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Crónica del día que conocí a Donald Trump

Helicópteros, un impresionante despliegue de policías, y estrictas medidas de seguridad, son el precedente de los mítines del republicano, concentrados en discursos de odio contra los mexicanos.

02-06-2016, 3:09:52 PM
Crónica del día que conocí a Donald Trump
Mariluz Martin Moreno

Tenía mucha curiosidad de ir a ver personalmente a Donald Trump. Durante toda la semana nos prepararon las autoridades acerca de la visita de Trump a San Diego. Indicaron claramente las calles que estarían cerradas y las rutas alternas. El evento se llevaría a cabo el viernes 27 de mayo, justo cuando empieza en Estados Unidos un “puente” muy importante: Memorial Day, para conmemorar a los americanos caídos en la guerra. Se festeja el último lunes de mayo.

A los pocos amigos que me atreví a informarles de mi presencia en el mitin, trataron de persuadirme de no asistir. “Es muy peligroso, ve el despliegue de la policía. Ya nos advirtieron que usarán gas, si fuera necesario, para dispersar a los que causen problemas”.

Mi primer obstáculo, al vivir en Coronado, consistió en cruzar el puente para llegar al Centro de Convenciones de San Diego: ¡lo habían cerrado! Tomé el ferry que cruza la bahía y después de una muy corta travesía llegué a mi destino. La policía me recibió advirtiéndome que me fuera a la izquierda para no encontrarme con los que estaban protestando contra Trump, todos ellos de aspecto chicano. Habían tres helicópteros con magnavoces que desde las alturas controlaban cualquier acción que consideraran peligrosa. Habían también soldados.

Sí fue muy impactante encontrarme con una multitud como de 1,500 personas con carteles contra Trump. Vi varias piñatas con la figura de Trump, casi de tamaño natural, que eran molidas a palos y después pisoteadas. La gente estaba muy molesta y las banderas de México se veían por doquier. Había una bandera muy singular que nunca había visto: la bandera “aztec Aztlán” con fondo blanco, un ídolo azteca y una estrella roja a la izquierda que representa al estado de California. Esta bandera es para demostrar que no es mito que en algún momento de la historia de Estados Unidos, California perteneció a México. Para mi sorpresa, así como hay muchos que no creen que el Holocausto existió y que es sólo un invento más de los judíos, pues así también hay una gran cantidad de americanos que ignoran que California, Texas y Arizona eran parte del territorio de México. Con esta bandera se pretende demostrar que efectivamente perteneció antes que a nadie a los indígenas mexicanos.

Entré al Centro de Convenciones con una capacidad para 12 mil personas de pie. Estaba totalmente lleno y a cada uno de nosotros nos revisaron con las máquinas de seguridad de los aeropuertos. Aplicaron las mismas medidas de no introducir bebidas de ningún tipo, ni cámaras, ni grabadoras y por supuesto ningún efecto punzo cortante.

Eran las 12:30 del día y Trump llegaría a las 2:30 para dar su discurso.

Sarah Palin fue la encargada de empezar los discursos, ridiculizando a Hillary Clinton y burlándose de su poca capacidad para ser escuchada y de lo corrupta que ha sido desde que fungió como secretaria de Estado. Al terminar la Palin empezó un concierto de rock’n roll que enloqueció al público que no dejaba de aplaudir y gritar “Trump,Trump..”

Como contraste de la música de los Rolling Stones, quienes ya le advirtieron a Trump que no están de acuerdo en que use su música para efectos políticos, se escuchó la inconfundible voz de Pavarotti cantando La Traviata. Fue un momento estremecedor y la gente guardó silencio sepulcral. Como por arte de magia y sin ser anunciado, apareció Donald J Trump en la tarima. La gente lo recibió con una ovación ensordecedora. Todos subieron sus pancartas de apoyo, movían sus cachuchas rojas con el logo: “Con Trump para ser una grandiosa América otra vez.”

Una vez terminados los aplausos y gritos de 12 mil personas, Trump empezó su discurso: “San Diego es mi ciudad favorita. Tienen el mejor clima del mundo y aquí viven mis mejores amigos, por lo tanto tendré muy especial cuidado en que “El Muro” los proteja de la entrada de esos delincuentes asesinos que son los mexicanos. No más ilegales drogadictos que les quitan trabajo a nuestros pobres compatriotas. No más abusos de esa gente contra nosotros. No más muertes a manos de esos asesinos. ¡Cuántos de nuestros soldados han muerto por tantas guerras instigadas cobardemente por ese país! ¡Ya basta!” Gritaba furioso y la gente no podía contener su alegría. “Me encargaré de restringir la emisión de visas para los mexicanos”. El muchacho que estaba parado frente a mí, llevaba una camiseta roja y en su espalda pintadas dos ametralladoras con el logo de Trump acerca de lograr una mejor América…. El mensaje era clarísimo.

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Atacó por todas partes al presidente Barack Obama por haber ido a “Híshima”, ni siquiera pudo pronunciar correctamente Hiroshima.

De pronto, en medio de su discurso, cuando todas las cámaras de televisión de Estados Unidos están transmitiendo en vivo, se atrevió a decir, extendiendo el brazo y señalando con el dedo índice: “Les agradezco mucho a ustedes mis amigos latinos que están aquí conmigo compartiendo mi campaña presidencial, de la cual seré el vencedor, por haber venido hoy en un día tan especial, en el cual no se trabaja, y hayan preferido estar conmigo en lugar de haberse ido a la playa a descansar. Los amo con todo el corazón, así como sé que ustedes me aman a mí por que saben que siempre los defenderé!” Hubiera sido muy enternecedor escuchar esto si hubiera habido un solo latino. Pero ese dedo señalaba un grupo de “latinos” ¡que no existía! Fue únicamente para que saliera en la televisión, pero el televidente nunca pudo ver que ¡era un engaño! Sus admiradores le aplaudían a rabiar.

A continuación arremetió contra el Tratado de Libre Comercio y cómo lo iba a modificar para que dejaran de abusar de los americanos.

Da mucho miedo cuando se escucha a Trump hablar con violencia y coraje de la forma como él limpiará el país y lo volverá económicamente fuerte otra vez. Es indudable la influencia de Hitler en todas sus presentaciones. Parece sentirse honrado con la comparación. Lee Trump, Hitler y Mussolini, los peligros del nacionalismo extremo.

Abandoné el mitin realmente asustada de lo que nos espera a los mexicanos y al mundo entero si efectivamente resultara electo presidente.

No hubieron muertos ni heridos, sólo 35 detenidos que fueron liberados unas horas después.

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