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Brexit: David Cameron y su error histórico

El primer ministro de Gran Bretaña es conocido ahora como el hombre que dividió a Europa, prometió un referendo para ganar las elecciones en 2015, pensando que el Brexit perdería, pero ganó la tiranía de las mayorías.

27-06-2016, 9:28:00 AM
Brexit: David Cameron y su error histórico
Jorge A. Monjarás, director editorial de Alto Nivel

Al día siguiente de ganar la opción de sacar a Gran Bretaña de Europa, la semana pasada, las búsquedas más socorridas en Google en el Reino Unido eran: ¿qué es la Comunidad Europea? ¿Qué pasará si Gran Bretaña deja la Unión Europea? Esto es, una buena parte de los británicos acudió a una de las elecciones más importantes en la historia sin dignarse leer siquiera al respecto: corrió a buscar información cuando la decisión estaba tomada.

Votó el populismo, la ignorancia, el nacionalismo, los viejos, dicen los analistas. Pero vale la pena añadir algo más al diagnóstico. Después de leer y escuchar infinidad de argumentos de los ganadores, hay tres argumentos dominantes entre quienes votaron a favor de la salida:

1. El menos racional, una cantaleta sobre “liberar a Gran Bretaña” y volver a ser independientes, parecido a “Hace a América grande otra vez”. Nacionalismo salido de las tripas, básicamente.

2. El más racional. Hay un grupo importante, el más enterado, al que no le parece bien la tendencia de la Comunidad Europea a seguir cediendo soberanía y poder de decisión a Bruselas. En su opinión, el bloque europeo iba demasiado rápido en su construcción de un solo Estado, o simplemente les parece imposible lograrlo.

3. El francamente xenófobo, que es una mezcla de irracionalidad y rechazo práctico. La migración fue el tema que inclinó la balanza entre los ingleses. En especial, el episodio de la diáspora siria podría haber sido determinante; el rechazo a ver “más musulmanes”, si bien es de todos conocido que la llegada de indios y pakistaníes a Inglaterra es resultado del pasado imperialista británico, no de la unión con Europa.

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El hombre que dividió a Europa

El otro hecho es que David Cameron, el hombre que dividió a Europa, le llaman ya ahora, es responsable de haber forzado este resultado por un pésimo cálculo. Convocó a un referendo para detener el avance de los partidos antieuropeos, en perjuicio de su propio Partido Conservador, y para contener a los antiEU dentro de sus propias filas. No quiso que su partido perdiera votos o se dividiera y, en lugar de jugar los 90 minutos del partido, optó por irse directo a los penalties.

Su error histórico fue prometer un referendo para ganar las elecciones en 2015, pensando que el Brexit perdería, pero que la votación le daría armas para congelar cualquier avance en Bruselas. Perdió y por eso renunció como primer ministro.

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¿Se puede gobernar por referendos?

Abrir un tema a referendo es, pues, un tema en extremo delicado. Aún entre una población que se presume mucho más o mejor educada que la de los países emergentes. En una época en que los argumentos se reducen a frases huecas, en que el más gritón y el que repite mejor las consignas puede ganar una elección, en que la capacidad de atención no va más allá de un párrafo, el votante puede ser perfectamente engañado.

Pero de eso se trataba la democracia representativa. De elegir a los mejores preparados para tomar decisiones difíciles. Por lo menos en teoría. En aquellas primeras discusiones durante la formación de la primera democracia del continente americano, la de Estados Unidos, es conocido el diálogo entre Thomas Jefferson y James Madison respecto de la democracia directa.

Madison, en resumen, era partidario de buscar formas de evitar la “dictadura de las mayorías”, o de una facción mayoritaria. Su preocupación era que en una democracia directa podría ser fácil que una facción tomara las riendas de la nación, en perjuicio de la minoría, aunque se tratase del otro 49% de la población. El diálogo era parte de una discusión entre una Constitución centralista o federalista.

El término “dictadura de las mayorías” sería utilizado posteriormente por Alexis de Tocqueville, en su dura crítica a la democracia estadounidense. El argumentaba que ni los “contrapesos y balances” del sistema en EU habían podido detener esta dictadura.

Porque en la Constitución de EU se habían plasmado la división de poderes (originaria de los pensadores franceses), pero también la creación de un Congreso bicameral, en donde los diputados y senadores se harían contrapeso unos con otros para que no predominara una sola corriente y, por ende, una dictadura disfrazada de democracia. Se supone que el Poder Judicial independiente sería la tercera vía para evitar una tiranía.

Si lo lograron los constitucionalistas en EU o no, es tema de libros enteros. Lo que quiero resaltar en esta ocasión es que el referendo es una puerta abierta a la “tiranía de las mayorías”, es irse a penalties en lugar de jugar todo el partido. Es una forma de que se tomen decisiones con base en quiénes son más, y no de quiénes tienen la razón. Hay que recordar que Hugo Chávez y Nicolás Maduro están donde están por mayoría de votos. La gente se puede equivocar, alegaría Thomas Jefferson, pero con el tiempo enderezarían el rumbo. No si el ganador desarma los mecanismos de la democracia o los altera a su conveniencia.

Gobernar por medio de referendos no es la respuesta, a propósito de esta idea tan popular entre los políticos mexicanos actuales de vendérnosla como un paso adelante en la democracia. Se entiende que ello va de la mano con el desencanto con nuestros diputados y senadores, que no gozan de la confianza ni la simpatía de la gente, según las encuestas. Pero ello se debe a que el sistema autoritario que hemos vivido pervirtió la democracia representativa hasta este punto.

La gente no cree, con mucha razón, en nuestro remedo de democracia representativa. Pero gobernar a través de referendos podría ser un paso atrás, uno muy grande para México.

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