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Así opera el ejército de niños que llena de odio Facebook y Twitter

Los menores de edad se han convertido en presa fácil de los grupos que incitan y promueven la violencia, pues, en busca de información sin restricciones, entran en la red de una industria millonaria que lucra con el odio. Te explicamos cómo funcionan.

28-02-2017, 6:30:35 AM
Foto arte.

Por Nayeli Meza y Darinka Rodríguez 

“Mañana haré una masacre en mi colegio”. Fue el supuesto mensaje que Federico, de 15 años, publicó el 16 de enero de 2017 en el cibergrupo de Facebook Legión Holk, la noche antes de tomar un arma, entrar a su salón de clases en el Colegio Americano del Noreste y disparar en contra de tres de sus compañeros y su maestra.

La Legión Holk es una de las 200 mil cuentas que tiene detectadas la Policía Cibernética de la Secretaría de Seguridad Pública y que se encargan de reclutar a menores de edad para engrosar las filas de un ejército que rinde culto al odio y a la violencia en México.

Los niños y adolescentes son el blanco favorito de esta clase de grupos, cuyo objetivo es fomentar ideologías radicales y hacer que las adopten como algo natural. Las pocas restricciones para abrir una cuenta en Facebook y Twitter han incentivado a que los menores de edad puedan acceder a una red que lucra con el miedo.

Estas páginas son operadas por adultos que buscan aprovecharse de situaciones de emergencia para generar pánico entre la sociedad y, aunque muchas incitan a cometer delitos, no todos llegan a concretarse, explica Carlos Brito, director de Incidencia de la organización Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D).

El primer paso para viralizar una ideología radical es a través de hashtags. Se contratan a decenas de cuentas para mencionar el tópico y, una vez que logra moverse de manera orgánica, se monetiza el servicio. Esta clase de estrategias van desde la promoción de alguna figura política hasta la creación de una campaña en contra de alguna minoría.

“Estos grupos se alimentan de intermediarios que actúan como narcomenudistas. Poco a poco posicionan campañas y a cambio cobran cierta cantidad de dinero. Son varios grupos que cambian de manera constante de usuario, crean y desaparecen muchas cuentas”, dice el director de Incidencia de R3D.

Estas páginas nacen y mueren tan rápido como la coyuntura lo requiera. Su objetivo es sencillo: cumplen con su función al colocar determinado tema en tendencia para después monetizarlo.

Cada día surgen nuevas cuentas, pero su vida efímera complica la obtención de información para saber cuántas en realidad existen en el país. “Es una industria que vale millones, pero es difícil obtener una estimación del valor real”, reconoce Brito.

 

La misma semana del atentado en la secundaria de Monterrey, el reportero Manuel Garza elaboró una investigación en el diario Red Crucero en donde, gracias a un experto en informática, logró descifrar cómo operan los administradores de estas cuentas. (Puedes leer el artículo completo aquí).

Garza explica que muchas veces se trata solo de dos emisores que están en una misma habitación. Uno se encarga de lanzar el anzuelo al anunciar de alguna masacre u acto violento, mientras otro intenta convencerlo de que no lo haga.

“Como nadie sale a validar los mensajes y nuestras policías no están preparadas para esta clase de eventos, es fácil jugar”, dice el whitehacker (hacker con ética) Jean Villarreal a Manuel Garza.

Villarreal precisa que el primer paso para determinar que son adultos los que controlan estos grupos es la forma tan correcta de expresarse y el lenguaje no común ni repetitivo como el de los niños y adolescentes. Al experto le tomó tres horas ubicar a los emisores y el costo por hacerlo fue de 11 mil pesos.

Para Brenda Medrano Muñoz, experta en psicología infantil, el problema no son las redes sociales, es la segmentación y homogeneización de la información que se comparte en estas plataformas.

“Existe un fenómeno social que ha penetrado en todas las esferas: la naturalización de la violencia. Cuando un niño o adolescente entra a estos grupos de odio se genera el efecto de la cámara de eco”, dice la también Maestra en psicoterapia infantil por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Se define como cámara de eco a un fenómeno en redes sociales en donde la información, ideas o creencias se repite entre una comunidad de usuarios y las visiones diferentes se omiten o representan una minoría.

