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Los cuatro errores de Dilma Rousseff

La suerte de la presidenta está echada, el Senado decidió apartarla de su cargo y analizar un juicio político en su contra. ¿Por qué Dilma dejó que la crisis llegará hasta este punto?

23-03-2016, 5:22:00 PM
Los cuatro errores de Dilma Rousseff
Melchor Arellano

El destino alcanzó a Dilma Rousseff. La presidente fue destituida de su cargo este jueves para enfrentar el impeachment aprobado por el Senado con 55 votos a favor y 22 en contra. 

La presidenta de Brasil recibió este texto sobre su destitución temporal: “Señora Presidenta: se le hace saber por medio de esta notificación que a partir de su recepción ésta instaurado el proceso de impeachment. (…) Y queda suspensa del cargo de presidenta”.

Rousseff destituyó a todos sus ministros y asesores para enfrentar el juicio político, según se publicó en el Diario Oficial. En la lista de 28 funcionarios se encuentra el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien había sido nombrado ministro de la Casa Civil de Brasil.

Por la mañana ofreció una conferencia en la que aseguró se trata de un golpe de Estado orquestado por la oposición que “el único objetivo es tomar por la fuerza lo que NO conquistaron con las urnas” y agregó “lo que está en juego no es mi mandato (…) es el respeto a las urnas, de la voluntad de los 54 millones de brasileños (que la eligieron), las conquistas de los últimos 13 años“.

En un discurso emotivo la mandataria se defendió enfáticamente“No cometí crimen, no tengo cuentas en el exterior, no recibí coimas, jamás fui corrupta”.

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La crisis económica y política de los cariocas ha trascendido ya cualquier parangón histórico de la post modernidad. Este fue el camino de los últimos graves errores que hoy tienen a Dilma Rousseff a un paso del juicio político.

Primer error

Excedida en el pago de favores a su mentor, la presidenta Dilma le otorgó fuero a Lula y decidió regresarlo a la vida política, en el momento menos oportuno. Con ello construyó un rostro de complicidad que nadie podrá quitárle. Tras el nombramiento, Lula no sería investigado por el juez Sergio Moro, encargado de dirigir la Operación Lava Jato, desde la ciudad de Curitiba, en el marco de la cual se investiga al exprimer mandatario por actos de corrupción, en torno a la firma petrolera estatal Petrobras.

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Segundo error

Para salvar el pellejo a su mentor, Dilma transfirió el caso al Supremo Tribunal Federal (STF), instancia judicial de manipulación política y simuladora de presiones para enjuiciar a Lula, con lo que restó credibilidad a los órganos oficiales de procuración de justicia. Como consecuencia, la oposición anunció acciones judiciales para invalidar el nombramiento y acelerar el juicio político, contra Dilma en el Congreso.

Tercer error

Provocó la desconfianza empresarial, que afirmó la amenaza de juicio político en su contra y evidenció su incapacidad para aprobar reformas económicas importantes, ante la falta de apoyos del legislativo. La Cámara Baja retomaría el proceso de enjuiciar políticamente a la presidenta, mismo que tras los últimos sucesos, avanzaría con mayor rapidez en el legislativo. De esta suerte, el intento fallido de Dilma por dar fuero privilegiado y blindaje a su maestro ante las acusaciones judiciales en su contra, podría llevar a ambos a la guillotina.

Cuarto error

Magnificó la crisis política tras la escucha policial de una conversación telefónica con Lula a favor de este último, demostrando una total falta de tacto en el manejo del espionaje telefónico. La charla difundida el miércoles (16/03/16), ocurrió previo a la designación de Lula como ministro de la Casa Civil o jefe de gabinete.

En la grabación Dilma le avisa a Lula sobre la validación de su nombramiento, lo cual multiplicó las manifestaciones en las ciudades de Brasilia, Sao Paulo, Río de Janeiro y Sao Bernardo do Campo, sitio donde Lula tiene su residencia privada. Las asociaciones de jueces y prensa brasileña que integran la Operación Lava Jato, consideraron la llamada como apoyo a Lula, para evitar el arresto. La cesión de fuero y protección suprema, estarían contenidas en dichas grabaciones, producidas tras levantarse el secreto sumario de las investigaciones contra el exmandatario, decretado por la Justicia.

Un auto daño irreparable de Dilma y es ingenuo suponer que si otorgó fuero al más alto nivel de gobierno, no fue para darle inmunidad total a Lula. Dilma, no actuó sin conocer este hecho y su intención de proteger a su ex mentor, lo hizo sin prever las consecuencias. Su argumento de que no sabía si Lula acudiría a la ceremonia de toma de posesión del cargo de ministro, no hizo más que confirmar los hechos.

Y peor aún, tras asumir Lula como jefe del gabinete el jueves 17 de marzo, al día siguiente (18/03/16) un juez suspendió el nombramiento, dando al traste con la estrategia de proteger y absolver al maestro, por encargo de su alumna. No deja de extrañar que, con toda su experiencia Lula y Dilma, hayan ido al extremo de darle fuero al exprimer mandatario y convalidarlo, vía un nombramiento evidente y hasta cínico. Con ello, Dilma se puso la soga al cuello y todo indica que, no le quedarán ya lágrimas para justificar y enmendar sus errores.

Para Dilma encubrir lo imposible (corrupción y prebendas), la llevó a lo posible: la caída conjunta con Lula. De suyo, la imprudencia de Lula fue el no haberse quedado callado. Hizo alarde de liderazgo y reasunción de fuerza, cuando las condiciones hasta de sentido común, indicaban que debía guardar sana distancia y navegar en el anonimato.

