A FondoEconomía y Finanzas

Cómo un TLCAN ‘reloaded’ puede crear 10 millones de empleos

Se debe promover una mayor integración productiva de México con sus socios comerciales en Norteamérica. Bajo esa estrategia se pueden crear hasta millones de empleos en la región, pero, ¿cómo lograrlo? Te explicamos.

19-04-2017, 6:30:59 AM
empleos tlcan
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Por José Luis de la Cruz*

El actual gobierno de Estados Unidos ha iniciado un proceso de cambio estructural; no es el fin del comercio internacional, es un cambio de reglas. Para algunos empresarios y economistas cercanos a Donald Trump, la promesa del libre comercio fue una utopía, porque hay países que no respetan sus normas: manipulan su tipo de cambio, subvencionan a sus empresas y cierran sus mercados.

En el extremo, hay naciones donde las compañías son propiedad del Estado y no siguen la lógica de la libre empresa. A pesar de tener pérdidas financieras, continúan en el mercado gracias al apoyo de sus gobiernos. El sector del acero es el mejor ejemplo: la sobreoferta de China y su exportación a precios bajos se puede mantener gracias a la participación que el Estado mantiene en la mayor parte de sus empresas y a la política de subvaluación del tipo de cambio.

Algo similar ocurre en otros sectores industriales. Bajo dicho marco, compiten con los dados cargados a su favor y gracias a esa maniobra han penetrado profundamente en el mercado internacional de las manufacturas.

Partiendo de la competencia desleal, Trump y algunos de sus asesores cuestionan el alcance y viabilidad del libre comercio. Su planteamiento es un viraje que no se debe subestimar; es un cambio radical a lo que EU había impuesto como norma a seguir por el resto del mundo durante las últimas cuatro décadas: una liberalización comercial bajo el cuidado de instituciones multilaterales como la Organización Mundial de Comercio (OMC). Hoy las cosas han cambiado.

¿Hacia dónde dirigir la negociación?

La solución a los problemas de comercio exterior, empleo e inversión en Estados Unidos no se resolverán destruyendo la integración de América del Norte. Si esto ocurre, el principal perdedor será Estados Unidos porque incrementará su dependencia de las importaciones que realiza de Asia.

El camino a recorrer va justamente en sentido contrario. Lo que se debe promover es una mayor integración productiva de América del Norte; bajo esa estrategia se pueden crear hasta 10 millones de empleos en la región, ¿Cómo lograrlo?

Primero, se debe romper con el paradigma de que el TLCAN es responsable por los desequilibrios comerciales de Estados Unidos; en consecuencia, tampoco se debe atribuir al intercambio con México la responsabilidad del saldo negativo.

Las cifras son contundentes. En 2015, el déficit comercial de Estados Unidos con México y Canadá fue de 82,000 millones de dólares (mdd); el 10% del desequilibrio total. Tan solo con China, la balanza negativa superó los 386,000 mdd (48% del déficit total).

Cuando el presidente Donald Trump enfoca su análisis al TLCAN, pierde de vista que ahí no se encuentra la pérdida de empleo, ni la merma en inversiones que la industria estadounidense ha registrado durante los últimos 15 años.

Esto lleva al segundo aspecto a abordar: la verdadera causa del problema radica en la desindustrialización de su planta productiva y en la baja integración económica alcanzada en Norteamérica después de la puesta en marcha del TLCAN.

La salida de empresas estadounidenses no privilegió a nuestro país, sino a otras latitudes. Hoy, EU tiene un comercio internacional más intenso con los países del Pacífico asiático que con sus socios del TLCAN: México y Canadá.

Durante 2015, el 40% de las importaciones de EU provinieron de 11 países asiáticos y de Oceanía: China, Corea del Sur, Japón, Malasia, Singapur, Tailandia, Hong Kong, Taiwán, Indonesia, Vietnam y Australia. Tan solo China acumuló el 60% de dicha cantidad; de México y Canadá solo importó el 26%.

Por el lado de las exportaciones ocurrió justamente lo contrario: a los países asiáticos mencionados EU envío el 25% del total, en tanto que vendió el 34% a sus socios del TLCAN. En otras palabras, México y Canadá son mejores compradores de productos hechos en Estados Unidos que los países asiáticos.

