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Actualizado a las 09:00 21/08/2014
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Cómo describir un vino

La jerga de los enófilos es un lenguaje glamouroso, que ha dejado de ser hermético; conoce estos términos para que puedas hablar como un sommelier.

Cómo describir un vino

Cómo describir un vino

POR: Estilo Hoy

La tendencia a participar en catas de bebidas ha desmitificado un poco la descripción de los vinos. Al igual que con las personas hay vinos amables, pesados, nerviosos, nobles, ordinarios, recios, fatigados, tranquilos... Las anteriores no son las únicas analogías que hay entre los seres humanos y los vinos. Existe el carácter “anatómico-forense” de algunas características de este producto, en las que se habla del "cuerpo del vino". Esta palabra (cuerpo) es la mejor para describir la sensación que el vino provoca en su paso por la boca.

El esqueleto. Todo cuerpo debe tener un buen armazón o estructura, porque determina su porte y envergadura. En el vino, el esqueleto lo constituyen las sensaciones más consistentes —taninos y sustancias amargas—, ya que hacen que el vino, que es realmente un líquido, posea cierto carácter sólido.

El cuerpo. Aunque el esqueleto es imprescindible para que el vino dé la talla, es indudable que un cuerpo excesivamente huesudo no suele ser muy atractivo. Es la carne que suaviza el esqueleto, al cubrirlo y mitigar las asperezas, para volver las sensaciones más confortables.

La carne. En sentido estricto, dentro de la carne hay que distinguir entre "músculo" (concentración e intensidad del sabor del vino) y grasas (básicamente glicerina y azúcares). Para redondear el tema, llamaremos “vino delgado” al que presenta falta de carne; “vino austero” al que parece como esas modelos de pasarelas europeas; “vino carnoso” es el que no tiene desperdicio, y “vino untuoso” el que nos hace pensar inmediatamente en los placeres (de la carne).

En busca del vino perfecto
Un cuerpo humano con un buen esqueleto y músculos dista mucho de ser perfecto si le falta nervio. En el vino sucede algo parecido: el músculo y el esqueleto requieren acidez que los anime y les proporcione carácter. Los nervios son una especie de hilos muy frágiles que comunican el cerebro con los sentidos y los músculos. Pues bien, en el ámbito del vino, el nervio, o sea su acidez, proporciona al vino frescura, vigor, animación y vivacidad (en exceso ocasiona que el vino se vuelva nervioso y agresivo).

Por último, después de relacionar el mundo del vino con el cuerpo humano, uno de mis mejores consejos es que cuando tengas el vino en la boca cierres los ojos y trates de pensar en un cuerpo, en vez de buscar descripciones en un diccionario de adjetivos. Es mucho más fácil. Gabriel García Márquez dijo que todos estamos constituidos por un alma y un “almario”. Hoy nos metimos en el “almario” del vino.

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