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Opinión

España sin nuevo gobierno: Réquiem por las Cortes

Desde hace más de dos meses el país vive un bloqueo político que le ha impedido formar su siguiente gobierno. El Rey podría disolver las Cortes y repetir las elecciones.

06-03-2016, 6:27:03 PM
España sin nuevo gobierno: Réquiem por las Cortes
Daniela S. Valencia

España arrastra desde hace más de dos meses un bloqueo político que le ha impedido formar su siguiente gobierno. La solución que se dibuja cada vez más viable es que se cumpla el plazo para que el Rey Felipe VI disuelva las Cortes y se repitan elecciones generales el 26 de junio.

El dead line para que con la actual legislatura se forme es el 2 de mayo, dos meses después de la primera votación de los ministros para investir a un jefe de gobierno.

Era noticia ya cantada que Pedro Sánchez, candidato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), —segundo partido más votado y quien solo logró pactar con el partido Ciudadanos (C’s)— no sería investido en las rondas del miércoles y viernes pasados. En la primera, el reto era lograr mayoría absoluta (176 votos a favor) y en la segunda más “síes” que “noes”. Sin embargo, el Partido Popular (PP) y Podemos dejaron siempre claro que incluso una abstención para dejarle el paso libre desde la oposición no se daría.

Falta de consenso, burla para la ciudadanía

Por lo tanto, a lo que había que poner atención era a la actuación de los líderes de los partidos durante los debates, ya que todos atendieron el mismo desafío: plantear sus discursos ya en clave electoral pero tratando de mantener (lo mejor que pudieran) la credibilidad en el único mensaje común: “repetir elecciones no es una buena noticia, sino un fallo y hay que evitarlo hasta el final.”

¿Por qué? Porque el no ponerse de acuerdo es una burla para la ciudadanía. Los resultados de sus sufragios reflejaron la pluralidad bajo la que ahora toca (y se exige) gobernar; sin agendas totalitarias porque las mayorías absolutas de un solo partido quedaron en el pasado. Ahora toca que prime el consenso y la obligación de diálogo entre sus representantes porque la crisis económica de la que aún no remonta España exige altura de miras y voluntad política… más allá del discurso.

Ante el vaticinado fracaso (de todos) en lograr lo anterior, la táctica dictada desde sus war rooms es ser implacables en señalar a los otros como culpables de este estancamiento. El PP culpa principalmente al PSOE, el PSOE a Podemos y al PP, Podemos al PSOE y Ciudadanos a Podemos y al PP.

¿A qué juegan y a qué se arriesgan?

El quid del asunto para cada partido es sortear que su relato sea aceptado por la mayoría de quienes los votaron y que los que se sientan traicionados por su actuar estos dos meses sean los menos. Complejo.

La balanza que en cada votante decide este dilema (y por lo tanto si repetirá su voto, lo cambiará, o lo que es peor, se abstendrá) es en qué medida antepone la ideología programática al pragmatismo.  

De los votantes socialistas ¿cuántos aplauden su pacto con quien en su tiempo Sánchez señalara como “la nueva derecha” y cuántos creen que ha tirado por la borda los principios de la izquierda?

En el caso del partido de Albert Rivera (C´s), ¿no ha sido una contradicción asociarse con quien durante su campaña señaló como uno de los dos culpables históricos de la situación del país siendo que ellos se vendieron como la renovación política?

PSOE y Ciudadanos anunciaron que seguirán tomados de la mano en la búsqueda (decorativa) por evitar las urnas. Pareciera que les está saliendo bien la jugada, porque su alianza estéril les ha otorgado el jugoso fruto de una imagen de seriedad, moderada, enfocados en resolver el atolladero y dispuestos a avanzar.

Otro punto para tomar en cuenta es que Sánchez Castejón se ha anotado una victoria paralela en estas semanas: al interior de su partido ganó la batalla por refrendar su liderazgo y legitimidad al voltear hacia las bases y haber sometido a votación de la militancia el pacto con C´s antes de formalizarlo. No hay duda, por mucho que le amargue a Susana Díaz, él será el candidato del PSOE en junio.

Por su parte, el Partido Popular tiene en su líder su mayor problema. A Mariano Rajoy hace rato le llegó el momento de la jubilación pero aún no se entera o se sobre esfuerza en hacer oídos sordos. Para destapárselos deberían bastarle dos datos: que en diciembre 70% del electorado votó un cambio en el gobierno y que el 80% de los españoles según una encuesta de Metroscopia publicada ayer opina que su tiempo ya acabó.

