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Crimen y exilio: la historia de los haitianos en México

Una de las peores crisis migratorias de las que se haya tenido memoria toca la puerta de México: los exiliados haitianos en su tránsito hacia Estados Unidos. Entre polleros, prostitución y crimen esperan la hora de cruzar la frontera.

19-10-2016, 5:32:25 PM
Crimen y exilio: la historia de los haitianos en México
Reuters

Desesperados, viviendo en casas campaña en un hotel semi abandonado o en alguno de los abarrotados albergues de la frontera mexicana, cientos de haitianos permanecen en el limbo a la espera de que el gobierno de Estados Unidos les diga si los admitirá como refugiados o serán deportados.

En las sórdidas periferias de Tijuana y Mexicali, donde impera la prostitución, la delincuencia y los adictos, deambulan cerca de 5,000 haitianos y algunos africanos, y unos 300 más están llegando diariamente tras un complicado periplo desde Brasil, según cifras oficiales de México.

Estos inmigrantes todavía no están dispuestos a intentar la aventura de meterse ilegalmente a Estados Unidos a través del desierto, sino que apuestan a que se los reciba como refugiados con el estatus migratorio especial que se les concedió tras el catastrófico terremoto del 2010 en Haití.

“Llegamos aquí porque los que vinieron antes que nosotros nos dijeron que en Tijuana ya no había espacio (…) Queremos ir a Estados Unidos para trabajar y ayudar a nuestra familia”, dijo en Mexicali Peterson Joseph, un haitiano de 26 años que ahora vive en el hotel El Migrante, utilizado usualmente por mexicanos deportados y drogadictos.

Pero Washington endureció su política con los haitianos a mediados de septiembre debido a la masividad del fenómeno, y solamente entrega diariamente 100 turnos para decidir si otorga o no asilo.

Muchos están detenidos en territorio estadounidense y serán deportados apenas pase la emergencia del huracán Matthew a mediados de octubre, que dejó más de un millar de muertos en Haití, advirtió días atrás Jeh Johnson, director del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Activistas dicen que es la peor crisis migratoria en la historia reciente de México sin solución a la vista y con muchos más llegando a través de Centroamérica, en momentos en que se acercan las elecciones en Estados Unidos, marcadas por una fuerte retórica contra los inmigrantes del candidato republicano Donald Trump.

Al límite

Tijuana, por donde cruzan todos los días toneladas de mercancías y que ha sido foco de disputa entre cárteles del narcotráfico, está atestada de los nuevos inmigrantes que ya no tienen dinero y por momentos pelean por un plato de comida o una manta en los albergues.

“A estas alturas ellos van a estar expuestos tanto a ser asaltados como a convertirse en asaltantes porque muchos están en situación de calle y es gente en edad productiva y no se les otorga licencia para trabajar”, dijo Margarita Andonaegui, directora del albergue Padre Chava, en Tijuana.

Por otro lado también “nos dicen que están siendo agredidos en estaciones de autobuses donde taxistas los llevan a la policía para ser extorsionados. Hace unos días, uno de ellos fue asaltado y golpeado, por lo que tuvieron que llevarlo al hospital para recibir puntos de sutura”, agregó.

Las iglesias evangelistas abrieron al menos cinco lugares para lidiar con esta situación y aún así, muchos están durmiendo en las calles.

Tras el terremoto del 2010, decenas de miles de haitianos fueron recibidos como refugiados en Brasil, llenos de esperanza en medio del dinamismo de la primera economía latinoamericana. Pero con la recesión de este año muchos perdieron sus empleos y empezaron a abandonar el país en busca del ‘sueño americano’.

“No hay más trabajo. La economía se congeló y ahora estoy aquí sin dinero, sin esperanza, sin manera siquiera de regresar a casa a ver a mis niños”, dijo Carolina Pierre Louis, una haitiana que vive en Sao Paulo.

Los que lograron reunir varios miles de dólares emprendieron un tortuoso viaje de cerca de cuatro meses hacia el norte, atravesando a pie montañas y ríos en la selvática frontera entre Colombia y Panamá, y en autobuses y barcos hasta arribar a la frontera entre México y Guatemala.

Inmigrantes entrevistados por Reuters dijeron que el viaje le costó entre 4,000 y 7,000 dólares, incluyendo los pagos a “coyotes” o traficantes de personas que los trasladan en grupos y los de extorsiones de la policía, como en Nicaragua y México.

Con los brazos cruzados

Algunos países, sobre todo Nicaragua, le ha hecho la vida difícil a los haitianos para dejarlos pasar por su territorio, por lo que muchos han tirado sus pasaportes y dicen ser africanos para que los dejen pasar.

Desde mayo, cuando empezaron a llegar, el Instituto Nacional de Migración de México les daba un salvoconducto para atravesar su territorio y entrar a Estados Unidos, pero el flujo de ingreso a este país se detuvo en septiembre, cuando Washington decidió limitar la entrada de haitianos.

“Nuestra mayor preocupación es que efectivamente las autoridades norteamericanas puedan extender el número de solicitudes de refugio de 110 que están dando ahorita a que pudiera ser el doble”, dijo a Reuters Roque Villanueva, subsecretario de Población y Migración de México.

Mientras llega la respuesta, los inmigrantes siguen llegando y algunas personas en Mexicali han recibido a varios de ellos en sus propias casas, mientras los activistas se quejan de que el gobierno mexicano no está haciendo realmente nada para contener la situación y deja todo en manos de los albergues.

“Tenemos una crisis que ya la reconocen todos, menos el gobierno federal”, se quejó el activista Sergio Tamay, encargado del precario hotel El Migrante, quien ha tenido que habilitar más espacios para mexicanos deportados porque la población haitiana ha ocupado los ya disponibles.

Desde enero a septiembre, 4,270 haitianos y 11,840 africanos han ingresado a territorio mexicano, dijo Villanueva citando datos de los servicios de inmigración locales.

Pero explicó que muchos haitianos dicen que son de países africanos como la República Democrática del Congo, con el que México no tiene vínculos diplomáticos, para así evitar la deportación. Aclaró, sin embargo, que México no tiene intenciones de deportarlos.

Es difícil estimar cuántos haitianos más llegarán a la frontera, pero la directora del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE en inglés), Sarah Saldaña, dijo el mes pasado que 40,000 abandonaron Brasil. Cerca de 8,000 están varados en Panamá y Costa Rica, de acuerdo con autoridades de estos países.

La crisis de los inmigrantes haitianos sucede después de una situación similar con inmigrantes cubanos en los primeros meses de este año y de una oleada de inmigrantes centroamericanos menores de edad que saturó las instalaciones fronterizas en Estados Unidos en 2014.

“Esta es una de las peores crisis migratorias de las que se tenga memoria”, dijo el cura estadounidense Pat Murphy, quien dirige la Casa del Migrante en Tijuana.

 

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