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El hombre que caza los temblores de la Ciudad de México

El terremoto de 1985 no sólo cimbró las calles de la capital del país, sino también la mente de Juan Manuel Espinoza, encargado del sistema de alerta sísmica. Aquí te contamos su historia.

20-06-2016, 6:22:54 AM
José Roberto Arteaga

Fotografía y video: Arturo Luna.

La Ciudad de México no sería la misma después de la herida que se abrió esa mañana. Era el jueves 19 de septiembre de 1985. Las manecillas del reloj marcaron las 7:19 hrs y fue el momento cuando el tiempo se detuvo para los capitalinos, mientras apenas despuntaba el sol. Un terremoto sumió a la urbe en los escombros y dejó a su paso 5,000 muertos, casi 50,000 heridos y más de 770 edificios colapsados.

El movimiento telúrico no sólo cimbró las calles, sino también la mente de un grupo de científicos e ingenieros mexicanos y, sobre todo, la curiosidad de un hombre que sabe que es imposible prever un sismo, pero que está dispuesto a alertar a los mexicanos con decenas segundos de anticipación para evitar una nueva tragedia. Su nombre es Juan Manuel Espinosa, director del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES).

Para Juan Manuel, durante día y noche, la alerta sísmica se ha convertido en una obsesión de 30 años. Su mirada se desliza sobre una pantalla que tiene trazado el mapa de la República Mexicana, el cual monitorea las estaciones de registro sísmico alrededor de la Costa de Guerrero, mientras revela un temor constante en sus conversaciones: “Estamos esperando que suceda el gran terremoto”.

El hombre detrás de la alerta

El 28 de julio de 1957, un sismo de magnitud 7.8, con epicentro 60 kilómetros al sureste de Acapulco, Guerrero, cimbro a la Ciudad de México. Aquél movimiento derribó al Ángel de la Independencia, el cual permanecía intocado desde que Porfirio Díaz lo inauguró en 1910. La historia guarda este episodio como el Sismo del Ángel.

Juan Manuel recorrió a sus nueve años de edad los escombros de las casas aledañas a las instalaciones de la que fuera la Universidad Iberoamericana, al sur de la capital del país. Su memoria grabó para siempre aquél capítulo de la historia como si fuera una imagen fotográfica tomada por su padre, quien era aficionado a las cámaras. 

A partir de ese momento, Espinosa le dijo adiós a su idea de ser piloto de avión como quería su padre, quien fue instructor de vuelo y quien sembró la curiosidad por el cielo en todos sus hijos.

Dentro de su carrera en la UNAM, la medición de los sismos fue convirtiéndose en una obsesión que no cedió para Juan Manuel Espinosa. La tesis del ingeniero se enfocó en profundizar en estudios de telemetría, tecnología que permite la medición remota de magnitudes físicas.

Durante 10 años, el recién graduado de ingeniería se incorporó como becario e investigador al frente de un laboratorio de telemetría, y después se incorporó a la elaboración de proyectos para la seguridad de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Fue hasta el 19 de septiembre de 1985 que el ingeniero volvió a recordar el sentido de sus estudios y la misión que tenía en el tema de los temblores.

La tristeza de la experiencia del llamado ‘Temblor del Ángel’ y el terremoto en la Ciudad de México lo llevaron a ir más allá y acompañar a un grupo de expertos en la puesta en marcha de un sistema que es admirado a nivel mundial, cuenta con la mirada fija en su tesis de licenciatura, que describe en forma teórica el principio de la alerta sísmica que conocemos hoy.

La misión cumplida

La alerta sísmica nacida en México es pionera a nivel mundial en su materia, dice Juan Manuel Espinosa, quien es considerado una de las mentes más brillantes del mundo por Universal Thinking Forum.

Países como Estados Unidos se encuentran en el análisis y desarrollo de una alerta sísmica similar, por lo que el ingeniero ha sido invitado en diversas ocasiones para comentar la experiencia de México.

En la actualidad, el sistema de alertas opera con el patrocinio de la Ciudad de México desde 1989, y se conforma a nivel nacional por casi 100 sensores instalados en el país, los cuales emiten las señales de movimientos sísmicos en las zonas en donde se encuentran instalados. 

El CIRES, que cumple 30 años de haberse conformado este mes de junio, ha instalado sensores en Guerrero, Oaxaca, Jalisco, Colima, Michoacán y Puebla, y en un futuro podría estar en Chiapas y el Istmo de Tehuantepec.

El ingeniero graduado de la UNAM espera que el sistema pueda tener alcance nacional y se aproveche para alertar sobre los efectos de otros fenómenos naturales, como es el caso erupciones o inundaciones. Toda la información sería enviada en tiempo real desde equipos móviles o pantallas propiedad de los gobiernos. 

El Cires espera que lleguen nuevos patrocinios, como los que provienen de la Secretaría de Gobernación (Segob) y lograr que la alerta sísmica evolucione para brindar mayores mecanismos de seguridad a la ciudadanía. 

Un sonido resuena en las entrañas del bolsillo del saco que usa el ingeniero y sabe que aquél llamado que cobra vida cada tres horas reporta que el sistema de sensores funciona de forma correcta  e indica también que ha llegado la hora de concluir la conversación: este hombre no descansa porque la hora del sismo que espera puede llegar en cualquier momento. 

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