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Ciudadanos o bestias, ¿quiénes habitamos la Ciudad de México?

Pareciera que a los habitantes de CDMX se nos olvidó que las ciudades son extensiones del ser humano, que el ciudadano es centro, eje y vehículo del desarrollo urbano.

20-07-2017, 5:40:10 PM
ciudad de mexico

En mis dos últimas participaciones en este espacio me he dedicado a hablar de las problemáticas que los habitantes de la Ciudad de México enfrentamos en nuestro día a día, en específico, me enfoqué en las dificultades que vivimos para movernos y para permanecer secos en épocas de lluvias.

Releyendo mis escritos y preparando esta colaboración he caído en cuenta que, en ambos, al margen de las responsabilidades del gobierno, hay un factor común que no contribuye más que a empeorar la ya de por si caótica situación que se vive diariamente en CDMX.

El factor al que me refiero son sus habitantes y sus pésimas conductas sociales. Listo lo dije, en voz alta, clara y concisa.

Siento si las siguientes líneas ofenden a alguien, pero creo que es momento de apuntar responsabilidades y hacer un ejercicio de autocrítica sobre nuestro comportamiento (que deja mucho que desear, todos lo sabemos), todo con el propósito de aportar, jamás con la intención de descalificar o violentar, buscando generar conciencia y con ello, provocar un cambio, aunque sea mínimo, aunque se trate simplemente de no pisar las rayas de los peatones con mis llantas y si con estas líneas logro que al menos un automovilista pare y respete el espacio del peatón me doy por bien servido.

Y hablo de un ejercicio de autocrítica porque voy a empezar por mí.

Sálvese quien pueda

Llevo poco más de un año de ser “capitalino” (¿será chilango el término correcto?, los gentilicios y apodos made in México aún no los manejo muy bien, dicho sea de paso, con las groserías he tenido mejor suerte) y la verdad, he adoptado dos o tres malos comportamientos: cuando me conviene cruzo a la mitad de las calles, a ratos olvido los buenos modales cuando voy tras el volante, por ser más fácil para mí he andado en bicicleta por las banquetas en una o dos ocasiones.

Las oficinas de Lamudi se encuentran en Reforma, justo frente a un conocido centro comercial cuyo número es 222, como se imaginarán es una zona a la que día a día llegan a trabajar miles de personas provenientes de las más distintas áreas de la gran Zona Metropolitana del Valle de México. Diariamente, en horas pico, la zona parece un área de guerra, peatones tratando de ganarle al Metrobús, autos parados en medio de los cruces viales, vendedores ambulantes obstaculizando las banquetas.

Caos, eso es Paseo de la Reforma, esa hermosa vialidad ideada para recrear los ojos de la otrora Emperatriz Carlota I de México. De Polanco mejor ni hablamos que, es lo mismo, pero en un espacio más reducido.

En la Ciudad de México pereciera que la ley que reina es la de la selva, la del más fuerte, la del más vivo, la del que ve por él, después por él y finalmente por él, sin importar que el de al lado sea niño, mujer o anciano. Nadie importa más que tú llegues a tiempo, tú cruces, tú deseches tu basura, tú, tú y sólo tú.

Pareciera que a los habitantes de CDMX se nos olvidó que las ciudades son extensiones del ser humano, que el ciudadano es centro, eje y vehículo del desarrollo urbano, que para que nuestra ciudad mejore no sólo debemos exigir a las autoridades su parte, debemos contribuir de una manera activa a construirla, participar con compromiso en los retos que enfrenta.

El descontento por la falta de acceso a empleos dignos, a educación de calidad, por la falta de políticas públicas que busquen no contener los problemas sociales, económicos y políticos sino erradicarlos se entiende, créanme en España también vivimos una situación de decepción por la falta de oportunidades, por la falta de transparencia y por la falta de servidores públicos que hagan, justamente esto, servir a la sociedad, sin embargo debemos emanciparnos de la idea del Estado protector, volvernos más activos y no sólo reactivos.

Tirar la basura en la calle, hablarnos con groserías y gritos entre nosotros, no detenernos a ayudar a quien se le cayeron las cosas o incluso cuando una persona cae no son muestras de civilidad y no hacen más que incrementar la neurosis, el mal humor, el mal ambiente de la ciudad.

¿Back to basics?

En la construcción de la ciudadanía del siglo XXI es tarea de todos comportarnos con civilidad, respetarnos.

Ser responsables, solidarios y generosos tendrían que ser metas comunes de todos los seres humanos. Sentir al otro, ver al desconocido, sonreír, dar las gracias, preguntar cómo se encuentra la otra persona, suena simple, pero al parecer es algo sumamente complicado pues nos olvidamos de hacerlo todos los días, así, con nuestro comportamiento hacemos pedazos el concepto de comunidad, de sociedad y urbanidad.

Estoy leyendo el libro póstumo del sociólogo polaco Zygmunt Bauman: Retropía. En esta obra, Bauman plantea que ante la imposibilidad del ser humano por construir utopías, el siglo XXI deja de ver al futuro como aquel escenario donde todo será perfecto, es hacia el pasado donde las sociedades están volteando.

Bajo la lógica “los tiempos pasados fueron mejores”, la nostalgia se apodera de nosotros y pensamos que sólo es necesario mirar al pasado y reproducir las fórmulas que dieron origen y solidez a nuestras sociedades, ¿es ahí donde tenemos que poner nuestra atención?

En su análisis, Bauman es muy certero al apuntar sobre los peligros de la idealización del pasado, después de todo, los caminos recorridos nos han traído hasta este mundo donde nada nos horroriza, donde la inmediatez, lo perenne le ganan a lo profundo, a lo humano, a la memoria.

La realidad es un escenario lleno de exclusión social, política; la desigualdad es el pan nuestro de todos los días, los ciudadanos, los habitantes de cada ciudad del mundo deben retomar la fuerza del “nosotros” claro, pero para construir algo mejor, no algo que ya se hizo y que, al final no dio tan buenos resultados. La cooperación social debe ayudar a construir con igualdad, después de todo la acera no sólo es un espacio público, es una construcción colectiva y la ciudad es un acto que se concreta diariamente.

Humanizar las calles, ese espacio público por excelencia, es nuestra tarea, no la de las autoridades. Busquemos que la civilidad, esa virtud y cualidad social, sea motivo de orgullo en nuestras acciones diarias, que refleje nuestra calidad humana, nuestro interior.

El autor Jaume Molet es socio fundador y actual Director General de Lamudi México.

Nota del editor: Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión y refleja la visión del autor, no necesariamente el punto de vista de Alto Nivel. 

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