Opinión

A favor de la nueva obra en Chapultepec, pero…

Construir un Centro de Transferencia Modal era necesario, sin embargo, la duda es si el gobierno de la ciudad ofrecerá un resultado en el que los ambulantes no encuentren dónde ponerse después de la remodelación.

08-08-2016, 5:08:20 PM
A favor de la nueva obra en Chapultepec, pero…
Jorge Arturo Monjarás

No parecen haber muchas razones para oponerse al proyecto de renovación del Centro de Transferencia Modal (Cetram) de Chapultepec. La nueva obra, que implica una inversión de 3,000 millones de pesos, renovaría este centro que interconecta al Metro Chapultepec con 27 líneas de transporte colectivo hacia diversos puntos de la Ciudad de México y la Zona Conurbada.

Hay que empezar por el hecho de que ese parador era una zona grotesca y maloliente, infestada por el comercio ambulante. A la altura del Metro, el usuario tenía que abrirse camino por entre decenas de puestos ambulantes, que vendían desde garnachas hasta discos y programas piratas. Hagamos un experimento sensorial. Para el olfato, el Paradero Chapultepec era aceite quemado y comida en diversos grados de descomposición, así como el aroma pungente de la basura y el persistente olor a gasolina y gases producto de una mala combustión. Para el oído, el estruendo de los motores de cientos de colectivos y autobuses sólo se veía superado por los gritos de “súbale, súbale” (¿de verdad son necesarios, es decir, si no le gritan a la gente no se sube?) y la música pirata tocada en bocinas rotas a niveles de obvia distorsión. Para la vista, el paradero Chapultepec ofrecía una de las zonas más feas de la ciudad, sin duda.

El trayecto del propio paradero de autobuses, que da a la Estela de Luz, está prácticamente cerrado a vehículos particulares desde hace mucho, y es particularmente oscuro en la noche. Parecía mentira que esta zona estuviera tan cerca de nuestro orgullo chilango, Paseo de la Reforma.

Cuando todo esto fue retirado, hace unos meses, la sorpresa fue agradable: quedó a la vista un pedazo de terreno que podría resultar vivible, debajo de aquellas lonas y puestos metálicos. Luego vino la razón, si bien el proyecto era conocido desde 2014: la construcción de un Cetram en varios niveles, con un estacionamiento subterráneo amplio, además de la famosa torre de 41 pisos, para oficinas y un hotel.

Este proyecto era parte del famoso segundo piso de Chapultepec, ese que quería construir un parque con zonas comerciales arriba de la avenida. Sin embargo, así como aquel proyecto dejaba muchas dudas, el nuevo Cetram no parece negativo. Antes bien, ofrece la oportunidad de que miles de personas se muevan hacia sus trabajos y hogares en un lugar mucho mejor que el anterior, más seguro y, por supuesto, más formal (de esos que pagan impuestos).

Argumentar que la obra se construye en parte del Bosque de Chapultepec es francamente mentiroso: los terrenos que toca están separados de la primera sección desde hace mucho, y por una vía rápida. Eran una serie de islotes que nadie podía usar, ni caminar, ni apreciar; eran un limbo urbano.

Alegar que hay que oponerse porque se usan terrenos públicos para concesionarse a particulares es creer que no tenemos memoria ni discernimiento. Estos terrenos ya estaban concesionados a una clase de inversión privada, la más explotadora, improductiva y chafa: la del comercio ambulante. Esos terrenos no eran “nuestros”, eran de ellos y se beneficiaron a su antojo por años, sin dejar un solo beneficio a la ciudad, a menos que te parezca que sus tacos de suadero eran un patrimonio cultural de la humanidad.

Habiendo votado a favor, la duda es que el gobierno del DF ofrezca un resultado tan bueno como lo tiene comprometido. Francamente preocupa que los ambulantes encuentren dónde ponerse después de la remodelación y que esta obra no se inscriba dentro de la intención de la Secretaría de la Movilidad de desechar los microbuses a favor de un transporte de mejor calidad.

También, que respete de algún modo a la que llaman la fuente más antigua de México, una bella construcción del virreinato que se encuentra en uno de esos islotes abandonados, cercados por el comercio ambulante y los microbuses.

La obra es una buena idea, esperemos que los intereses de siempre no la echen a perder.

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