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Así es como el sabor del coco mexicano conquista al mundo

Tardó 20 años en tomar vuelo, pero México está cerca de convertirse en uno de los principales proveedores de agua y aceite de coco de EU, el mayor consumidor en el mundo.

16-12-2016, 6:30:41 AM

En los años 40, 50 y 60, la demanda de copra o pulpa seca del coco para producir aceite creció de tal manera en México, que el cultivo de la palma de coco alcanzó las 200,000 hectáreas, siendo Guerrero, Colima, Tabasco, Michoacán y Oaxaca los principales estados productores. Hoy se habla de poco más de 80,000 hectáreas, pero la realidad es que solo hay cerca de 20,000 hectáreas productivas, el resto no se contabiliza porque no se explota su potencial, tienen menos de 10 palmeras por hectárea, las plantas son viejas (más de 30 años) y han reducido su producción, o son utilizadas para sembrar cultivos más rentables y con mayor demanda, como la caña de azúcar, la papaya, el plátano y el limón.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué se desplomó la producción de coco en el país? En los años 70 y 80 hubo una crisis, debido a un deterioro en los precios que se pagaban a los productores, como consecuencia del crecimiento del intermediarismo como forma de comercialización, así como por el incremento en los costos de producción, que afectó el mantenimiento de las plantaciones (se disminuyeron los niveles de fertilización y se desatendió el control de malezas, plagas y enfermedades). Además, alrededor del 40% de las plantaciones rebasaban los 30 años de edad, lo que también redujo la productividad.

A esto se vendría a sumar una disminución en el consumo de aceite de coco en Estados Unidos en los 80 y 90, debido al interés comercial de este país por incentivar el consumo de sus propios aceites, como el de soya. Fue así que lanzaron una campaña contra del aceite de coco, fundamentada en su alto contenido de grasas y ácido láurico, lo que afectó a los productores de coco más importantes del mundo, como Filipinas, Indonesia, India, Sri Lanka, Brasil, Tailandia, Papúa Nueva Guinea, Malasia, Vietnam y México.

En nuestro país, muchos productores —la mayoría pequeños— dejaron de sembrar palma de coco para migrar a cultivos con mayor demanda. Otros más abandonaron las tierras de cultivo y eso hizo que muchas plantas murieran a causa de plagas, como el picudo negro y enfermedades como el amarillamiento letal, que acabó con todas las palmas de coco del Atlántico. Así se fue degradando la industria.

El nuevo boom

Tuvieron que pasar poco más de dos décadas para que esta industria se recuperara y levantara nuevamente el vuelo. El descubrimiento de que el agua de coco es benéfica para la salud, al contener alta cantidad de potasio, aminoácidos y vitaminas, detonó su consumo, principalmente en Estados Unidos —el mercado más grande del mundo— y Europa.

Los países más beneficiados de este nuevo boom cocotero fueron: Filipinas, Indonesia, India, Sri Lanka, Tailandia, Malasia y Vietnam.

En México, el boom inició en 2010, con la llegada de algunas marcas de agua de coco asiáticas (Tailandia), estadounidenses y brasileñas.

Posteriormente surgirían marcas mexicanas, producidas por empresas locales, como Valle Redondo (Coco Dream), Coco Colima (A de Coco), TerraFertil (Coco!Nut Water), Calahua (AcapulCoco) y Comercializadora del Valle de Lerma (Coco Niau).

De entre todas ellas, Coco Colima, con su marca A de Coco, es el mayor productor de coco del país. Cuenta con cerca de 2,000 hectáreas de palma de coco y trabaja con más de 1,500 familias productoras de este fruto, que le permiten alcanzar las 10,000 hectáreas de palma de coco, casi la mitad de las hectáreas productivas que existen en el país.

La empresa, de origen familiar, es dirigida por Carlos Malcher e Iñaki Saiz, dos jóvenes empresarios que en 2014 lanzaron la marca A de Coco, que ya comercializan en España, Israel, Colombia y Chile. Iniciaron envasando agua de coco, después produjeron aceite, leche, mantequilla, harina y cereal de coco.

Para ello, construyeron una planta en Armería, Colima, donde dan trabajo a más de 400 personas. Ha sido tal el éxito de estos emprendedores que han tenido que salir a buscar su materia prima a estados como Guerrero y Oaxaca.

¿Qué viene hacia delante para Malcher y Saiz? Consolidar la marca en los países donde están presentes y seguir innovando, desarrollando nuevos productos. Pero el reto mayor es entrar a Estados Unidos, un mercado 50 veces más grande que el de México, donde existen más de 15 marcas de agua de coco, la mayoría de ellas asiáticas.

“Es el gran mercado para todos los productores y estamos buscando alianzas con distribuidores que ya están en ese mercado; creemos que tenemos todo para hacernos de una buena rebanada del pastel, ya que los productos que se comercializan en ese país son de mala calidad, no son 100% agua de coco, sino una mezcla de agua de coco, agua natural, azúcar
y conservadores, que no son benéficos para la salud”, explica Saiz, de Coco Colima.

 

Innovar y desarrollar

Esta industria no está tan desarrollada en México como en otros países. El principal reto que enfrenta es el desarrollo de los productores de palma de coco, que está conformado por familias del campo, pequeños ejidatarios que no tienen los recursos económicos, la tecnología y los conocimientos para hacer más productivas sus tierras.

El gobierno federal, a través de la Sagarpa, ha otorgado incentivos a proyectos de inversión en infraestructura y equipamiento para reactivar la producción del coco. De hecho, se creó el Programa Estratégico para Impulsar la Cadena de Valor del Cocotero, que considera 12 estados de las costas tropicales, y Guerrero ocupa el primer lugar en producción de palma de coco. En agosto de 2014 se constituyó en ese estado el primer Agroclúster de Palma de Coco del país, que actualmente beneficia a 2,500 productores y en el que operan 12 empresas y asociaciones civiles.

En este Agroclúster se establecieron viveros para producir las plantas de coco de alta genética y se trabaja en el mantenimiento de la planta ya sembrada.

La iniciativa privada también está haciendo su parte. Empresas como Coco Colima apoyan con tecnología y capacitación a los productores con los que trabajan, que producen plantas resistentes a las plagas y más productivas, a partir de experiencia y aprendizaje en sus propias plantaciones.

“Los apoyamos con viveros para producir plantas resistentes, con lo que esas plantas resultan más productivas. También los asesoramos y capacitamos para hacer cultivos orgánicos y controlar las plagas sin el uso de plaguicidas”, menciona Saiz.

Por su parte, el director comercial de Coco Colima dice que el país tiene gran oportunidad de regresar al top ten de los países productores de palma de coco.

“Actualmente, nuestro país ocupa el lugar 11 en producción de palma de coco a nivel mundial y el séptimo en copra, pero los países asiáticos atraviesan por una crisis, pues sus plantaciones están envejeciendo y su productividad cae. El amarillamiento letal también está haciendo estragos, por ello México debe aprovechar está situación”, señala el ejecutivo.

 

Este es un extracto del texto que el autor escribió para Alto Nivel y que podrás consultar completo en la edición impresa de diciembre. Busca tu revista en los principales puntos de venta, suscríbete en línea o descarga la revista digital. Sigue nuestra conversación en Twitter y Facebook.

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