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David contra Goliat. El reto de los independientes

Los independientes llegan fortalecidos a los próximos comicios con un activo poderoso y escaso: credibilidad. Tenemos a los exmilitantes partidistas y a los ‘puros’, pero ¿cuáles son sus posibilidades reales de ganar?

13-04-2016, 1:41:31 PM
David contra Goliat. El reto de los independientes
Daniela S. Valencia*

“Los independientes”, como marca, llegan fortalecidos para los comicios 2016. Los electores tienen ya muy clara la adición en el tablero de esta figura “rebelde” como opción alternativa a aquellos candidatos investidos por partidos políticos. La nueva esperanza ante la “tradicional” clase política que a los ojos de la gran mayoría lo ha hecho mal —según la encuesta anual sobre Confianza en las Instituciones de Consulta Mitofsky, en 2015, los mexicanos otorgaron una calificación de 4.9 a los partidos políticos, por debajo de sindicatos y medios de comunicación.

Y aunque las candidaturas independientes continuarán como uno de los principales temas en la agenda pública de aquí al 5 de junio, esto no se traduce en automático en posibilidades reales de competencia para todos los competidores de este tipo. ¿Cuáles son los principales retos comunes que enfrentan y cuáles sus fortalezas?

Primero separemos entre dos “tipos” de independientes:

1. Los exmilitantes partidistas 

Los rebeldes que han roto con la institución política donde se formaron: otro compañero les ganó la candidatura y/o señalan actos desapegados a los principios ideológicos de sus estatutos fundacionales por parte de sus dirigentes.

Las ventajas de estos perfiles es que son políticos experimentados que conocen las reglas básicas de operación que una campaña electoral requiere y presumiblemente cuentan con el apoyo de las estructuras disidentes que apoyan su proyecto personal.

Es decir, no se salen solos o tienen el capital político para negociar un voto cruzado. Además de que su misma trayectoria les ha brindado posicionamiento: no son completos desconocidos. Aunque, ojo, no es lo mismo ser conocido que ser aceptado (pregúntenle a AMLO).

El contra es que pueden fácilmente generar una percepción de actitud resentida: “Se va porque no se la dieron y lo que le interesa es el poder, obtener el cargo y ya”. 

Un ejemplo de este tipo de “independiente” es Ana Teresa Arana, ex militante de cepa del Partido Acción Nacional con amplia trayectoria no sólo en cargos partidistas sino de gobierno (fue secretaria de Desarrollo Social en el gabinete foxista). Su caso está cobrando relevancia particular en estos comicios al ser emblemático de la resistencia y bloqueos que puede ejercer la autoridad electoral local hacia estas candidaturas, atribuida al influyentismo de los mismos partidos y gobernantes en turno.

Tras un historial de resoluciones del TEPJF a su favor, el IEE le ha negado a última hora el registro de su candidatura

El nuevo argumento va en torno a la veracidad de las firmas que entregó. Recordemos que las firmas de ciudadanos inscritos en el padrón electoral es uno de los requisitos para obtener el registro a candidato independiente y que varía de 1 a 3% según cada entidad. Titánica labor y con muy poco tiempo. En Puebla, para contender a la gubernatura por esta vía se exigen 126 mil 335 firmas, ella entregó 208 mil y el IEE ha reconocido como válidas sólo 122 mil 135, curiosamente “por debajo de la raya”.

El TEPJF será de nueva cuenta quien resuelva su caso y decida si aparecerá o no en la boleta. Paradójico porque cada día que pasa esta independiente pierde equidad en la competencia, pero lo cierto es que aunque no esté recorriendo las calles puerta a puerta, su campaña está muy viva en medios y se refuerza su imagen de legitimidad como opción libre de toda prebenda hacia los “políticos de siempre”.

También puedes leer: Los ataques (fallidos) de Moreno Valle en Puebla

2. Los independientes “puros”

Ciudadanos sin ningún tipo de pasado en partidos o gobiernos. Mujeres y hombres con historias personales muy particulares que han decidido dar un paso al frente para desafiar a la llamada “partidocracia” y que creen firmemente que la “ola de independientes” es su ola.

Y aquí las generalizaciones son más complicadas, ya que la variación de perfiles es similar a la variedad de la sociedad misma. Lo que es común son sus no pocas debilidades: 

1. La gran diferencia en su capacidad financiera con los candidatos de los principales partidos. “Político pobre, pobre político” dice el embarazoso dicho popular, y es que, en campaña electoral nada alcanza y todo se necesita: desde las tortas para los activistas, espectaculares, producción de spots… o ya de plano sólo volantes en blanco y negro a dos caras y en papel bond… pero cuestan. 

2. Falta de una estructura de base con experiencia en movilización para el Día D. En toda elección, cada partido proyecta el piso mínimo de votación que dicha estructura les puede garantizar y en campaña trabajan para los votos que les faltan. Los independientes empiezan de cero e intentan persuadir a aquellos que no sienten pertenencia hacia algún partido y que, aunque son la mayoría, no es tan seguro que salgan a votar como sí lo es el sector llamado “voto duro”.

3. Falta de acceso a consultoría especializada y herramientas de medición social.

Las campañas se ganan con votos, pero los votos se consiguen con estrategia. Los partidos políticos, incluso los pequeños de reciente creación, están conscientes de que sus estrategias de marketing electoral deben adaptarse a un entorno cada vez más competido y que es pecado capital improvisar, dirigirse por mera intuición, o lo que es peor, perder toda objetividad. Invierten gran porcentaje de su capital en especialistas en diseño de imagen, discurso, producción audiovisual, redes sociales, etcétera y miden avances mediante encuestas antes y durante la campaña, afinando tácticas sobre la marcha. Este tipo de servicios suele ser muy elevado para las posibilidades de un ciudadano promedio, reafirmando el punto 1.

Sin embargo, 2015 nos dejó en Jalisco con Pedro Kumamoto un primer antecedente de victoria para estos. ¿Qué tienen que aprender los candidatos independientes de 2016 al estudiante universitario que venció a Goliat? 

Que ante una sociedad muy desencantada de la clase política, su principal fortaleza es su legitimidad para tomar la bandera del hartazgo, siendo su mensaje clave: “Todos son iguales, lo han hecho muy mal y estamos ante la oportunidad de echarlos.”

Tienen un activo muy poderoso (y escaso) en la esfera política: credibilidad. El tono de estas campañas conviene sea estridente, irreverente, políticamente incorrectas, divertidas y por ende, con potencial viral para lograr saltar de redes de internet a medios tradicionales y a conversaciones en las calles.

Así mismo, la eficacia en el equipo de campaña es vital. La máxima es: jerarquía y disciplina militar, el consenso puede salir muy caro cuando de tomar decisiones estratégicas se trata. Una ventaja de muchos candidatos independientes es que cuentan con experiencia organizacional porque han emergido de asociaciones civiles que operan bajo principios similares.

El entorno de una contienda electoral es hoy en día tan vertiginoso, que si se pierde este foco con tantos vientos en contra, los independientes aseguran su naufragio.

*La autora es consultora en comunicación política. Socia-directora de la firma hispanomexicana Abella & Valencia 

 

 

 

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