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Así es como México sobrevivió a los primeros 100 días de Trump

La promesa de que México pagaría por el muro o la salida de Estados Unidos del TLCAN no se cumplió, al menos, no en los primeros 100 días de la era Trump. ¿De qué más se salvó este país?

03-05-2017, 6:40:52 AM
trump
Reuters.

Por unas semanas pareció que Donald Trump podría, finalmente, aceptar la realidad con respecto a México. Por una parte, que afectar gravemente (peor, cancelar) el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) impactaría negativamente en la economía de Estados Unidos (más a México, claro, pero eso no le interesa a Trump). Segundo, que México no pagaría por esa idiotez tan personal suya que es la extensión del muro fronterizo (idiotez dado lo costoso que sería e inútil en lograr el objetivo de reducir la migración ilegal).

Resultó que no es así. Ocupa el Despacho Oval, pero sigue razonando como el hombre de negocios blofero y tramposo que siempre ha sido. La amenaza que se sacó de la manga fue que estaba considerando seriamente firmar el retiro de Estados Unidos del TLCAN.

Esto es legalmente cuestionable si tiene la autoridad para hacerlo (puede argumentarse, basado en la Constitución, que requeriría del aval del Congreso), pero la posibilidad cabe. El hecho es que es creíble que Trump, igual que lanza un tuit en plena madrugada, en un arranque convoque a cámaras y micrófonos a la Casa Blanca para que atestigüen la firma.

Lo que puede suponerse, y al parecer ocurrió, es que los empresarios estadounidenses transmitieron a Trump la sandez que implicaría, para su economía, semejante acción. Todo hace pensar que se escudó en las llamadas que, dijo, le hicieron el presidente Peña y el primer ministro Trudeau para justificar que, bueno, se buscaría una renegociación del Tratado antes de considerar cancelarlo. Pero la espada de Damocles quedó colgando en el aire, y ahí seguirá por un tiempo significativo.

Lo del susodicho muro es similar. A todo el mundo le quedó claro que México no aportará un centavo para su construcción. Tan evidente que el Congreso aprobó un presupuesto que incluye más dinero para protección fronteriza, pero que no puede gastarse en dicha construcción. Esto es, la clase política estadounidense entendió lo que era obvio. Todos, esto es, menos Trump, que sigue fantaseando que México pagará, en algún momento en el futuro, en alguna forma, el todavía hipotético muro.

Lo que es evidente es que no puede confiarse en Trump. Lo acaban de comprobar los canadienses. Se suponía que los amenazados comercialmente por el presidente estadounidense eran México y China. Pues en la última semana de abril impuso un impuesto de hasta 24% a la importación de maderas canadienses. La acción fue al parecer una respuesta por los elevados impuestos que algunos lácteos estadounidenses deben cubrir al entrar a Canadá. En resumidas cuentas, esto es lo que podría desembocar en una guerra comercial, o al menos muestra la disposición trumpiana de jugar rudo.

Con México no la tiene tan fácil, porque mucho producto que el país exporta al norte tiene un elevado contenido de materia prima estadounidense.

Respecto a China, Trump está de luna de miel desde que se encontró con el presidente Xi, aparte de que necesita a China en la confrontación con Corea del Norte.

¿Qué puede desearse? Que los funcionarios mexicanos estén mintiendo sobre las futuras negociaciones del TLCAN. Dicen en público que esperan acuerdos rápidos que serán beneficiosos para los tres países. Ojalá que en privado estén arrastrando los pies y haciendo mucha pachorra (una especialidad mexicana, finalmente) buscando comprar tiempo para que Trump se convenza, por los intereses de su propio país, que no le conviene afectar las cadenas productivas manufactureras entre México y Estados Unidos (aparte de aquellas existentes con Canadá).

Porque lo que se sabe es que Trump es mercurial e improvisado. Se avienta como el ‘Borras’, sin temor a equivocarse. Gusta de las llamadas soluciones extremas, de los “botones nucleares”, que no duda en presumir en público (con el dedo cerca del botón) como una amenaza latente.

Por ello la estrategia debe seguir siendo la misma que cuando tomó posesión: comprar tiempo, darle cuerda con la esperanza de que se tropiece o ahorque solo. Al mismo tiempo, estar preparados (en la medida de lo posible) para sus improvisaciones y exabruptos. ¿Realmente le llamó el presidente Peña para pedirle que no cancelara el TLCAN? No se sabe, y finalmente no es importante; la clave fue que ello permitió a Trump salvar un poco de cara frente a su electorado.

Por desgracia, a los tan cacareados 100 días de gobierno, se comprueba que Trump es tan malo como se esperaba. Más vale suponer que lo seguirá siendo.

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