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El angustioso triunfo de Clinton… y el peso mexicano

Hillary Clinton parpadeó nerviosamente al principio del debate y llegó a parecer muy cansada, sin embargo, quedó demostrado que los mercados la dieron por ganadora.

27-09-2016, 9:24:47 AM
El angustioso triunfo de Clinton… y el peso mexicano
Jorge Arturo Monjarás

Hubo un momento en que Donald Trump parecía estar llevándose el show. Fue durante la primera parte del debate, cuando se extendió largamente sobre la pérdida de empleos en Estados Unidos y de su “bellísimo” plan para atraer inversiones a su país.

El candidato republicano le regaló su primer frase a México, con todo y su primer argumento en el debate: el conocido asunto sobre cómo miles y miles de empleos se están mudando a México, y sobre cómo piensa detenerlos. ¿Por qué artes?, algún día tendremos una mejor explicación, pero nuestro país está en el centro de la campaña de Trump y no va a salir de ahí.

Durante esos primeros momentos Hillary batalló para articular su mensaje central: apoyo a las clases medias y más impuestos a los ricos, algo que quiso englobar en una frase “invertir en ti”. Frecuentemente interrumpida, la candidata tuvo que aguantar con una sonrisa artificial, mientras Trump se extendía en acusaciones, pese a los tibios esfuerzos de un moderador que no pudo nunca tomar el control de la discusión.

Muy cerebral, articulando con cuidado las palabras, lentamente, Hillary trató de construir ideas complejas frente a los agresivos monosílabos de su oponente. No pareció dar resultado, cuando Trump la acusó de apoyar el Nafta, al que llamó “el peor tratado de la historia”, aunque luego dijo lo mismo de otro.

Disciplinada, la demócrata incluso se quedó callada, escuchando los improperios de su oponente. Detrás de su sonrisa artificial, parecía verse el andamiaje de todos sus asesores y fact-checkers, trabajando a marchas forzadas, como para mandarle telepáticamente mensajes de respuesta. No podía al principio Hillary, vaciló en el tema de los tratados y lo pagó. No pudo darse el lujo de ir en favor del Nafta, ni del TPP, dijo algunas vaguedades y se quedó callada.

Trump avanzó como un tiburón, si bien su “maravillosa” propuesta de recortar impuestos a los ricos fue fácilmente desarmada por Clinton, quien señaló que eso ya se había tratado, y que no funcionaba. En eso, el millonario concedió uno de los grandes tropiezos del debate, al hablar de cómo los ricos tenían que sacar su dinero de Estados Unidos porque los impuestos eran muy altos. Eso abrió paso al tema de su negativa a revelar su declaración de impuestos. Hillary asestó entonces uno de los golpes más duros: “quizá no es tan rico, o tan caritativo, o debe mucho a Wall Street, o tal vez no ha pagado impuestos”. La carnada había sido tirada y Trump mordió: dijo que no pagar impuestos habría sido algo inteligente.

Lee: Las frases clave del debate entre Hillary y Trump

Ya encanchada, la demócrata atacó: acusó a su oponente de no haberle pagado a mucha gente en sus negocios, una acusación que Trump, increíblemente, no negó.

Pero el acabose vendría cuando se cambió al tema de la seguridad interna y los crímenes raciales de la policía. La intervención del candidato republicano se apreció francamente sosa, un slogan vacío sobre la Ley y el Orden, mientras que su oponente se extendió sobre la necesidad de reentrenar a la policía, buscar una solución comunitaria, controlar las armas y, francamente, de eliminar el racismo del sistema judicial. También de forma increíble, Trump volvió nuevamente a su planteamiento sobre los inmigrantes: ellos serían los responsables de los asesinatos.

Mucho más dueña de la situación, la candidata vapuleó a Trump sobre su terquedad en demostrar que Obama no era estadounidense con una frase demoledora: manejó por años la gran mentira racista.

Las cosas parecían nivelarse al hablar de la guerra de Irak y de ISIS, cuando Trump acusó a la exsecretaria de Estado de crear al grupo terrorista con el retiro de ese país y de negociar, por supuesto, otro de los peores tratados en la historia: la negociación con Irán. Sin embargo, cualquier terreno ganado tuvo un triste final cuando, sin que nadie se lo pidiera, dijo que el tema de la proliferación nuclear sí era importante… ¡no como el calentamiento global!

Luego, el republicano le permitió otro momento de gloria a su contrincante, cuando formuló su teoría sobre cómo la OTAN y Japón deberían pagar más dinero, con una frase de humor involuntario: “No podemos seguir siendo el policía del mundo… si no nos pagan”. A ello, Clinton prefirió dirigirse a la cámara y asegurar al mundo que “EEUU tiene palabra”.

El final del debate mostró a un Trump obsesionado con interrumpir o contradecir al moderador, pero ya sin ideas estructuradas. En cambio, Clinton pudo mostrarse más dueña de la situación, a pesar de que nunca pareció hablar con gran agilidad.

Al final, las encuestas demostraban que más de 70% le concedió el triunfo a la candidata demócrata, pero los mercados habían comenzado a votar antes: la paridad peso/dólar pasó del histórico 19.90 a 19.50 en una hora y las bolsas y futuros de Asia se recuperaron fuertemente.

No se vio del todo relajada. De hecho, Hillary Clinton parpadeaba nerviosamente al principio del debate, llegó a parecer muy cansada. Sin embargo, quedó demostrado que los mercados la dieron por ganadora, y que esto lo relacionan con el peso mexicano. Si a Hillary le va bien, a México también, al parecer.

El debate parece habernos dado un respiro a todos, porque el mensaje de Trump no dejó lugar a dudas: no piensa ceder, ni moderarse, en echarle la culpa de todo a los extranjeros, en especial a cierto país tricolor.

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