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Opinión

¡Ya basta de los políticos disfrazados!

Mientras no demandemos congruencia de los políticos –partidistas o no–, seguiremos en la banalidad de la política que no construye ciudadanía responsable ni un país mejor.

08-03-2016, 6:44:49 PM
¡Ya basta de los políticos disfrazados!
Agustín Llamas Mendoza

Valores e ideologías ya no importan en nuestro sistema de partidos ni en nuestra democracia. Cualquier individuo puede ser priista, después del PAN y luego del PRD, pero también del PT. ¿Importan los principios? ¡Claro que no! Lo que importa es no perder el trabajo o el “hueso”.

Y es que a los políticos ya no se les vota por su nivel de congruencia con ciertos principios ni por sus filiaciones ideológicas. Nuestra ciudadanía tiene la culpa, ya que vota por lo bien parecido del candidato, aun cuando no haya leído un solo libro, o por el que es ladrón pero no tanto como otros.  Hemos hecho de nuestra democracia electoral un mercado banal, en el que lo único que importa es que ese individuo que gobierna y nos representa resuelva utilitariamente, en el mejor de los casos, temas de seguridad, limpieza, etc. Pero que sea honesto y que esa honestidad la plasme en cada una de sus gestiones públicas, y en el diseño y aplicación de políticas públicas, ya es demasiado. Lo que importa, según el electorado, es que haga, “aunque robe”. ¡Con qué poco nos hemos conformado!

No debería extrañarnos tanto, si hoy el café, para que sea tomable por algunos, tiene que ser descafeinado, o sea, sin café. ¿Me da un café sin café o me da un café que no sea café? Lo anterior podría aplicar para las angulas, a las que ahora se las llama gulas, porque no son angulas. O el cangrejo que no es cangrejo y que solo tiene saborizante a cangrejo.

Consumimos cosas que antes eran lo que eran y no fingían ser lo que no eran: simplemente existían o no existían. Hoy, hasta una mujer o un hombre pueden serlo sin serlo: la primera y el segundo no serían mujer ni hombre, aunque lo fueran, porque se habrían modificado físicamente. En fin, que un hombre que no es hombre se puede casar con una mujer que no es mujer y pueden tomar café que no es café y comer angulas que tampoco lo son.

Estos criterios también han invadido la política. Hay políticos que dicen ser independientes, por el hecho de que ningún partido los cobija para ser candidatos a algún puesto de elección popular. Su discurso es de rechazo a la clase política y a los partidos, porque “ellos son diferentes”, cuando no lo son y son políticos como todos. Tal vez no sean partidarios, pero políticos todos lo somos. Simplemente, son individuos desempleados de la función pública que hacen hasta lo imposible por no perder el “hueso”.

No todos aquellos que se venden como independientes son iguales. Hay de todo. El más conocido es el autollamado “Bronco” u otros a los que en ningún partido les hicieron espacio y decidieron ir “por la libre” (no es que sean independientes, más bien son candidatos sin partido). El otro perfil es el de un Kumamoto: un joven con voluntad de servicio e ideales admirables.  El más reciente perfil  tiene que ver con el próximo candidato a gobernador de Chihuahua, José Luis “Chacho” Barraza, empresario y representante de organismos empresariales con un claro sentido de responsabilidad social. Sin tener ninguna necesidad, se lanza responsablemente como candidato por el bien de su entidad.

Mientras no demandemos congruencia de los políticos –partidistas o no– con su persona y con los principios y opciones partidistas, seguiremos en la banalidad de la política que no construye ciudadanía responsable ni un país mejor. No necesitamos políticos descafeinados, ni transgénero. Tampoco políticos disfrazados; necesitamos políticos auténticos, transparentes y con valores.

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