 

El silencio de los responsables

Facebook y Twitter son los principales canales de propagación de información entre los cibernautas, y el acceso que se tiene es inmediato y con débiles restricciones.

Varios estudios respaldan que la hostilidad y la violencia son la constante en redes sociales, sobre todo en Twitter. Un reporte de la Universidad de Texas demuestra que el 38 por ciento de los tweets están creados para molestar, insultar o amenazar a alguien.

La División Cibernética de la Policía Federal bloquea y desaparece cuentas de Twitter, el problema está en que solo lo hace de manera anual y sin el uso de un algoritmo.

Aunque las redes sociales cuentan con restricciones para menores de edad, los niños y adolescentes muchas veces dan información falsa sobre el año de su nacimiento.

Twitter no cuenta con políticas de restricción de edad, mientras que Facebook no permite que los menores de 14 años abran un perfil en esta red. 

El mayor número de cibernautas (23.6 por ciento) tiene entre 12 y 17 años, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

El equipo de Alto Nivel solicitó un comentario a ambas empresas, pero tanto Facebook como Twitter se limitaron a responder con un extracto de sus reglas de convivencia.

“En Facebook queremos que las personas se sientan seguras usando la plataforma y por eso hemos desarrollado estándares comunitarios que prohíben cualquier actividad que incentive o promueva la violencia en nuestra plataforma. Tenemos herramientas que permiten reportar cualquier contenido en la plataforma, y eliminamos estos contenidos en cuanto estamos al tanto de los mismos.  Las normas comunitarias las pueden encontrar en nuestro centro de ayuda.”

Sobre grupos que promueven e incentivan la violencia, esta es la postura de Twitter:

“Las reglas de Twitter prohíben, entre otros, la instigación y promoción a la violencia. Una vez reportadas, las cuentas que incurren en esas conductas –bien sea a través de mensajes o etiquetas– son accionadas por nuestros equipos. Lo anterior incluye la posibilidad de suspenderlas de manera definitiva. Por otra parte, nuestros equipos trabajan de forma continua para detectar cuentas automatizadas que violan nuestras reglas.”

Asimismo, se solicitó durante más de un mes una entrevista con el Departamento de Investigación Forense de la Policía Cibernética de la Procuraduría General de la República (PGR) para conocer los procedimientos que realizan para la detección y bloqueo de las cuentas. Sin embargo, hasta el cierre de este reportaje no se obtuvo respuesta.

Sin solución a la vista

En octubre de 2015, el senador Omar Fayad presentó una polémica iniciativa para crear  Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos Informáticos, redactada en colaboración con la Policía Federal, pero que estaba llena de inconsistencias en su redacción y que finalmente fue desechada.

Uno de los puntos que causó más polémica fue lo que sí se consideraba un delito o no en la red. En ese sentido, aunque existen muchas conductas indeseables en internet, no todo lo que se hace ahí son delitos que se persigan.

La medicina para esta enfermedad, es compleja. Si las empresas toman medidas de autorregulación se afecta a terceros.

Cuando Facebook se despidió del anonimato y pidió autentificación de identidad, esto afectó a activistas en Siria, personas transgénero y otros proyectos bajo la promesa de que eso frenaría la violencia mostrada en esta red.

Bloquear las cuentas que amenazan tampoco ha demostrado ser una solución a los problemas de intimidación.

La violencia seguirá existiendo. No es un problema que se pueda cortar y simplemente desaparecer, asegura la psicóloga infantil Brenda Medrano Muñoz.

Para la especialista, lo que ocurrió en la secundaria de Monterrey deja muchas interrogantes sobre la construcción del tejido social. Sin embargo, culpar a las autoridades, redes sociales o a la familia no es la solución. Aunque Medrano insiste en que cada una de las partes debe asumir la responsabilidad que les corresponde, no solo para este incidente:

“Los niños y adolescentes ven a la violencia como una opción para alcanzar notoriedad entre su grupo de amigos. Pero, si desde casa les damos las herramientas para que puedan distinguir entre lo que es bueno y malo, estaremos educando a grandes seres humanos.”  

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