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Cocina molecular, lo nuevo del mundo gourmet

The Fat Duck, considerado uno de los mejores lugares para comer del mundo, sigue en la cresta de la ola. Su cocina, al igual que la de El bulli de Ferrán Adrià, están en constante movimiento y observación. No por nada se pelean el top one.

02-03-2009, 5:00:00 PM
Cocina molecular, lo nuevo del mundo gourmet
Estilo Hoy

Hoy les presentamos una de las últimas tendencias del mundo gourmet, las comida molecular. Sí, y nada más que con uno de los más afamados chefs especialistas en este tipo de preparaciones, Heston Blumenthal.
 
Este chef británico, autodidacta de formación, es el  dueño The Fat Duck (El pato gordo) en Bray, Berkshire Inglaterra. Considerado como uno de los mejores del mundo, no en vano ha ganado tres medallas Michelin.
 
La prensa especializada, los críticos gastronómicos y él mismo, se ha descrito como un alquimista culinario, por su innovador estilo de cocina. Su trabajo investiga las bases moleculares de compuestos de platos, de manera que permita una mayor comprensión de gusto y sabor. Su originalidad y el método científico que utiliza para la preparación y presentación de sus platos, en el desglose de la cocina molecular, se ha unido a él con otros chefs, científicos y psicólogos de todo el mundo. Su restaurante, The Fat Duck, abierto desde 1995 es uno de los más concurridos y ha sido distinguido con cientos de premios, de hecho, en el 2005 la revista británica Restaurant, lo eligió como el mejor del mundo.
 
Es tal la vocación y el espíritu que Blumenthal le ha impuesto a su cocina, que en julio de 2006, la Universidad de Reading le otorgó el grado honorífico de Doctor en Ciencias, por su dedicada investigación y compromiso con la exploración de la ciencia culinaria.
 
Ahora, su cocina no es simple, pero los sabores y aromas son únicos, casi indescriptibles. El menú de degustación de The Fat Duck, incluye decenas de nuevas experiencias para el paladar como discos de caviar y chocolate blanco, gelatina de ostras con jugo de parchita y lavanda, avena de serpientes, tostadas con sorbete de sardinas y mousse de limón con nitrógeno líquido, por mencionar algunos.



Lo original y lo rigurosos conviven también en cada plato, como si su formula secreta fuera la puesta en marcha de opuestos. Algunos de sus platos se han vuelto clásicos, como Le Porridge déscargot, Le Saumon Poché á la réglisse, o el célebre helado de huevo y panceta.


 


Si quieres visitar el restaurant, debes hacer las reservas por lo menos, con medio año de anticipación, y estar dispuesto a gastar entre 120 y 200 euros por plato.


 

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