

Juggernaut, Marvel Comics. Fuente: marvel.com

Ver video: https://goo.gl/17jsw2

El cínico de los griegos, era aquel que se decía era “como un perro” (kynikos). Si bien la filosofía del cinismo fue variando en el tiempo, su representante más famoso es el filósofo Diógenes, y el héroe que los representa es el mismísimo Hércules; epítome del cínico por excelencia: imparable, sincero, fortísimo y apto. Hércules rompe y atraviesa los muros de la hipocresía y las buenas costumbres para cumplir siempre con su misión.

Farnese Hercules. Fuente: Britannica

El cínico es un Juggernaut que cree que debe evidenciar los errores de la gente de forma sarcástica y punzante; escavará y sacará a luz toda cosa criticable, aunque para ello tenga que pasar por encima de las convenciones.

Por supuesto que el cinismo y sus múltiples variantes puede incluir a aquellas personas que hacen alarde de sus propios defectos, ufanándose de los mismos. Como aquel casado que presume a los cuatro vientos que tiene varias amantes o el ladrón que se enorgullece de serlo. Puede pasar que alguien sea un imbécil moral y parecer cínico, pero no es el tipo de fenómeno que nos interesa estudiar. 

Fenomenología del cinismo o “la neta del planeta”

Los cínicos están de moda nuevamente… la gente se muestra conmocionada y emocionada (a veces en secreto, a veces externando euforia) por la “sinceridad” de estos personajes.

Piensa, querido lector, que esta estrategia de imagen puede reportarte cuantiosas ganancias, éxito y seguidores. Si quieres ser un buen Juggernaut, sólo tienes que seguir las cuatro recomendaciones de Aristóteles para serlo: 

1. Sé indiferente en tu forma de vivir

A un cínico, según Aristóteles, no le importa como lo juzgan los demás, son como se diría en inglés: unapologetical. Tiene una actitud de no disculparse con nadie por su comportamiento ni por lo que dice. Esto, contrario a lo que se piensa comúnmente, es algo sumamente atractivo… es sexy. Expertos en el arte de la seducción como Kezia Noble hacen hincapié en que es mucho más atractivo para el sexo opuesto el que tengas una opinión propia, por contraria que parezca, que buscar pequeñas cosas en común y desgastar una conversación. Si eso lo magnificamos, podremos entender el efecto Trump en Estados Unidos. No importa que no vaya a ganar, es innegable la sorpresa y risas internas que causa al volverse el escape de la opinión escondida de millones de americanos. Puede manifestarse como sexista, racista, egótico, pero siempre desenfadado e indiferente de lo que piensen de él. Un megaseductor cínico; sin disculparse, su defensa siempre es “dije lo que dije”. Todo aquello que pareciera políticamente incorrecto, en realidad causa furor en un público que se frota la cara en incredulidad y gusto porque alguien al fin dice lo que muchos piensan. No importa si gana las elecciones o no, él ya ganó millones y un capital de seguidores sin precedente gracias a que es “como un perro”.

2. No tengas vergüenza

Según Aristóteles, el perro es un ser que no tiene pena, hace sus necesidades donde sea, come donde sea, tiene sexo en donde sea… El cínico considera que eso es una virtud que se encuentra arriba de la modestia. Si vemos los antihéroes modernos en películas como Deadpool encontraremos bastante material que demuestra lo rentable de ser descarado, pero lo curioso no es sólo el personaje, sino el cinismo de los que lo llevan a la pantalla. Simon Kinberg, productor de la película no tuvo vergüenza en presentar una historia fragmentada en todo sentido, a pesar de las recomendaciones del estudio de realizar una historia lineal. Presentó a un héroe con menos escrúpulos que cualquier otro visto en pantalla. Traspasó con más fidelidad de la acostumbrada un personaje que en comics es altisonante en su expresión, desbordante de humor negro y lleno de un sórdido patetismo… entiéndase que en los comics impresos hasta la pornografía se permite, pero es un auténtico atrevimiento llevar la personalidad de un personaje como Deadpool a la pantalla grande y clasificarla como R (arriba de 17 años) sabiendo que millones de niños la verán de cualquier manera.

3. Sé un buen guardián

“Como un perro”, insistía Aristóteles, el cínico es guardián de las “doctrinas” de su filosofía. Así debes hacerlo tú. La sobriedad y buenas maneras (aparentes a cuadro) de un Javier Alatorre o un Joaquín López-Dóriga se ven opacadas por la presunción en la falta de todo ello, por un personaje que se hace llamar Chumel. Un satírico “youtuber” de la noticia con influencias de John Stewart y Adal Ramones, que muestra una realidad triste pero irónica de las noticias de México y el mundo. Es como un Brozo supercargado (car-ga-do) diciendo groserías en vez de albures. Sin pena alguna, puede decir Ver_acruz (en el espacio poner una letra “g”) en vez de Veracruz e insultar a cualquiera que dentro de su entendimiento lo merezca; casi siempre pareciendo justo y paladín de la verdad. Al estar envestido con la armadura de su simpatía, puede usar música e imágenes famosas sin importarle los derechos de autor, y criticar a capitalinos con acento “naco” causando risa por su sinceridad. Lo ven cientos de miles de personas y cada vez adquiere más fuerza su negocio. Es recomendable verlo para entender este fenómeno fundamentando en el hartazgo e inconformidad de la gente. Chumel es un revolucionario francés guardián de lo justo; un Marat cuya guillotina sedienta corta la cabeza de todo aquel que esté en contra de la república, tal vez por ello se llama su programa “El pulso de la república” (vale la pena recordarle a nuestro guardián cómo acabó Marat, con todo y su lista de los siguientes a ser guillotinados).