Efectos en la economía

Antes del periplo referido, la economía brasileña acusaba una grave y paralizante crisis, a la que se suma la actual hecatombe política. Brasil enfrenta la peor recesión de su historia: su contracción del 3.8% del PIB (se preveía incluso una caída de 4%), es la mayor desde 1990, año en que el país acusaba una aplastante hiperinflación y efectos de la moratoria en el pago de su deuda externa.

A la contracción de la economía, se añade el hecho de que las empresas recortaron planes de inversión y despidieron un promedio de 1.5 millones de trabajadores, para ser el escenario de mayor recesión histórica del país.

A finales del 2015, Brasil sufrió la ruptura de una represa de relaves (que contienen altas concentraciones de químicos y elementos que alteran el ambiente) y la mayor huelga petrolera en 20 años. El índice BOVESPA que aumentó sin parar desde 2002 hasta alcanzar récord histórico en mayo de 2008, desde entonces comenzó a caer aceleradamente presentando enorme y consistente volatilidad. La bolsa brasileña, es la que más se devaluó en el globo y fue impactada por los efectos actuales de la crisis internacional.

El volumen de créditos disminuyó a una velocidad preocupante y la oferta de dólares al sector exportador, se interrumpió drásticamente y, los principales fondos de inversión sufrieron cuantiosas pérdidas.

El país no tiene infraestructura de calidad y su deuda pública se mantiene al alza, mientras apuesta sin éxito a los tipos de interés internos. La crisis política su sumó al incremento de la inflación, las tasas de interés y una fuerte caída en el precio de las exportaciones de materias primas. La industria fue la más afectada al contraerse 6.2%, provocando grandes despidos y retroceso del 14.1% en las inversiones. Su ritmo de crecimiento económico, es el más bajo de los miembros del G-20 y registra una de las mayores tasas de inflación del mundo, con 10.7 por ciento. Según proyecciones de mercado, se espera que la recesión continúe en 2016 con otra contracción económica superior a 3%, que sería el retroceso más funesto y extenso en Brasil en los últimos 105 años.

Implicaciones para Sudamérica

La crisis política en Brasil tiene fuertes implicaciones en Sudamérica: el Cono Sur, depende en gran medida de los cariocas en sus operaciones mercantiles, industriales y de servicios. La esperanza de la economía brasileña sería beneficiarse indirectamente del repunte de la actividad china y rusa mediante el aumento de precios de materias primas industriales, situación incierta ante los avatares de asiáticos y eslavos.

La recuperación carioca estaría también sujeta al mercado cambiario, donde el real sigue su depreciación desde 2008, tras la fuga de capital extranjero. Una recurrente caída del real tendría un potencial impacto en la deuda de las firmas privadas denominadas en moneda externa.

La caída del sector exportador a China y Rusia, podría agravar más la situación brasileña e impactar negativamente la economía mundial. Las renegociaciones de crédito (varias hechas desde 2009) enfrentarán condiciones financieras desfavorables, que provocarán mayor caída en la inversión productiva.

En la perspectiva política internacional, el caso de Brasil, podría propiciar el regreso en cascada de las economías conservadoras en la región, como ya ocurrió en Argentina y existen síntomas de debilidad del actual gobierno en el poder en Venezuela. Dentro de la coyuntura internacional, dos escenarios resultan previsibles y nada halagüeños para los cariocas: caída imparable de la economía y una crisis política que podría conducir a la derrota definitiva del gobierno y partido en el poder, de consecuencias impredecibles para América Latina.

Esperanzas inciertas ante Rusia y China

Frente al panorama actual ¿Qué podría lograr Brasil de Rusia y China?

Tras restaurar la confianza en el sistema bancario al aumentar la liquidez del sistema, garantizar depósitos y recortes en impuestos de exportación para fortalecer la economía, el gobierno ruso podría apoyar las exportaciones brasileñas. Pero la recuperación rusa no será fuerte en el corto, sino en el mediano plazo, lo cual no favorece a Brasil en lo inmediato. ¿Y qué se puede esperar de China?

La economía china está impulsada por la exportación y no termina de esquivar los efectos de la crisis financiera y económica que frenó su indetenible crecimiento a tasas por encima del 7% del pasado inmediato.

Depende de las exportaciones, cuya debilidad en la demanda externa ha afectado su economía. Para evitar la desaceleración el gobierno canceló algunas políticas de ajuste estructural y asegurar el crecimiento sostenible de la economía. Se dio a la tarea de desacelerar el crecimiento económico, reducir inflación y estimular el consumo interno; esto último, no favorecería a las exportaciones de Brasil (su mayor socio comercial en América Latina).

Desde 2008 el gobierno chino adoptó una activa política fiscal y monetaria, a fin de estimular el crecimiento a corto plazo, con fuertes ajustes para transformar su modelo de crecimiento. Desde el primer trimestre de 2009, el crecimiento chino fue de 6% anual, cifra baja para los estándares previos. Su relanzamiento de inversiones masivas en infraestructura y servicios, mejoró la actividad productiva: repunte en manufacturas, desaceleración en la caída de exportaciones, crecimiento del crédito e incremento de las ventas al menudeo. Se redujeron los precios de producción, que confirman el exceso de capacidad industrial para la exportación. China se beneficiará del cambio de fondo del desarrollo de la demanda interna, objetivo reafirmado por el gobierno, lo cual (junto con la fuerte capacidad de exportación) no favorece en lo inmediato al estímulo de exportaciones de Brasil.

 

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