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La primera dama, una figura estratégica

Ser primera dama debe ir más allá de ocupar espacios en la prensa rosa; esta figura debería representar el terreno ganado por las mujeres y un papel inteligente y equilibrado en sus actividades.

13-04-2016, 10:24:23 AM
La primera dama, una figura estratégica
Fernanda Ramírez*

Este lunes, el presidente Enrique Peña Nieto inició una gira internacional de seis días, en la que visita Alemania y Dinamarca. El primer mandatario viaja acompañado de los titulares de Energía, Educación, Economía, el gobernador de Yucatán Rolando Zapata, el presidente del senado Roberto Gil, y por supuesto de su esposa Angélica Rivera.

Digo por supuesto, ya que en todo el mundo y en México las esposas de los mandatarios, pese a no haber sido elegidas por el electorado ni tener un cargo político como tal, cumplen con un papel protocolario en el que, de acuerdo en cómo manejan su imagen, actúan como acompañantes, sobre todo en viajes o recepciones oficiales, independientemente de no tener obligaciones legales.

¿Cuál ha sido el rol de las primeras damas en la historia de nuestro país? Dependiendo del momento histórico que atravesaba la nación, las esposas del ejecutivo han jugado diferentes papeles. Desde aquellas que se mantienen al margen de lo que implica el protocolo y hasta cierta indiferencia (de acuerdo con lo que se documenta en fotografías de dichas épocas) hasta las que han cobrado protagonismo en los actos públicos.

Ya sea por su gusto al vestir, su labor pública o su actuar en muchas ocasiones desatinado o excesivo, las primeras damas de México han sido objeto de observación y controversia donde se les señala su aparición en revistas de sociales, sus gastos y su participación en la vida política del país.

Por tradición, estos personajes se ocupan de temas sociales en beneficio de los sectores más vulnerables del país, una labor que no pertenece como tal a un empleo y que se hace sobre todo por una cuestión de voluntad o usos y costumbres, como es el caso de la titularidad en el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

La capacidad de separar sus funciones de protocolo con su propia carrera deberían corresponder con el terreno ganado en cuanto a los roles de las mujeres, ya no como protagonistas de la prensa rosa, sino en un papel lo suficientemente inteligente y equilibrado, donde pueda continuar con sus actividades sin caer en los excesos de flashes y protagonismo.

La escritora Sara Sefchovich, al referirse al papel de Margarita Zavala como primera dama mencionaba que “tener una carrera política propia le permitió entender sus compromisos, así como los tiempos y los modos políticos”, por lo que se refirió a ella como la mujer a quien no le afectó el poder. De ahí que los politólogos la calificaban con “austera y discreta”.

Esto nos hace ver que el comportamiento de la primera dama, como acompañante de un mandatario, es algo que va más allá de información para la llamada prensa rosa. Es un tema en el que deben poner especial cuidado los estrategas de imagen de cualquier aspirante a la presidencia.

Incluso desde el comienzo de las campañas políticas, es un punto que no se debe descuidar, pues es desde ese momento cuando empieza a dilucidarse el perfil con el que se desenvolverían si su esposo es favorecido con el voto.

Desde un punto de vista de comunicación y partiendo de que la imagen de la primera dama influye en la percepción que se tiene del mandatario, éste debería ser un tema digno de un estrategia destinada a asesorar la imagen de un personaje que si bien no fue elegido por los votantes, sí juega un papel determinante en la reputación del ejecutivo.

De igual forma que en otro ámbito, las redes sociales y todo lo que implica la era digital ha permitido seguir de cerca las actividades de las primeras damas, lo que las ha puesto de cara ante el escrutinio público.

Si bien es cierto que la pareja presidencial debe tener la capacidad de relacionarse de la mejor manera con sus similares de otras naciones, sobre todo si esto redituará en negociaciones o acuerdos que beneficien al país, esto será mejor apreciado por los ciudadanos si se deja de confundir un adecuado protocolo con la oportunidad de lucir los trajes más caros.

Más allá de si se trata de un empleo, su papel como figura pública es de gran importancia debido a su cercanía con el representante del poder ejecutivo en nuestro país, obliga a estas mujeres a conducirse de la forma más correcta en beneficio incluso de su propia carrera y sobra decirlo, de la institución que representa su esposo.

*Fernanda Ramírez es apasionada de la comunicación y los temas sostenibles. Directora General y fundadora de Comunicación Spread. Publirrelacionista y experta en manejo de crisis. 

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