Si los populares realmente se quieren tomar en serio recuperar los votos que se fueron para Ciudadanos deberán cambiar a su candidato e intentar tender puentes con este partido. Desafortunadamente para ellos, el acto interno del sábado en Salamanca donde aplauden fervorosos a un líder que ingenuamente se siente vigoroso dejó ver cuán desconectados están de la realidad.

Pero quien más está jugando al filo de la navaja es la agrupación de Pablo Iglesias. 50% de sus electores han desaprobado que a Sánchez no se le invistiera según el mismo estudio de Metroscopia —cabe hacer la anotación de que esta es la misma casa encuestadora que había colocado a Ciudadanos como segunda fuerza más votada una semana antes del 20D, mientras que las urnas los colocaron hasta el cuarto sitio.

Visto a la distancia pareciera que la estrategia de Podemos desde el 21 de diciembre ha sido la repetición de los comicios con el objetivo de ahora sí rebasar al PSOE en votos; ser la primera fuerza de izquierda. ¿Válido? Por supuesto, esto es política.  ¿Ético, correcto, prudente? Ahí la gran polémica.

Sus declaraciones hacia el PSOE se han mantenido dentro de la “voluntad” de pactar, pero pidiendo concesiones tan altas en la oferta de salida que los socialistas dijeron “Así no, gracias.” y viraron a la derecha para sí entenderse con Rivera.

¿Realmente ha habido alguna intención de Podemos de acordar con el PSOE? Y por otro lado… ¿Cuándo fue realmente que el PSOE comenzó a negociar con Ciudadanos? ¿el viro a la derecha fue acaso en paralelo a los “intentos” públicos de entenderse con Podemos?

Aunque pudiesen entenderse en un equilibrio de cesiones en sus ofertas programáticas porque las dos son alineaciones de izquierda, hay un claro talón de Aquiles entre ellos, se llama Cataluña. Ninguno de los dos partidos puede ceder en el tema del referéndum de autodeterminación para esa comunidad autónoma. El PSOE porque en automático se desfundaría al interior y Podemos porque debe 12 de sus 69 escaños a su alianza electoral con la coalición catalana encabezada por Xavier Domènech, quienes tienen como principal bandera el referéndum. Sí, al que besó en la sesión del miércoles. ¿Se requieren más simbolismos de la lealtad de Iglesias?

Su riesgo es que la teatralidad de su líder, más propio de un set televisivo que de un recinto parlamentario, ha perdido la frescura de la novedad y pasa cada vez más a percibirse como rijoso e incluso arrogante. No se gobierna sólo con retóricas envolventes y no se puede jugar a los antisistema una vez ocupado el escaño, toca arremangarse y negociar con condiciones asequibles, con muestras reales de ser también capaces de ceder. 

Entre lo posible y lo probable

¿Se vislumbran algunas salidas alternativas a las urnas? Sí, dos. Posibles pero poco probables dado todo lo anterior:

Que Rajoy siga el ejemplo de Mas y se haga a un lado, lo cual facilitaría un gobierno encabezado por el PP con el apoyo o abstención de C’s y la abstención del PSOE, o que Podemos en el último segundo (para debilitar al PSOE todo lo que pueda) conceda abstenerse ante otro intento de investidura de Sánchez, dejándolo gobernar con C´s y “dándole caña” como la más férrea oposición en una legislatura que pintaría para ser muy corta y así buscar llegar con bríos a las siguientes generales.

Para que el Rey llame por tercera vez a un diputado a intentar formar gobierno requerirá llevar el pacto ya cocinado y cantado, otra ronda en las mismas condiciones además de ser una tomadura de pelo para la ciudadanía provocaría un desgaste institucional innecesario. Lo realmente lamentable es que el mayor coste de todo este bloqueo lo pagan las familias españolas, quienes cada día siguen afrontando una crisis con recortes al gasto social, y con la brújula descompuesta para trazar rumbo en un entorno mundial que les afecta pero que no espera. 

*La autora es consultora en comunicación política. Socia-directora de la firma hispanomexicana Abella & Valencia (www.abellayvalencia.com)

 

 

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