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Qué es el Blockchain: Así funciona la segunda generación de internet

La primera generación de internet se queda corta cuando hablamos de intercambio de bienes, como dinero, bonos, acciones, propiedad intelectual, votos, música, etcétera. Aquí es donde entra el blockchain.

04-08-2017, 6:30:52 AM
internet blockchain

¿Qué pasaría si no sólo hubiera un “internet de la información”, sino un “internet de valor” que facilitara el intercambio de cualquier cosa de valor, desde dinero hasta votos, de manera privada y segura? Eso es blockchain, en esencia.

Para el coautor del libro Blockchain Revolution, Don Tapscott, blockchain es nada menos ni nada más que la segunda generación de internet. La primera generación es el internet tal como lo conocemos hoy en día: un medio para publicar información. Pero cuando se trata de intercambio de bienes, como dinero, bonos, acciones, propiedad intelectual, votos, música, etcétera, la primera generación se queda corta y en su lugar aparece esta “cosa tecnológica” que se ha hecho llamar blockchain.

Blockchain es básicamente una base de datos distribuida. Imagina una enorme hoja de cálculo, en la que se registra toda la información de una transacción: quién le pagó a quién, quién se casó con quién o quién le compró electricidad a qué institución. Esta base de datos se ejecuta en millones y millones de computadoras distribuidas por todo el mundo, lo que permite tener un registro de todo.

Una vez que se introducen los datos (las operaciones, cantidades, fechas y participantes), no pueden borrarse; solo se pueden añadir nuevos registros. Y como los datos son compartidos; es decir, existen copias en las computadoras de cada persona que crea o modifica la información –a la que obviamente no puede acceder sin permiso–, todos los participantes conocen los movimientos y cambios que se han realizado, lo que protege su integridad. Gracias a esta “colaboración masiva”, la base de blockchain es la confianza.

Una característica interesante de esta plataforma es que no se requieren de intermediarios (digamos, bancos o instituciones financieras) que realicen y autentifiquen las transacciones. Parece una victoria, pues muchos intermediarios fueron, en gran parte, los culpables de la terrible crisis financiera global de 2008. Dicho sea de paso: los bancos ni siquiera serían capaces de ejecutar, en tiempo real, los millones y millones de transacciones que blockchain sí puede.

La forma en que funciona es la siguiente: si te quiero transferir 100 pesos, sólo necesito acreditar que tengo una clave criptográfica privada, asociada a una clave pública, la cual demuestra que soy quien digo ser, y con esa clave firmar la transacción. Para recibir el dinero, tú únicamente tendrías que proporcionar la clave pública.

La clave privada contiene toda mi información y garantiza mi identidad, mientras que la clave pública únicamente muestra lo que tú deseas que los demás puedan ver.

Estas claves utilizan lo último en criptografía, por lo que blockchain es una plataforma inmodificable e inhackeable. Además, hay una comunidad de “mineros” (miners) con recursos de cómputo superpoderosos, quienes se encargan de autentificar las transacciones. Tapscott estima que todo el poder de cómputo de Google apenas es el 5% del poder de blockchain. ¡Imagínate!

Por todas estas características, blockchain es hasta ahora uno de los métodos más seguros que existen para crear, modificar, compartir y almacenar información y, según los expertos, impactará la industria de servicios financieros, pero también otros aspectos de la vida.

Imagina que con blockchain se crearan registros de propiedad para saber quién es el propietario de cada inmueble o terreno, así como todas las operaciones de compraventa realizadas con ese bien. ¿Se evitarían muchos fraudes? Lo mismo ocurriría con el registro de automóviles, nacimientos, defunciones, matrimonios, divorcios, historiales médicos y hasta propiedad intelectual.

¿Y si empleáramos blockchain en nuestras próximas elecciones para presidente? Además de que votar por internet resultaría más barato, se garantizaría que una persona no votara más de una vez y, al no haber ningún intermediario que metiera mano en la votación, no sería posible manipularla. ¿Suena como un gran avance, no crees?

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