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El COVID-19 provoca la aparición de una “economía de guerra”

19-03-2020, 6:43:01 AM Por:
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En marzo de 2020 no hay guerra, pero el coronavirus ha provocado que los gobiernos de las potencias industrializadas actúen como si hubiera un gran conflicto bélico global.

A medida que el coronavirus se expande por el mundo y provoca diversos estragos que tienen que ver con la paralización de la actividad económica, las grandes casas de análisis van dimensionando la magnitud de lo que viene, y que en parte explicaría lo que ha sucedido con los mercados e indicadores financieros en todo el mundo.

Sin amarillismos de ningún tipo, esto podría ser algo muy parecido a la economía de guerra, pero no hay una guerra de por medio.

En estas dos o tres semanas recientes, una de las frases más escuchadas entre quienes hacen análisis y seguimiento a la economía mundial, es esta: “podríamos estar frente a algo que nunca hemos visto”: es cierto, una economía de guerra es algo que la inmensa mayoría de la población mundial no ha vivido, aunque todavía quedan generaciones (70 años para arriba), que sí lo vivieron, paradójicamente, esas generaciones son las más sensibles a tener complicaciones por el coronavirus.

Aunque no hay cifras oficiales todavía y tardarán en presentarse, sí existen ya proyecciones sobre algunos de los efectos más importantes en los próximos meses de esta crisis del coronavirus.

Economía coronavirus
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Por ejemplo, Moody’s Investor Services ha proyectado que esta crisis puede costar la destrucción de hasta 80 millones de puestos de trabajo, mientras que el banco alemán Deutsche Bank estima que podría haber una caída en el PIB europeo de hasta 13 por ciento durante el segundo trimestre de este año, que será quizás el de mayor impacto, aunque los efectos se mantendrán por el resto del año.

Sólo en España las centrales obreras más importantes calculan que existe el riesgo de quiebra para 2.8 millones de empresas de todos tamaños, con la pérdida de alrededor de 10 millones de empleos.

Si estas proyecciones le parecen exageradas, podemos señalar las que hacen ya organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más moderadas pero que no dejan de ser significativas, esta crisis tendrá costos muy elevados por donde se le vea.

De acuerdo con la OIT, la crisis desatada por el coronavirus pone en riesgo hasta 25 millones de puestos de trabajo alrededor del planeta; esta pérdida de empleo superaría a la que se provocó con el colapso del sector hipotecario estadounidense entre 2008 y 2009, cuando se destruyeron alrededor de 22 millones de puestos laborales, según la propia OIT. Estos desempleados se sumarán a las más de 188 millones de personas que en el mundo no tenían trabajo hasta antes de esta crisis.

La OIT remata al estimar un costo de entre 729 mil millones y hasta 3.1 billones de euros por la crisis, con efectos negativos en las actividades de consumo a nivel global, y desde luego a las cadenas productivas.

Una consecuencia inmediata será el incremento del empleo precario, pues de algo necesitan emplearse las personas para obtener ingresos, pero es probable que la pobreza laboral aumente de forma significativa. La OIT estima que el número de trabajadores pobres aumentará este año entre 8.8 y 35 millones de personas, frente a la estimación inicial de un descenso de 14 millones que se esperaba para 2020.

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Tasas negativas se descartan, por ahora

Apenas el domingo el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, descartó un escenario de tasas reales y nominales negativas, dijo que no era algo que se discutiera en el organismo en esos momentos. Pero el domingo anterior parece ya un día muy lejano a la vista de los sucesos de esta semana en el frente financiero, sobre todo luego del violento golpe que propinaron los mercados el lunes inmediato al anuncio de que la Fed recortaba su tasa al cero absoluto.

Lee: ¿Qué es lo que más temen los inversionistas de la próxima recesión?

Aunque en efecto no es una idea generalizada, también los analistas ya juegan con la expectativa de un mundo con tasas reales y nominales negativas, sobre todo si llega a fracasar la estrategia de economía de guerra implementada por los propios bancos centrales.

Mayor gasto, estímulos fiscales y aumento del déficit, clásicos de periodos bélicos

En un escenario de guerra se restringe tanto la oferta como la demanda, se provoca el famoso doble shock en las cadenas de suministro (oferta y demanda) y las economías entran en peligro de colapso si no se les apoya.

Coronavirus dolar
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En marzo de 2020 no hay guerra, pero el coronavirus ha provocado que los gobiernos de las potencias industrializadas actúen como si hubiera un gran conflicto bélico global. Por ejemplo, el Reino Unido puso a disposición de su economía un total de 420 mil millones de dólares en préstamos y gasto federal; por su parte, Francia, Alemania y España diseñaron un mecanismo de estímulos combinados por un total de 1 billón de euros para que una vez regrese la normalidad, la economía de esas naciones no caiga en una profunda recesión; mientras que en Estados Unidos a los 700 mil millones de dólares que se anunció la semana pasada por el gobierno, podrían añadirse montos adicionales que lleguen o rebasen la cifra de 1 billón (un millón de millones) de dólares, aunque se calcula que el “poder fiscal” de la mayor economía del planeta podría ser de hasta 7 billones de dólares si Estados Unidos eleva el déficit presupuestario al 30 por ciento de su PIB, cifra que se descarta sea necesario aplicar en este momento, aunque todo podría suceder.

Estas cifras, que ya están sobre la mesa de inmediato y que seguirán vigentes tan pronto pase la emergencia, junto con el aumento del déficit presupuestario de varias de las naciones más industrializadas del planeta y los constantes estímulos fiscales, que serán casi permanentes al menos durante 2020 y quizás también para 2021, no dejan lugar a dudas: estamos frente a una economía de guerra.

Tienen razón las casas de análisis y todo tipo de analistas, estamos frente a lo desconocido, algo que una gran parte de la población mundial actual no ha visto, y algo que las generaciones de 70 años y mayores pensaron que nunca más iban a ver.

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