Opinión

Por qué el Día de la Mujer no es suficiente

Las contradicciones en las que cohabitan dos mujeres nacidas el mismo día, en una misma nación dan sentido a seguir hablando de las batallas del feminismo.

09-03-2016, 6:18:41 PM
Por qué el Día de la Mujer no es suficiente
Daniela S. Valencia

“En los países occidentales sólo una minoría de ciudadanos rechaza los logros y las ideas del feminismo. Su éxito es incluso tan completo que muchas mujeres jóvenes consideran evidentes las libertades adquiridas gracias al movimiento y no acaban de soportar el espíritu ‘militante’, de carácter político o sindical, de los grupos o asociaciones feministas que aún mantienen el espíritu y el vocabulario de los tiempos de los grandes combates.”

El párrafo anterior pertenece a El mundo de las mujeres del sociólogo francés Alain Touraine, obra que recomiendo ampliamente y que se basa en un estudio de principios del siglo XXI sobre cómo las mujeres nos vemos a nosotras mismas y cómo percibimos y construimos nuestra relación con el otro, el hombre, ante la voluntad de ser sujetos de nuestra propia existencia.

Aunque los resultados de la obra tienen como contexto a la sociedad francesa, aquel párrafo llamó mi atención porque enmarca acertadamente el desconocimiento que muchas mujeres en diversas latitudes mantienen respecto a la historia de las primeras feministas y sufragistas en sus países y de cuyas victorias gozan, pero, sobre todo, de la necesidad de remarcar las contradicciones en las que pueden cohabitar paralelamente dos mujeres nacidas el mismo día, en una misma nación, y que otorgan lógica y pertinencia a aquel discurso disruptivo con el que no todas empatizan y mucho menos se apropian.

México y sus contradicciones

Mientras las habitantes de la Ciudad de México gozan desde 2007 del acceso a la interrupción legal del embarazo sin poner en riesgo sus vidas, ni criminalizarlas; en el Estado de México el saldo de la crisis de feminicidios ha sobrepasado el también muy negro caso de Ciudad Juárez. A la par de que muchas viven conscientes de la plena autodeterminación de sus cuerpos, otras lo están de que sólo por ser mujeres sus vidas peligran.

Mientras que desde 1953 la Constitución reconoció nuestro derecho a votar y ser votadas; en 2016 en Oaxaca, las mujeres pertenecientes a municipios regidos por usos y costumbres seguirán sin tener derecho siquiera de voz en las Asambleas para elegir a sus autoridades municipales en los próximos comicios.

Mientras hemos pasado de las cuotas a la era de la paridad legislativa con la última reforma electoral, colocándonos en el séptimo lugar en América Latina y el Caribe Hispano con más mujeres en la Cámara Baja tras los comicios de 2015; según datos de la OIT la brecha salarial por trabajos iguales entre mujeres y hombres en el país es del 15 al 20%.

Y cerremos estos paralelismos con uno de índole familiar: mientras que presumiblemente para la mayoría de familias de clase media en zonas urbanas lo cotidiano es que tanto a las hijas como los hijos se les brinde igualdad de oportunidades para estudiar la universidad, ¿en cuántas poblaciones rurales y marginadas la única opción imaginable para ellas es casarse entrando a la adolescencia y concebir hijos sin acceso a servicios de salud reproductiva y planificación familiar?

Entonces, ¿estamos o no en momento de seguir hablando de luchas y batallas?

El tránsito hacia una sociedad con democracia paritaria, innegablemente se está dando, pero necesitamos que sea mucho más rápido.

Para acelerar una transformación cultural profunda, que es la gran meta, las batallas en la arena política se vuelven eje toral, ya que ahí es donde se impulsan de manera articulada y transversal estas agendas a nivel gobierno y legislativo, donde se asignan presupuestos y se garantizan derechos. 

 Y, aunque este proceso requiere hombres que se sumen con el mismo nivel de compromiso, faltan más mujeres en los procesos de debate y negociación política: que dejen de ser ellos quienes hablen y decidan por nosotras.

Desafíos para una feminización de la política 

1.- Al interior de sus partidos

En América Latina las mujeres representan el 52% de la militancia, pero en los cargos directivos de los mismos sólo un 12% son ocupados por mujeres. A pesar de cristalizarse leyes cada vez más progresistas, los partidos políticos tienden a mostrar sus resistencias; recordemos el emblemático caso de las ‘Juanitas’ en México. Así mismo, en las pasadas elecciones de 2015, de las 50 listas de diputados federales plurinominales, sólo 2 fueron encabezadas por mujeres. Por otro lado, hay avances; actualmente los partidos están obligados a ejercer el 3% de su presupuesto público para el empoderamiento y capacitación política de sus mujeres militantes (el foco donde toca ahora mirar es de qué modo lo ejercen). Así mismo, afortunadamente, el debate sobre la tipificación y reglamentación de la Violencia Política de Género está muy vigente y contamos con legisladoras, como la senadora Verónica Saldaña, que han tomado este tema como su bandera.

2.- Al exterior

Con una sociedad aún muy machista, patriarcal, refrendada desde las sutilezas de dichos populares que siguen abonando a la normalización de la discriminación: “Mujeres juntas, ni difuntas.” ,“A las mujeres ni todo el amor, ni todo el dinero.”, “Calladita te ves más bonita.” La sociedad se construye y recrea desde el lenguaje mismo. Ahí comienza el desafío: erradicar la violencia simbólica.

3.-Entre mujeres mismas 

Tal vez la batalla más sutil. Falta sororidad. Porque hay muchas mujeres que, a nivel inconsciente, mantienen la creencia de que los espacios públicos que ocupan son una concesión y no su derecho, lo que genera muchos casos de competitividad poco ética. Compraron el cuento de que lo que les tocaban era migajas, por las que se pelean en lugar de trabajar en equipo para tomar la mitad del pastel que les corresponde. 

El Día Internacional de la Mujer nos invita a conmemorar año con año esta historia y reflexionar sobre el camino andado, pero el que queda por recorrer nos exige trabajarlo diario y sin descanso. 

*La autora es consultora en comunicación política. Socia-directora de la firma hispanomexicana Abella & Valencia (www.abellayvalencia.com) Es profesora en el “Diplomado Mujer en la Política y el Gobierno” del Instituto de Administración Pública del Estado de México. 

Relacionadas

Comentarios