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¿Por qué tiemblan los emergentes?

Con las revueltas en Túnez, Egipto y Libia, se vuelve a poner un tema sobre la mesa que afecta la inversión: el riesgo geopolítico.

23-02-2011, 1:53:39 PM
¿Por qué tiemblan los emergentes?
Ignacio de la Torre, director en Finanzas de la IE Business School.

Hace un par de meses Egipto se consideraba un país más seguro que España, a tenor del precio del riesgo que marcaban la protección frente a impago de ambas naciones (CDS). En Noviembre a España se le exigía unos 300 puntos básicos como precio de su riesgo para cubrir un eventual impago soberano. A Egipto se le pedía mucho menos, 200 puntos básicos. Sin embargo a raíz de las revueltas en las que se vio involucrado, a Egipto se piden unos 400 puntos básicos, mientras que a España unos 150. Esto significa que al día de hoy, el país de la península ibérica es menos arriesgado que el africano.

¿Qué hay detrás de este paradigma? Como indicaba la columnista del Financial Times Gillian Tett la semana pasada, si entre 2007 y 2009 se redescubrieron el riesgo de liquidez, el riesgo de crédito y el de contrapartida, los sucesos de Egipto han vuelto a poner sobre el tapete un riesgo siempre ignorantemente ignorado por los financieros, el riesgo geopolítico.

Ya desde la Primera Guerra Mundial, cuando la crisis diplomática era mayúscula y las movilizaciones pre-bélicas se evidenciaron, los financieros pagaban precios máximos por los bonos de los países que iban a entrar en guerra, como ilustró en su momento el historiador británico Niall Ferguson.

 

¿Por qué está de vuelta el riesgo geopolítico?

 

La respuesta estriba en los precios de los alimentos. Aunque el dato oficial de inflación pueda situarse en un 3.9% en México, la realidad es que el peso de la cesta de alimentos en un pobre es mucho mayor que en una persona de clase media. Dado el incremento acusado de los precios de los alimentos durante los últimos meses, la inflación de un pobre es muy superior al 3.9% que marcan las estadísticas.

En los países emergentes, al existir una menguada clase media y enormes masas de población en situación de pobreza o cuasi pobreza, la tensión social que generan los precios de los alimentos es enorme. Al no existir en muchos casos democracias para canalizar el descontento, ni tampoco una clase media fuerte que proporcione estabilidad social, esta situación puede evolucionar en revueltas generalizadas como las vividas en Túnez, Egipto y Libia. De hecho, como indicaba el Wall Street Journal la semana pasada, en Egipto los alimentos representan el 40% de la cesta “media” de IPC; en China, un 30%. Porcentajes similares se alcanzan en otros países de Oriente Medio, Pakistán (potencia nuclear) o Ucrania (también con capacidades nucleares).

En la OECD el peso de los alimentos es de un 8%. Una posible solución estriba en una revaluación planetaria de divisas emergentes históricamente ligadas al dólar, frente a la divisa norteamericana, y por lo tanto indirectamente frente al euro y al yen. Este movimiento abarataría las importaciones de los emergentes y reduciría las tensiones inflacionistas, a costa de que los países occidentales ganen cuota de mercado en exportaciones, lo que afectaría al poderoso lobby de empresas exportadoras de los emergentes, que tendrían que reaccionar con despidos, provocando otro foco de tensión social.

Este 2011 será el año en el que el riesgo geopolítico vuelva a ser clave en la formación del precio de un activo en un país emergente. La recuperación económica en los Estados Unidos y en Europa vendrá pareja de subidas de tipos a finales de año, lo que provocará repatriación de fondos occidentales desde los mercados emergentes. Observaremos una dicotomía: un fuerte crecimiento económico en los países emergentes muy probablemente coetáneo a una corrección en sus mercados financieros (dicotomía que ya ha ocurrido en China unos cuantos años). La ascendente inflación emergente y las agresivas subidas de tipos que provocará acelerarán este proceso.

Con los precios del trigo o de la soja disparados, una demografía muchas veces en ebullición, enormes masas de población joven en desempleo, niveles de desigualdad a niveles históricos (se pueden medir por el coeficiente de Gini), una corrupción que estratifica las clases sociales y unos nuevos medios de comunicación que exponen las desigualdades, la corrupción, y la movilización espontánea, habrá más revueltas, y más caída de regímenes. Los daños colaterales pueden ser puntos estratégicos que puedan verse afectados por estos posibles sucesos (petróleo saudí, gaseoductos egipcios, estrecho de Ormuz, canal de Suez…).

Como expuso Alexis de Tocqueville en su Democracia en América, todo ser humano anhela y lucha por su libertad y por la igualdad. Ese proceso se inició en Occidente en 1776. En muchos países emergentes autoritarios, está aún por llegar, pero la historia es inexorable.

Por eso tiemblan las autocracias emergentes.

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