Ahí radica la razón del enorme déficit de EU: con las naciones asiáticas y de Oceanía mencionadas acumuló un desequilibrio de 538,000 mdd en 2015.

En este sentido, ¿qué ganará el presidente Donald Trump si rompe el TLCAN? Nada; sería una victoria pírrica. En México y Canadá se tiene un comercio intra-industrial, es decir, de economías de escala, basado en una integración productiva entre las empresas.

Con Asia tiene un comercio en donde las naciones de aquella región aprovechan sus ventajas comparativas y las competitivas que han desarrollado para entrar al principal mercado regional del mundo. Aquí se debe precisar un tercer punto: la entrada de insumos intermedios que llega a los países del TLCAN es producto de su bajo encadenamiento productivo, del bajo contenido regional.

De acuerdo con la OMC, en el viejo continente las exportaciones que se realizan entre las naciones que lo conforman alcanzan 70% del total que realizaron al mundo durante 2015. En otras palabras: producen y exportan para el consumo de su región y lo hacen gracias a la elevada competitividad e innovación tecnológica que han alcanzado.

En América del Norte, la cifra solo llegó a 50% y eso fue atribuible a que Canadá y México compran y venden intensamente a EU. De no ser por ello, la integración entre las tres naciones sería menor.

Aquí radica parte de la solución: si se eleva la integración regional en América del Norte de 50 a 60%, se comerciarían casi 130,000 mdd adicionales entre los tres países. Lo descrito crearía, por lo menos, 3 millones de nuevos empleos.

Si la cifra se incrementa a 70%, como en Europa, se tendrían 6 millones. Los efectos positivos sobre el ingreso salarial y el consumo terminarían por impulsar el crecimiento económico de América del Norte y crear 4 millones de nuevos empleos adicionales a los señalados.

Para que la Unión Americana crezca y genere empleo debe asumir una posición de liderazgo en América del Norte. Ello implica crear, no destruir; si hace esto último, solo abrirá la puerta a más importaciones de insumos intermedios de Asia y terminará incrementando su déficit comercial, contrario a lo que busca Trump.

Elevar la capacidad productiva

El cambio vendrá. En la Unión Americana se subestimó el daño a su mercado laboral y se pensó que los trabajadores industriales afectados no podrían alcanzar el poder político suficiente para detener la apertura comercial: un grave error.

Hoy, industriales, trabajadores y políticos se alinearon alrededor de Trump y buscan hacer modificaciones a la política económica. Se avecina una etapa de intensa negociación y confrontación entre el gobierno de Trump y las empresas trasnacionales estadounidenses beneficiadas por el TLCAN. El resultado es incierto; sin embargo, es claro que habrá cambios a nivel global que involucrarán a México. Se debe estar listo con nuevas propuestas; los viejos paradigmas han cambiado.

Acelerar la formulación de una verdadera política de desarrollo industrial en México, que eleve la productividad nacional en función de una mayor competitividad industrial, es fundamental.

El incremento de la productividad nacional debe estar acompañado de una mejora en el marco regulatorio, que favorezca el desarrollo de las empresas y que se encuentre acorde con el objetivo de aumentar el intercambio de insumos, bienes de capital y de consumo al interior de los países integrantes de América del Norte.

La producción competitiva de bienes e insumos intermedios en la región es el paso a dar. Para que ello ocurra, se requiere elevar la competitividad y productividad industrial regional. Lo anterior redundaría en mayor empleo en los tres países.

Hay un cambio de paradigma: el centro del análisis se encuentra en la parte productiva, no en la comercial. Esta última es un eslabón de un sistema productivo que debe volver a América del Norte con el fin de que tenga beneficios que lleguen a todas las empresas y hogares de la región.

La integración productiva entre Estados Unidos, Canadá y México puede lograr lo que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte no alcanzó.

Para México, el objetivo debe ser reconstruir su industria, con el fin de generar tanto crecimiento como empleo y bienestar. Elevar la competitividad y productividad del país para por crear un círculo virtuoso de innovación y progreso tecnológico, que además sea socialmente incluyente, a través del empleo formal que se genera en la actividad industrial.

* El autor es director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico

 

Este es un extracto del texto que el autor escribió para Alto Nivel y que podrás consultar completo en la edición impresa de abril. Busca tu revista en los principales puntos de venta, suscríbete en línea o descarga la revista digital. Sigue nuestra conversación en Twitter y Facebook.

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