Estilo de VidaHistorias

Baja California, más allá de Tijuana

Vale la pena rentar un auto, emprender el camino y conocer un estado diferente: hedonista, esencial, emocionante.

15-01-2009, 5:00:00 PM
Baja California, más allá de Tijuana
Estilo Hoy

Una forma de recorrer los caminos bajacalifornianos es siguiendo el Camino Real trazado por los frailes. A lo largo del mismo pueden reconocerse 18 sitios, entre los que destacan la Misión de San Miguel Arcángel de la Frontera, la Misión de San Vicente y la misión de San Francisco de Borja de Adac. Aunque en ruinas, la Misión de Santo Domingo de la Frontera tiene importancia histórica, al tratarse de la segunda fundada por los dominicos en la región.


Un valle donde corre el vino
Viajando desde Tijuana, por la costa del Pacífico, se llega al Valle de Guadalupe. Debe su nombre a que en sus mesetas se asentó la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe del Norte, destruida por los indígenas hacia el año de 1849. Muy cerca de Ensenada, el Valle de Guadalupe ha sorprendido a la comunidad vinícola internacional. Aunque menos famosos que los vinos de Napa, los de Baja California ya han conseguido labrarse una sólida reputación.


A la par de la producción de vino, el Valle de Guadalupe ha conseguido generar una importante oferta turística. Con el vino como principal atractivo, se desarrollan actividades de gastronomía y arte que atraen a muchos visitantes a la región. Un buen momento para asistir al Valle de Guadalupe es en el mes de agosto, cuando en las Fiestas de la Vendimia cada una de las principales casas de la zona (Domecq, L.A. Cetto, Santo Tomás, Monte Xanic, por mencionar algunas) tiran la casa por la ventana y ofrecen cenas de gala, conciertos de música clásica y jazz, y, por supuesto, visitas enológicas y catas de mucho, mucho vino.


Los primeros bajo California
Otra importantísima faceta de las tierras bajacalifornianas, que hace poco tiempo empezó a destacarse ha sido la de sus pinturas rupestres. En la actualidad, parte de este legado se concentra en lugares como El Vallecito, donde se puede encontrar, entre otras, la famosa pintura de El Diablito; la gran piedra cúbica con figuras antropomorfas del kilómetro 57, en la autopista que va de La Rumorosa a Mexicali; el arte rupestre de San Vicente de Ferrer, y Las Pintas, con sus enormes rocas entre dos cerros y sus sobrecogedores dibujos blancos. Animales, prácticas religiosas y decoraciones abstractas son parte de este legado.


Además de esos atractivos, hay actividades en ascenso: el ecoturismo (en el Cañón de Guadalupe y el Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir) las playas naturales (Bahía de San Quintín y San Luis Gonzaga), el avistamiento de aves, delfines y ballenas y una gastronomía sui géneris –con productos del mar, comida china (en Mexicali) y hasta la mítica langosta con frijoles (Ensenada)-. Todo esto hace de las carreteras y los pueblos de Baja California un escenario tan atractivo como la fama de sus ciudades. De verdad, inténtelo: la próxima vez que visite Tijuana, láncese por los caminos fascinantes y misteriosos que se internan en la península.

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Un valle donde corre el vino
Viajando desde Tijuana, por la costa del Pacífico, se llega al Valle de Guadalupe. Debe su nombre a que en sus mesetas se asentó la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe del Norte, destruida por los indígenas hacia el año de 1849. Muy cerca de Ensenada, el Valle de Guadalupe ha sorprendido a la comunidad vinícola internacional. Aunque menos famosos que los vinos de Napa, los de Baja California ya han conseguido labrarse una sólida reputación.


A la par de la producción de vino, el Valle de Guadalupe ha conseguido generar una importante oferta turística. Con el vino como principal atractivo, se desarrollan actividades de gastronomía y arte que atraen a muchos visitantes a la región. Un buen momento para asistir al Valle de Guadalupe es en el mes de agosto, cuando en las Fiestas de la Vendimia cada una de las principales casas de la zona (Domecq, L.A. Cetto, Santo Tomás, Monte Xanic, por mencionar algunas) tiran la casa por la ventana y ofrecen cenas de gala, conciertos de música clásica y jazz, y, por supuesto, visitas enológicas y catas de mucho, mucho vino.


Los primeros Bajo California
Otra importantísima faceta de las tierras bajacalifornianas, que hace poco tiempo empezó a destacarse ha sido la de sus pinturas rupestres. En la actualidad, parte de este legado se concentra en lugares como El Vallecito, donde se puede encontrar, entre otras, la famosa pintura de El Diablito; la gran piedra cúbica con figuras antropomorfas del kilómetro 57, en la autopista que va de La Rumorosa a Mexicali; el arte rupestre de San Vicente de Ferrer, y Las Pintas, con sus enormes rocas entre dos cerros y sus sobrecogedores dibujos blancos. Animales, prácticas religiosas y decoraciones abstractas son parte de este legado.


Además de esos atractivos, hay actividades en ascenso: el ecoturismo (en el Cañón de Guadalupe y el Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir) las playas naturales (Bahía de San Quintín y San Luis Gonzaga), el avistamiento de aves, delfines y ballenas y una gastronomía sui géneris –con productos del mar, comida china (en Mexicali) y hasta la mítica langosta con frijoles (Ensenada)-. Todo esto hace de las carreteras y los pueblos de Baja California un escenario tan atractivo como la fama de sus ciudades. De verdad, inténtelo: la próxima vez que visite Tijuana, láncese por los caminos fascinantes y misteriosos que se internan en la península.

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