La muerte de Marat por Jacques-Louis David. Fuente: britannica.com

4. Discrimina los que te quieren de los que no te quieren

Di lo que sea que quieras decir (literalmente lo que sea) pero con la gracia suficiente para que se rían los que opinan igual que tú. Si te vas a burlar de las mujeres como Trump, que sea de Rosie O’donnell por ser “un cerdo gordo y un animal repugnante”.

 

Foto: Rosie O´donnel. Fuente: people.com

Tal vez quieras decirle a López Obrador que es tu “viejito querido” y besar su máscara apasionadamente con “Flash” de fondo como testigo.

Fuente: elpulsodelarepublica.com

O tal vez tus pretensiones son más humildes y quieres ser simplemente un maestro de defensa personal que busca sobresalir en redes sociales. En ese caso puedes ser meramente despectivo y decir que el Aikido no sirve, que es el fraude más grande de toda la historia de las artes marciales, lo debes decir con groserías y con cierta agresividad para que sea más creíble. Es importante contrastar lo que tú enseñas con el Aikido y decir que tu enseñanza es para defenderte en la calle y que lo otro son únicamente bailes de salón. Reta a todas las asociaciones de profesionales del país y apúntalos con el dedo y di: “lo que les interesa es ganar millones de dólares por el engaño”.

Es importante que en todo caso tengas un enemigo y que tú seas el héroe ante un antagonista más grande.

¿Por qué funciona bien el cinismo hoy en día?

Hasta hace poco, vivíamos en una “época victoriana” de medios de comunicación. En Inglaterra esa época se caracterizó por las “buenas costumbres” y un recato aparente en todo sentido. Los vestidos eran largos, los manteles de las mesas también (para no provocar la idea de ver las piernas de las mujeres) y el ambiente era puritano. Las represiones eran muy duras en todo ámbito, inclusive el famoso Bloody Sunday (como la canción de U2) sucedió en esta época cuando miles de personas se manifestaron y policías y soldados los masacraron (cualquier parecido con Tlatelolco es mera coincidencia). Si bien se vivía una época de auge económico, la explotación de niños, el sometimiento de la mujer, la intolerancia a homosexuales (como a Oscar Wilde) eran asuntos propios de un gobierno donde el luto de su reina era eterno (por eso se puso de moda el negro) y la doble moral reinaba a la par de Victoria: hubo un incremento en la prostitución, orgías, acuerdos inmorales y perversiones a puerta cerrada (tal como en los medios de comunicación tradicionales hasta antes de las redes sociales). En nuestra época victoriana de medios, después de que cientos de jóvenes morían en 1968, Jacobo Zabludovsky (con Pedro Ferrís), no tenía más remedio que decir, de una forma políticamente correcta en las noticias del día siguiente, su famosa frase: “Ayer fue un día soleado”. Esto no sucedía únicamente en México, era lo normal en el mundo.

Claro… llegan las redes sociales, y ahora es la época edwardiana (la Belle Époque en Francia); la tecnología y la fe en la ciencia son las que reinan, en el Moulin Rouge (Youtube) se enseñan los calzones con libertad, la mujer tiene sufragio, y hasta Freud se anima a hablar abiertamente del sexo y su importancia en el ser humano. Google y Apple crean autos autónomos, y la realidad virtual se hace asequible con Samsung. Einstein crea sus teorías científicas, Chumel se burla de que creen que es gay, Trump busca que lo odien-amen, mientras H.G. Wells viaja en el tiempo y ve caer extraterrestres que nos quieren conquistar. Esta época es la liberación inocente de la represión victoriana, la liberación del deseo. Ahora todos tienen derecho a opinar. Todos podemos ponernos grandes audífonos y crear nuestro propio “24 horas” o al menos insultar al presidente en algún medio de comunicación masivo como Facebook o Twitter, creyendo que nos escucha o que le importa.

Ser Juggernaut, es una buena idea hoy en día, pero no sabemos cuánto dure este trance social, así que considéralo ahora mismo como una opción. Si no sirve, al menos te quitará lo aburrido.

Si aún te queda duda de cómo hacerlo… a veces se entiende mejor el arte que la razón pura: Escucha La Traviata (el melodrama de una prostituta enamorada) o la tierna canción que pongo abajo. Después, ponte tu casco de antihéroe y rompe esas aburridas paredes de la oficina mientras aún se puedan atravesar, es momento de comprender esta Belle Époque en los negocios: ¡adiós represión! Es tiempo de aceptar que todos estamos fingiendo, y empezar a fingir abiertamente… Disfruta mientras puedas, ya vendrá una Guerra Mundial para acallarnos.

MGMT. Time to pretend

I’m feeling rough, I’m feeling raw, I’m in the prime of my life.

Let’s make some music, make some money, find some models for wives.

I’ll move to Paris, shoot some heroin, and fuck with the stars.

You man the island and the cocaine and the elegant cars. 

This is our decision, to live fast and die young.

We’ve got the vision, now let’s have some fun.

Yeah, it’s overwhelming, but what else can we do.

Get jobs in offices, and wake up for the morning commute.

Forget about our mothers and our friends

We’re fated to pretend

To pretend

We’re fated to pretend

To pretend

Alejandro Llantada es asociado de The Persuasion Institute, conferencista, consultor en mercadotecnia y persuasión. Autor de ‘El Libro Negro de la Persuasión’. Catedrático del Colegio de Imagen Pública. Facebook: AlexLlantadaMx y LinkedIn: AlejandroLlantada

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