A Fondo

¿Qué pierde Estados Unidos si Trump cancela el TLC?

Jaime Serra Puche, ex secretario de Comercio y cabeza del equipo de negociadores del tratado a principios de los 90, asegura que el TCL transformó la región y sería muy doloroso dar marcha atrás.

15-07-2016, 4:53:26 PM
Francisco Martín Moreno y Jorge Arturo Monjarás

Hasta 6 millones de empleos se perderían tan solo en Estados Unidos, si se cancelara el TLC. Las pérdidas para México serían inmensas. Sin embargo, lo peor sería el debilitamiento de la región de Norteamérica ante el resto del mundo. Esto resalta Jaime Serra Puche, ex secretario de Comercio y cabeza del equipo de negociadores del tratado a principios de los 90, en una charla con Francisco Martín Moreno. El TLC transformó la región para siempre y sería muy doloroso dar marcha atrás.

AN: Hay dos Méxicos: antes y después del TLC. Tú eres uno de los constructores del México moderno. Para empezar, ¿cuál era el nivel comercial con Estados Unidos y Canadá antes del TLC?

Antes del TLC, México exportaba 100 millones de dólares (mdd) diarios, de los cuales más de 20% eran por petróleo. El año pasado, las exportaciones fueron de 1,000 mdd al día, y el petróleo era menos de 10%.

Actualmente, las manufacturas representan 80% de las exportaciones; 10% es petróleo y cerca de 6%, agricultura. Esto dice mucho, porque se ha transformado el norte del país y ahora el centro de una manera notable. También se ha transformado el tejido industrial: imagina lo que tiene que pasar para exportar a diario 1,000 mdd: necesitas infraestructura logística, de aduanas, de frontera. Naturalmente, el TLC ha tenido un efecto sobre el ingreso de las familias.

Es un beneficio muy directo, porque si se comparan las entidades que tienen gran concentración de exportaciones, como Guanajuato, Querétaro y Aguascalientes, el ingreso per cápita y las tasas de crecimiento son muy superiores a los del sur del país, donde no se ha desarrollado una vocación exportadora.

Tenemos básicamente tres partes del territorio nacional: el norte, que ya tenía una cierta orientación a la exportación y se consolidó y creció –por la historia de la maquila, que ha tenido sus pros y sus contras–; el centro, que en los últimos 10 años ha crecido, particularmente con la industria automotriz; y la parte que depende de los commodities, que es el sur. La verdad es que ahí tenemos un retraso serio. Cuando lo comparas con el norte y el centro, la diferencia es considerable.

AN: ¿Podríamos decir que el TLC no llegó al sur de México?

No sé si sea correcto. Creo que la vocación exportadora del sur no se ha explotado por múltiples razones, pero en buena medida porque no se ha dado la masa crítica de inversión para instalar infraestructura exportadora.

AN: ¿No suena ilógico que habiéndose podido construir puertos en Oaxaca y Chiapas, donde la mano de obra es más barata, no se haya aprovechado?

Creo que el problema fundamental es de masa crítica. Si perteneces al Consejo de Administración de una empresa que quiere invertir en México y te presentan opciones como Nuevo León o Guanajuato, o una más barata como Chiapas, la siguiente pregunta es: “¿Quién está ahí?” “Pues seríamos los primeros”.

En comparación, en Puebla está Volkswagen y todos sus proveedores. En Monterrey está el fuerte de la industria transformadora. Es un problema que no hemos podido superar y que inhibe la inversión.

AN: Hay un tema también de inversión educativa. Si en el levantamiento de Chiapas de 1994 hubiéramos mandado maestros (buenos), en vez de soldados, sería otra cosa.

Es difícil definir cuál es la causa y cuál el efecto, pero aquí tenemos un círculo vicioso, mientras que en otras regiones del país es virtuoso. 

AN: El TLC no es lo único que no llegó al sur. Hay muchas otras cosas que no han alcanzado a esa región.

Es un problema estructural, más que de comercio. El transporte de Oaxaca hacia el norte puede tener problemas, pero no hay una desventaja enorme. Es un problema de educación, de masa crítica en la inversión, de inestabilidad, de incertidumbre. Todo esto influye en la decisión final de invertir. El fuerte de la inversión extranjera ha sido en productos manufactureros de exportación. Lo que ha causado el crecimiento de la industria ha sido un componente muy alto de inversión extranjera directa, que no se ha ido al sur.

AN: La crítica es que el valor agregado en muchas exportaciones, como las automotrices, es todavía muy bajo en México.

