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Cuando el compañerismo sale a rodar por la carretera

Cuando el conductor de un Ford A se quedó varado en la carretera, otros participantes del Rally, lejos de abandonarlo, lo ayudaron. ¡Así es el apoyo entre los amantes a los clásicos!

17-05-2016, 7:23:47 PM
Cuando el compañerismo sale a rodar por la carretera
David Santacruz

El agua hirviendo le manchó la camisa con óxido al piloto Jorge Ramos. El auto no daba para más. Exigirle 90 kilómetros por hora a un Ford A 1928, bajo los 36 grados del medio día en la Península de Yucatán resultó extenuante. Detrás, otro Ford A, pero de 1932, reventaba de igual manera ante la frustración de su piloto Fernando García Limón. Ambos autos se habían desvielado, un mal común en la época en que estos modelos eran la moda, antes de que existieran los anticongelantes.

No era la primera avería en la etapa inicial del Rally Maya 2016. A pesar del cuidado con el que los 108 participantes tratan a sus vehículos las condiciones son extremas y hay algunos que casi cumplen los 100 años de edad. Estos incidentes lejos de verse como una tragedia se convierten en momentos decompañerismo y solidaridad, de esos que se daban cuando en las carreteras se veían unos pocos autos. Detrás de cada automóvil en apuros había otro piloto capaz de ensuciarse las manos para reparar un motor ajeno.


 
Eso tampoco sorprende. Quienes corren este Rally son verdaderos amantes de los automóviles. No son aquellos que los guardan en museos para únicamente verlos, sino quienes saben que sus máquinas requieren del polvo y la tierra; que su hábitat natural es la carretera, y que por antiguos que sean su objetivo principal es llevar a los seres humanos a recorrer largas distancias en menos tiempo. Y entre más largas mejor.
 
Si quisiéramos describir en una sola palabra la primera etapa del Rally Maya esa sería solidaridad. 108 conductores, médicos, mecánicos, servicio de apoyo, organizadores y jueces quienes atraviesan las carreteras de la península en una justa donde no compiten contra el otro. No se trata de ser más rápido ni más hábil al volante; no es la vertiginosa y agresiva dinámica de la Fórmula Uno, ni la intrepidez de los rallys todo terreno.
 
El Maya es una competencia donde cada uno hace su propio rally –irónicamente en solitario– en compañía de una caravana de amigos y colegas que no dudan en ayudar a que los demás lleguen a la meta. Como no han dudado tampoco en realizar donaciones para niños con diabetes, sordera o discapacidad motriz. Esta carrera se trata de ejercitar una solidaridad “a la antigua”. De esa que se da cuando la gente viaja con calma, otorgando el tiempo de voltear a ver al otro, así sea para admirar su auto, saludarlo u ofrecerle una mano.

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