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El inevitable desastre de la reunión entre Peña y Trump

¿En qué estaba pensado Peña Nieto cuando invitó al candidato republicano? Difícilmente hay una explicación para este desastre. La jugada no parece haber resultado, ni para influir en la elección estadounidense, ni para mejorar la imagen interna del presidente de México.

El inevitable desastre de la reunión entre Peña y Trump
Opinión
Alto Nivel 01-09-2016

Jorge A. Monjarás, director editorial de Alto Nivel

Es difícil buscar diversos ángulos de la historia cuando se trata de la reunión de Enrique Peña con Donald Trump. ¿Lo hizo Peña pensando que podría moderar a la bestia? ¿Se vio obligado? ¿Fue, como argumentan algunos, un golpe a Obama por el distanciamiento bilateral? ¿A quién se debe esta decisión? ¿Fue una prioridad de Estado, que no siempre es popular? ¿Fue una jugada para atraer a Hillary al redil? Difícilmente hay una explicación para este desastre. La jugada no parece haber resultado, ni para influir en la elección estadounidense, ni para mejorar la imagen interna del presidente de México. ¿Para qué? De verdad, ¿para qué?

Trump, como esperábamos, como temíamos, habló del muro en Los Pinos, pero además recuperó su discurso completo en Arizona: México pagará, solo que aún no lo sabe. En el peor giro de la historia dio a entender que Peña Nieto está de acuerdo. Que pagará, solo que su pueblo aún no lo sabe. Invocó a Santa Ana, maldita sea.

Peña tuvo que salir en la noche, con Denise Maerker, a endurecer su propio discurso. Aseguró que México no pagará el muro; hasta enojado se mostró. Sin embargo, queda la idea de que no lo hizo donde debía, enfrente de Trump. Quizá en términos de diplomacia bilateral un gritoneo entre ambos personajes en una conferencia de prensa hubiera sido también un desastre si precedentes. Pero terminó siendo una concesión del presidente a Trump. Lo trumpearon.

Ya cómodo, en Arizona, Trump dijo que seguirá adelante con una de las posibles peores tragedias humanitarias en la historia. La deportación de cinco millones de estadounidenses por nacimiento a México. Como en Siria, como en Bosnia, como en Camboya, como en Armenia. Individuos arrancados de su vida cotidiana para enfrentar la nada, una tierra que no entienden, que no puede recibirlos eficazmente. Dice el Instituto Mexicano de la competitividad, dice Manuel Molano, que esto a la larga beneficiaría al PIB mexicano. ¡Ojalá! Pero ¿cuántas tragedias personales costaría? ¡Es para temblar!

El desastre se describe hoy en toda la prensa mundial. No lo concluye este autor, ni un montón de críticos en México. Lo dicen en todo el mundo: ¿en qué estaba pensando Peña? Trump es un gran peligro para México. Sus ideas son veneno puro. Es preciso que pierda y desaparezca de la historia como la peste negra. Peña Nieto tiene que rezar porque Hillary se reúna con él, aprovechando una fecha tan sugerente como el 15 de septiembre. De lo contrario, estaría en peligro de marcar el fin de su presidencia efectiva, no porque lo corran de su puesto, simplemente dejará de ser capaz de actuar en los varios conflictos internos. Será un presidente de adorno, nadando de muertito de aquí a 2018.

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