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¿A Ana Gabriela Guevara no le duelen los golpes?

Después de la agresión de la que fue víctima la medallista olímpica, el tema ha rebasado los límites de una investigación judicial y se ha convertido en un debate nacional en el que la víctima ha sido reiteradamente atacada.

19-12-2016, 2:32:27 PM

“No va a cambiar nada. Yo no hice nada”, declaró una valiente Ana Gabriela Guevara cuando en la entrevista publicada el pasado viernes en El Universal le preguntaron si cambiaría aspectos de su vida, como usar escolta, después de la agresión que sufrió hace unos días a manos de cuatro sujetos en la autopista México-Toluca, y que se volvió una de las principales noticias nacionales de estos días gracias a su denuncia y a su situación de figura pública.

Porque sí, es necesario recordar y subrayar que el caso de la exvelocista y senadora no es aislado, sino representativo de un país donde la violencia hacia las mujeres es altísima y el machismo está socialmente muy arraigado. Es por esto último que —al igual que sucedió con el también mediático caso de la periodista Andrea Noel en marzo pasado—, se observaron en redes sociales comentarios de odio culpabilizando a la exvelocista, minimizando o trivializando los hechos: “Qué pena por ella, pero es que la gente ya está harta de los políticos”, “La verdad es que no parece mujer, era fácil la confusión”, “sólo porque es famosa las autoridades se ocupan” y los peores, aquellos comentarios que celebraban usando el hashtag que llegó a ser tendencia nacional #GolpearMujeresEsFelicidad.

Este tipo de reacciones contra una víctima de violencia de género tiene nombre: Revictimización, y no sólo se da a nivel social, sino en el entorno familiar, institucional e incluso por los medios de comunicación, y puede generar un daño igual o mayor al provocado por la propia experiencia violenta original que ésta sufre.

Cuando una mujer se atreve a denunciar ante un ministerio público violencia física o sexual y el trámite es sumamente burocrático, cansado, o las autoridades que tienen contacto directo con ella muestran actitudes de incredulidad, poca sensibilidad y empatía hablamos de revictimización institucional. Por ejemplo, cuando quien te toma la declaración te pregunta qué vestías, indirectamente refuerza la creencia de que tienes un grado de responsabilidad según el atuendo que elegiste para salir a la calle.

O cuando la propia familia, núcleo primario donde la víctima busca refugio y comprensión, recibe comentarios del tipo “¿Ves? Por eso te digo que no andes sola en la calle” “Es que por como te vistes provocas que te falten al respeto” “¿Qué le hiciste a tu marido para que se enojara y te pegara?”. O sea, se refuerza la idea de que la mujer es la que incita la violencia que recibe.

En el caso de Ana Gabriela, además, permite exponer cómo, al final, estés dentro o fuera del estereotipo de “feminidad”, terminas de la misma manera siendo culpabilizada. De ahí la raíz de la declaración de la hermana del agresor ya identificado que considera válida la justificación: “No se dieron cuenta de que era mujer”.

Y este mismo caso ha dado un vergonzoso e insultante ejemplo de revictimización en medios de comunicación que trivializa y minimiza el problema; el columinsta de Milenio, Álvaro Cueva, publicó al respecto que la violencia contra las mujeres es “un cuento que mandar al diablo porque otros sectores de la población también sufren violencia”, con tono superficial y bajo argumentos sobre los fallos en el sistema de justicia, calificó a la senadora de “soberbia” por denunciar públicamente y sentirse con derecho a ser atendida, por lo que, a su parecer, son “lógicas” las subsecuentes expresiones hirientes en redes sociales que ella recibió. El enojo hacia las autoridades y el sistema judicial por ningún motivo debería enfocarse hacia las víctimas. ¿O por ser figura pública le dolieron menos los golpes a Ana Gabriela que a cualquier otra persona?

Sobre estas expresiones de odio ella también se ha pronunciado, diciendo que le dan más fuerza para continuar con su denuncia, por ella y por todas las mujeres que callan. Ana Gabriela es una mujer echada para adelante, fuerte y consciente de que la culpa de la agresión es siempre del agresor, SÓLO del agresor, y ese es el principal mensaje que su testimonio deja, invitándonos a vernos en un espejo: ¿Cómo cada uno de nosotros nos comportamos cuando una víctima se atreve a denunciar este tipo de delitos? ¿Somos parte de la solución o del problema?

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