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Cómo se desarrolla una actitud a prueba de adversidades

El ser humano no puede evitar el sufrimiento, las adversidades o las situaciones límite, pero sí puede desarrollar una personalidad resiliente que nos sirva de seguro contra depresiones o vacíos existenciales.

No se trata de caer en un optimismo ciego que nos aleje de la realidad y nos convierta en ilusos empedernidos, pero si enfrentar las adversidades. 18-11-2016, 4:22:55 PM
Cómo se desarrolla una actitud a prueba de adversidades
Marcela Hernández

En un ambiente de incertidumbre, inseguridad y malas noticias, es común que nos contagiemos o incluso que nosotros seamos la fuente de propagación de un estado de ánimo pesimista, fatalista o negativo. Nuestras conversaciones y pensamientos giran en torno a lo mal que está la situación y el terrible futuro que nos espera.

No se trata de caer en un optimismo ciego que nos aleje de la realidad y nos convierta en ilusos empedernidos, pero si podemos diseñar un estado de ánimo que nos dé mayores recursos para sobrellevar las adversidades y riesgos que nos plantea la vida. Es aquí donde entra el concepto de resiliencia.

“Toda adversidad y todo dolor prepara nuestra alma para tener visión”, Martin Buber.

Generalmente, el discurso y los análisis se enfocan más en el problema y dejan atrás un cuestionamiento que es clave para ayudarnos a sobrellevar a las crisis e intentar aprender en cabeza ajena: ¿por qué a pesar de vivir situaciones extremadamente dolorosas existen individuos, familias y sociedades enteras que han logrado trascender sus batallas? y lo que resulta aún más difícil de entender, ¿por qué pareciera que esas personas viven con mayor plenitud y satisfacción que aquellas que no se enfrentan a ningún tipo de crisis o sufrimiento?

Martin Seligman y Mihaly Csikszentmihalyi, creadores de la corriente conocida como Psicología Positiva, plantean que la resiliencia depende, en buena medida, de ciertas características de personalidad que cualquier individuo puede desarrollar.

En términos físicos y de ingeniería, la resiliencia se define como la capacidad de memoria de un material para recuperarse de una deformación, producto de un esfuerzo externo.

Edith Grotberg, autora del libro “La resiliencia en el mundo de hoy”, la define como “la capacidad humana para resistir y afrontar ese bombardeo incesante de eventos que nos causan sufrimiento, de tal forma que nos fortalece, adquirimos mayor confianza en nuestras habilidades y nos volvemos más sensibles a los padecimientos que otras personas estén experimentando, así como más hábiles para generar cambios y minimizar o erradicar las fuentes originales del estrés o el trauma.

Por su parte el Doctor Gerónimo Acevedo, médico y miembro fundador de la Sociedad Latinoamericana de Logoterapia, la define como “la capacidad de afrontar el sufrimiento, reconstruirse y no perder la capacidad de amar, de luchar, de resistir. No es una destreza que hay que dominar, sino como una realidad que hay que descubrir, que hay que desplegar”.

En un sentido más práctico, el desarrollo de una personalidad resiliente puede servirnos como un seguro contra depresiones, vacío existencial o pérdida de sentido. No podemos evitar el sufrimiento, las adversidades, las situaciones límite (muerte, enfermedad, culpas, etc.), pero si podemos adoptar una postura sana y funcional ante estas cuestiones.

“Lo importante no es lo que hagan de nosotros, sino lo que hagamos nosotros de lo que hicieron de nosotros”. Jean-Paul Sartre

Desde el enfoque logoterapéutico (terapia del sentido, creada por el Dr. Viktor Frankl), el ser humano es un ser único, irrepetible, libre y responsable. Todas esas características también aplican para una personalidad resiliente.

Atributos de resiliencia en una persona

1. Unicidad

Nadie vive el sufrimiento de la misma manera. Aunque dos personas experimenten dolor por la misma circunstancia (por ejemplo la pérdida de un ser querido), cada una lo interpretará de manera distinta y adoptará una postura en consecuencia a dichas interpretaciones. Habrá quien elija convertirse en la víctima de las circunstancias, en un mero espectador o en el héroe de la historia.

2. Libertad

Todos somos libres de elegir la manera en que afrontaremos cualquier situación: nuestros pensamientos, nuestras acciones y el nivel de aprendizaje que queremos obtener de ésta, además podemos decidir en quién nos convertiremos a partir de nuestras circunstancias y no solo eso, también podemos decidir si se quedará como una vivencia de crecimiento personal o incluso servirá como una experiencia que trascenderá en beneficio y para el crecimiento de otros.

“Llegué a comprender que lo primordial es estar siempre dirigido o apuntado hacia algo o alguien distinto de uno mismo: hacia un sentido que cumplir u otro ser humano que encontrar, una causa a la cual servir o una persona a la cual amar “. Viktor Frankl

3. Responsabilidad

La responsabilidad ante la vida se asume respondiendo a las situaciones que se presentan día a día. “La respuesta no solo debe ser verbal, sino que hay que responder actuando”.

Una forma de respuesta ante la vida, será mi propia conducta, lo que hago con lo que me pasa y si aprovecho mis circunstancias como una oportunidad para ofrecerme, entregarme, crear y transformar.

Antes que preguntarle a la vida ¿por qué me pasó esto a mí?, somos responsables de darle respuesta a las siguientes preguntas: ¿Qué puedo hacer con esto que me pasa? ¿Qué sentido elijo darle? y ¿De qué manera puedo beneficiar a otros a partir de esta experiencia?

“Y es el propio ser humano el que aprende a responder a la vida antes que a preguntarle…”

Una actitud resiliente, es una posibilidad en la que podemos comenzar a trabajar desde hoy, no se adquiere de un momento para otro, requiere de una labor importante de auto-conocimiento, indagación, reflexión, auto-estima, re-encuadre de pensamientos e interpretaciones de nuestras vivencias, pero si otros han logrado sobrellevar las “peores” situaciones,  no hay una sola razón por la cual nosotros no podamos desarrollar recursos similares que nos ayuden a trascenderlas.

El ser humano vive su unicidad, responsabilidad y libertad, a través de los valores que Viktor Frankl denominó como valores de actitud, aquellos que hacen referencia a  las posturas que asumo frente a mis destinos irremediables, ante aquello que no puedo cambiar pero que sin duda me cambiará a mí y me hará crecer, siempre y cuando yo esté dispuesto a aprovecharlo.

La autora es coach ontológico e instructora en temas de desarrollo humano y empresarial. Ha participado en diversos programas de coaching para empresas del sector financiero, salud, gobierno, manufactura, consumo, turismo y educación. www.cae-el20.com.mx

 

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