No es el mejor ejemplo, pero sí en el agregado. Para exportar un automóvil hacia el interior del TLC se requiere un componente regional de 62.5%. Eso se negoció en el tratado. Se tiene que haber generado ese valor en América del Norte. Hay otros productos con reglas de origen menos estrictas. Pero es cierto: hay un bajo contenido nacional en las exportaciones mexicanas y, por ende, su efecto multiplicador ha sido bajo.

Mi explicación viene del régimen de maquilas de los años 60, en el cual se tomó la decisión de no abrir la economía, sino abrirla poquito. Se creó el esquema siguiente: te dejo que te instales en el país, donde quieras, pero no puedes vender tus productos aquí. Había cosas tan absurdas como que en México producíamos la Sony Trinitron y no la podíamos comprar. Estaba prohibido para proteger a los fabricantes mexicanos de la competencia de las maquilas.

¿Cuál fue la consecuencia? Se instalaron en la frontera, porque no tenían ningún acceso al consumo nacional. Traían los insumos de fuera, los transformaban y los regresaban. La poca cultura exportadora que se generó con la maquila acabó en la frontera y con un efecto multiplicador muy bajo.

Cuando entra en operaciones el TLC, se empieza a corregir esta distorsión. El porcentaje alto de contenido regional no ha inhibido las inversiones y ha atraído a los proveedores de la industria automotriz. Se ven así clústeres que agrupan a las grandes armadoras con sus proveedores.

AN: A Estados Unidos y Canadá les ha beneficiado también el TLC, por supuesto.

A lo largo de los 20 años de TLC hemos pasado de vendernos y comprarnos mutuamente productos y servicios, a empezar a producirlos de manera conjunta. Hoy en día, en América del Norte se está generando un fenómeno de competitividad muy intenso frente a otras regiones del mundo, porque hay complementariedad entre los factores de producción en Estados Unidos y Canadá –básicamente altos en capital y bajos en mano de obra– y los de México, que son lo contrario.

A lo largo de los años, eso nos ha permitido integrar las economías. Hay una cifra clave: de cada dólar que México exporta a la región, 40 centavos son insumos de Estados Unidos o Canadá. Por cada dólar que exportan los chinos a la región, hay 4 centavos en insumos. El caso de China es lo que se conoce como “outsourcing puro”; el de México es “production sharing” o producción compartida.

En los últimos 20 años, más de la mitad del comercio internacional en el mundo se lleva a cabo bajo acuerdos comerciales similares al TLC. Ya no son países compitiendo, sino regiones. Tenemos que asegurarnos de que en los próximos años América del Norte sea competitiva frente a otras.

AN: ¿Qué pasaría si el TLC se cancelara?

Sería como darnos un balazo en el pie, todos. El número de tratados comerciales creció vertiginosamente en todo el mundo después del TLC. Las razones son múltiples: la Organización Mundial de Comercio (OMC) no ha podido completar las rondas de liberación, hay causas naturales que te invitan a formar una región, etcétera. Si obstaculizamos la competitividad en América del Norte, perderíamos frente a Europa y Asia. Lo que hay que hacer es abrirnos más.

AN: ¡Es una región que vale casi 400,000 mdd al año! ¡El golpe también sería para ellos!

Hay una cantidad de empresas y estados que sufrirían enormemente si se cancela la apertura en la región. Se perderían 6 millones de empleos, nada más en Estados Unidos. Los productos de allá llegarían a México y les cobraríamos impuestos, y ellos a los nuestros. Vamos a crear obstáculos, mientras los europeos seguirán siendo competitivos. Los chinos, que equivalen a una región o más, también.

La red de conexiones en América del Norte se ha desarrollado considerablemente, en términos de puen-tes, vías, carreteras y gasoductos, según muestra un libro reciente. El autor se pregunta: From NAFTA to North American Union? Es decir, analiza si debemos seguir el camino de la Unión Europea.

AN: Si ellos perdieran 6 millones de empleos, no queremos imaginar cómo nos afectaría.

Enormemente, pero tendríamos que buscar alternativas. Los productos se les encarecerían mucho. Por ejemplo, 35% del arancel que cobraran a los autos se iría al precio final. Habría una contracción en el mercado y una disminución del bienestar en la región muy importante. Hay que dejar claro que el TLC es parte de la solución, no parte del problema. Si quieren eso de “Make America Great Again”, tienen que ser competitivos; esto les viene de la región.

¿Quieren que regrese la manufactura a Estados Unidos? No va a ocurrir eliminando el TLC, sino que se va a acentuar, porque al momento de cerrar van a perder ese 40% de componente regional.

Este es un extracto del texto que el autor escribió para Alto Nivel y que podrás consultar completo en la edición impresa de julio. Busca tu ejemplar en los principales puntos de venta, suscríbete en línea o descarga la revista digital. Sigue nuestra conversación en Twitter y Facebook.

 

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