A Fondo

¿Cómo el gobierno acabó con Venezuela?

La destrucción del sistema productivo de Venezuela tiene varios orígenes, entre ellos, los errores de su máximo líder Hugo Chávez, quien le gustaba pensar que su país era una potencia.

21-07-2016, 1:20:01 PM
¿Cómo el gobierno acabó con Venezuela?
Jorge A. Monjarás, director editorial de Alto Nivel

El hambre se está convirtiendo en la principal preocupación del venezolano promedio. Claro que hay interés por la política y por la democracia, pero lo primero, lo importante, es sobrevivir. “Es una sociedad totalmente neurotizada. La gente no trabaja, no produce, ni piensa en innovar. Buena parte del día no hay luz y el gobierno trabaja solo dos veces a la semana”, describe Albinson Linares, periodista venezolano, autor de tres libros y hoy parte del equipo de The New York Times en español. Como lo han hecho dos millones de sus connacionales, salió de su país en busca de un futuro. Reside ahora en México.

La gente ya no va al súper en Venezuela. No hay nada que comprar. El régimen de racionamiento, en el que a cada quien se le vendía una bolsa con lo que hubiera –previa muestra del documento de identidad–, tuvo que cambiarse. El “bachaquero”, un individuo que se las ingeniaba para hacer fila por otros o conseguir varias raciones y venderlas en el mercado negro,  fue contrarrestado con algo peor. Ahora la comida se distribuye en el CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción), ligado al partido en el poder y dirigido por los líderes locales. Una gran tentación para dejar a los opositores sin comer.

Eso cuando llega la comida. Los asaltos a los camiones repartidores proliferan. Se habla ya de hambruna o de la “dieta de Maduro”.

Las primeras señales

La destrucción del sistema productivo de Venezuela tiene varios orígenes. Durante el auge petrolero, Hugo Chávez fue acabando con la confianza del inversionista a punta de expropiaciones. No era raro en su programa de “Aló Presidente”, que apuntara a una fábrica o edificio: la expropiación era instantánea.

Al calificar a las grandes empresas como “enemigas ideológicas del socialismo”, Chávez las hizo quebrar una a una o las nacionalizó. No fue proteccionista: se apoyó en las importaciones para surtir el país, con los excedentes del petróleo como respaldo, explica Linares. A cambio, repartió créditos para fomentar empresas pequeñas y medianas. “Fueron volúmenes enormes, sin control. La gente tomaba el dinero y no se sabía dónde terminaría. Eran dádivas; incentivo electoral. El chavismo aún lo hace, cuando puede”.

Esta política también arrasó con la estabilidad de la banca estatal, pero como es evidente, no hay información. Ni de eso, ni de la inflación. De nada.

El sistema de planificación central, como era de esperarse, provocó graves distorsiones. El maíz blanco, tan vital para los venezolanos como para los mexicanos, pasó de la autosuficiencia al déficit. Las empresas expropiadas comenzaron a ser dirigidas por militares, obviamente ignorantes en economía y administración. “El tamaño del fracaso de las políticas económicas del gobierno se mide en colas”, dice Ángel Alayón, economista y bloguero del sitio Prodavinci.

Pero el error más grave fue el control cambiario, que solo provocó otro mercado negro y descapitalizó a Venezuela. “Era inviable desde que el barril estaba a 100 dólares… [Ahora] amenaza con profundizar la caída de la economía”, escribía Alayón en 2015.

Solo algunos pueden importar con el dólar oficial. De repatriar capitales, ni hablar. Nadie invierte ya. La minería está parada; los servicios, colapsados. Hasta la enorme PDVSA ha dejado de explorar. Sin dinero para importar y con un sistema productivo destruido, el peligro de hambruna es real.

Populismo en el continente

¿Ve Albison Linares señales de que algo así pueda repetirse en el continente? Por el momento no. Lo que perpetuó el chavismo fue la conversión del ejército en partido y luego en poder político y económico. En su opinión, un populista tendría contrapesos importantes, tanto en México como en Estados Unidos.

Sin embargo, si un presidente comienza a gobernar por decreto, a actuar sin planeación, a otorgar dádivas electorales, a aplicar impuestos intempestivamente, ahí están los primeros signos de populismo.

Pero también están las causas. No combatir la desigualdad y la inseguridad desprestigia sin remedio a los partidos políticos. Ello favorece la llegada de un outsider con suficiente carisma para engañarnos a todos.

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