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Opinión

Cómo rescatamos a la política de los políticos

La política está en desprestigio y los ciudadanos hemos abdicado en su ejercicio, pero por el bien de México es momento de reclamar su propiedad.

18-04-2016, 2:07:56 PM
Cómo rescatamos a la política de los políticos
Agustín Llamas Mendoza

En la actualidad, la política cuenta con muy mala fama y con considerable desprestigio. Y probablemente más que la política como tal, son aquellos personajes que se hacen llamar politicos quienes se han encargado de desprestigiar tan noble actividad. No hace mucho, el papa Francisco decía que la política es una de las formas más altas de caridad porque busca y debe buscar el bien común… y si la política hoy está sucia, seguramente será porque lo que hace falta es mayor participación de la sociedad en ella.

Y quizás sea este el punto más paradójico de nuestra transición política, donde hoy no existen las restricciones que existían en el pasado para la participación política, pero seguimos teniendo una sociedad apática y que no se hace responsable de la cosa pública. Hemos abdicado del ejercicio de la política y los políticos “han estatizado la política”.

Podemos distinguir la política como pensamiento y la política como práctica. Esta distinción es artificial, puesto que la política es una forma de praxis humana. Pero es útil en términos de la diferencia que se encuentra en cualquier sociedad entre los propósitos explícitos de la política y los resultados que se observan como resultado de su aplicación.

En este sentido es importante recordar que la política, como expresión del pensamiento humano, realiza la búsqueda de las mejores formas de organización de la vida social entre los hombres y que su motivación más profunda es la conquista, a través de  las formas, mecanismos y organizaciones de las que se ha dotado, del bienestar y felicidad humanos

Este es, digamos, el plano del diseño conceptual de la política, y el error no está, pues, aquí. A ella la han desvirtuado los que actúan en su nombre, es decir, los políticos profesionales al abusar del ejercicio del poder. En cuanto a la tergiversación de la política, es imprescindible poner en primer plano dos de sus dimensiones inherentes: la eficacia y la ética políticas. Para el caso de lo que ocurre en las sociedades latinoamericanas, las muestras de escepticismo, rechazo y hasta cinismo de la gente no son más que expresiones psicosociales que se corresponden con la manera de hacer política por parte de los políticos profesionales.

Ello debiera proporcionar los elementos que contribuyan al logro de un doble propósito: primero, el reconocimiento por parte de la ciudadanía de la importancia, del sentido y del verdadero significado que posee la política en la vida de cualquier persona y, segundo, para los políticos profesionales tomar en cuenta la subjetividad de las personas (sus expectativas, deseos, anhelos, opiniones y actitudes) les permitirá hacer realmente política, ejerciendo el poder concedido para crear y no solo para destruir.

La recuperación del sentido profundo de la política implica darle sentido de largo plazo a la sociedad; también encontrar un contenido valorativo a nuestra democracia y que la ciudadanía igualmente se vea reflejada en esa política llena de contenidos y propósitos.

Una sociedad que reclame la propiedad de la política, una sociedad que privatice la política. Para que no concluyamos que no existe nada más repugnante que un político cínico o una sociedad rendida a sus pies. A la política debemos tomarla en serio y rescatarla de la vulgaridad de la corrupción y de la superficialidad de la imagen. En la medida en que rescatemos a la política del pragmatismo utilitario de algunos supuestos liderazgos, estaremos rescatando igualmente a México.

*El autor es profesor de Entorno Político y Social del IPADE. Tiene estudios en Ciencia y política y Alta Dirección. Ha sido consultor de organizaciones, gobierno y empresas. Colaborador en revistas y diarios a nivel 

 

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