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¿Debe ser Margarita Zavala la candidata del PAN a la presidencia?

El PAN está obligado a tomar una pronta decisión en torno a su candidato, so pena de sufrir un revés como el del Estado de México o no de canalizar las alianzas necesarias.

16-06-2017, 9:01:59 AM
margarita zavala

Entre los muchos comentarios que desataron las pasadas elecciones en el Estado de México, me voy a dedicar en esta ocasión a quienes se sintieron no representados por las fuerzas políticas que tomaron la delantera. Son los mexiquenses que, ante la opción de votar por el PRI o por Morena, realmente pasaron un problema para elegir. El famoso “vota por el menos malo” no les fue suficiente pero, debido a años de imperancia del “voto útil”, tampoco les convenció buscar la corriente política de su preferencia y quedarse con ella. Nos hemos quedado con la idea de que votar por una fuerza minoritaria no está bien, porque no “sirve”.

En una democracia normal esto es falso. Votar por la facción que mejor te represente es tu derecho, y los partidarios de, por ejemplo, los partidos verdes en Europa aguantaron muchos años siendo una minoría creciente, antes de participar del poder. En España, una boleta electoral puede tener 20 o 25 opciones, pese a que dos partidos dominaban la escena política (ahora son cuatro, por lo menos). El desfile de partidos en Italia siempre ha sido algo que ver. Unirse a una facción cuyos intereses sean más afines con tus ideas es el principio más puro de los partidos políticos, y el multipartidismo no extraña cuando consideramos que en México tenemos casi 120 millones de visiones distintas sobre muchos temas, desde la relación con el medio ambiente hasta la movilidad y las políticas de control de la natalidad.

Sin embargo, al ser México una democracia, por lo menos defectuosa, la regla del voto útil impera. Al existir todavía entidades sin alternancia, y al haber vivido en los últimos años los excesos de los gobiernos locales antidemocráticos, opacos y corruptos, la prioridad para unos se ha convertido en sacar al PRI del poder, y para los priistas en resistir a como de lugar. El “multipartidismo” de las pequeñas facciones que optan por “aliarse” con los grandes, es otro gran desincentivo para el votante. En un escenario así, el elector tiende a descartar a los partidos que parecen quedar rezagados en las encuestas -con todas las dudas que se han cernido sobre las investigadoras de opinión pública-, para optar por una elección cerrada a dos punteros, a lo mucho tres. Esto es lo que vivió Josefina Vázquez Mota con el PAN, que de rondar de 15 a 16% de preferencias en las encuestas finales, obtuvo sólo 11.2% de la votación. El voto útil se fue a otro lado.

¿A dónde? Aquí entra el asunto de la representación. A juzgar por las diferencias entre las encuestas más cercanas a la elección y el resultado en el Estado de México (sin entrar en el conflicto electoral), el voto de Josefina, ese 3 a 4%, unos 300,000 votos, no parece haberse ido ni a Morena ni al PRI de forma mayoritaria. Existe un interesante incremento en la votación de Juan Zepeda, que de 15% en las encuestas pasó a 17.8% en la votación. ¿Habrán votado los simpatizantes desilusionados de Josefina por el rockero con buena imagen del PRD? Es una posibilidad. Los demás se fueron a la abstención.

Por ello esa buena cantidad de personas que en las redes se expresaron como no representadas en la elección del Estado de México. De ese tamaño es la responsabilidad del PAN, un partido que parece haberle fallado a sus votantes, más que a la inversa.

En ese contexto, Acción Nacional, una fuerza nacional que expresa principios e ideas políticas verdaderamente diferenciados, insiste en declararse extraviado y dividido. Se hace el harakiri. El poder parece haberle funcionado como un veneno que aún no termina de extraer de su cuerpo. Pese a ser una fuerza considerable en el norte del país, perdió a las grandes mayorías en zonas tradicionales, como: Naucalpan, Tlalnepantla, Huixquilucan, en gran parte por los subgrupos que tomaron el control local durante años y lo hicieron tan mal que terminaron perdiendo.

Este partido tiene que renovarse a como dé lugar, si quiere mantener la representación de millones de personas que comparten su espectro político. Por eso hay que hablar de Margarita, que recientemente inició su “gira nacional” para, en el mejor estilo de su esposo Felipe Calderón, tomar tal ventaja respecto de su competencia que no pueda negársele la candidatura a la presidencia.

El PAN está forzado a adelantar su proceso de elección de un candidato, so pena de llegar tan tarde como Josefina y perder o bien, llegar completamente dividido y perder. Desde el punto de vista del marketing político, Margarita Zavala tiene un gran problema, aunque salga adelante en todas las encuestas (lo cual es obvio, fue la primera dama): la presidencia de Felipe Calderón y el desgaste político que éste vivió, como un muy seguro producto residual del poder en México.

El plan de Margarita Zavala para ser presidenta de México

Lo que lograría su candidatura es un referéndum nacional sobre el periodo de su marido, la discusión se iría hacia la violencia, el manejo económico, las relaciones exteriores y otros sucesos de su presidencia.

Independientemente de lo que cada quien piense de la administración de Calderón, lo que lograría una candidatura de Margarita es orientar toda la campaña hacia el pasado. ¿Habría alguien dispuesto a hablar del futuro en este contexto? ¿Habría frescura, renovación, entusiasmo? ¿Qué pensaría el votante en una elección en la que, de entrada, dos de los tres candidatos (Margarita y AMLO) estarían sólidamente atados al pasado? ¿Qué sería de una posible alianza con el PRD para buscar el voto útil, que pudiera llevar la votación a tercios con el PRI y con Morena?

El PAN debe empezar ya a discutir sobre su candidato a la presidencia. ¿Ricardo Anaya, Rafael Moreno Valle, Ernesto Ruffo, Juan Carlos Romero Hicks, un independiente, alguien que solidifique una alianza con el PRD? ¿Alguien que les permita ver hacia el futuro, por caridad para con el votante?

Mientras tanto, debe volver a difundir y evangelizar al público sobre sus principios doctrinarios originales, si quiere atraer nuevos simpatizantes. No puede atenerse a los tiempos tradicionales, so pena de quedarse nuevamente al margen, dejando a un segmento de la población sin una representación que considere suya.

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