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Opinión

Trump y la búsqueda del perfecto idiota norteamericano

Los estadounidenses que hoy se horrorizan por el ascenso del empresario deberían hacer un ejercicio de autocrítica para definir a su propio perfecto idiota.

26-02-2016, 12:57:36 PM
Trump y la búsqueda del perfecto idiota norteamericano
Jorge Arturo Monjarás, Director Editorial de Alto Nivel

No me refiero a Donald Trump, por supuesto, aunque muchos lo colocarían entre los finalistas. No me encargo de ponerle este calificativo al precandidato más fuerte del Partido Republicano a la presidencia, en primer lugar porque descalificar así a los políticos es señal de un análisis pobre. Se puede concluir que tal o cual político es muy bruto, pero hay que probarlo primero.

Por más que divierta burlarse de ellos en los memes y en twitter, pensar que los políticos son estúpidos per se es un gran error, uno de los preferidos en las redes. Incultos, incompetentes, necios, ideologizados, monótonos (no sólo por aburridos, sino por agudas carencias de tonalidad) o bien, profundamente equivocados, son mejores adjetivos. A cada cual le quedará alguno, pero hay que sustentarlo.

En segundo lugar, porque creo que la búsqueda del perfecto idiota norteamericano debe ser un ejercicio de autocrítica. Así sucedió con el perfecto idiota latinoamericano.

Hace ya años, en 1997, Álvaro Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza y Carlos Alberto Montaner acuñaron este término para definir a una de las corrientes ideológicas prevalecientes en América Latina. En un injusto resumen, describieron metódicamente y satíricamente la muy arraigada narrativa que culpa de todos los males de la región a los imperialistas yanquis y a los grandes capitales estadounidenses y que propone, para hacerles frente, las grandes soluciones estatizadoras, populistas o francamente socialistas que tantas veces se han implementado desde el río Bravo hasta la Patagonia.

Uno de los argumentos de Vargas Llosa y compañía es que son precisamente estos regímenes los que han perpetuado la pobreza en Latinoamérica. Hoy, por supuesto, siguen las dudas sobre qué ha sido peor, si lo que se tiende a agrupar bajo el término de populismo o lo que se amontona bajo el calificativo de neoliberalismo.

El libro titulado ‘El Manual del perfecto idiota latinoamericano’ causó, por supuesto, fuertes reacciones, aun en aquellos años en que estaba fresca la caída del Muro de Berlín, que había evidenciado el fracaso del comunismo al estilo de la Unión Soviética. Aun entonces, cuando Cuba había estado al borde de morir dignamente de hambre en ese tiempo oscuro que se llamó periodo especial entre 1990 y 1993. Hoy es tan rabiosamente combatido como entonces, por las mismas personas y por sus herederos.

Porque la narrativa del perfecto idiota latinoamericano no ha muerto. Es la fecha que seguimos viendo en las redes ese apoyo, ese franco entusiasmo o amor chiquito por un autócrata represor y francamente asesino de políticos de oposición como Vladimir Putin, por parte de quienes piensan que alineándose con ese gran líder (sarcasmo) es como Latinoamérica se librará del yugo de los yanquis.

El entusiasmo por el gobierno chino, que controlan su entorno político y uno que otro aspecto económico a punta de fusilamientos cabe en esta corriente, no obstante que ni en Rusia ni en China se practica hoy en día la “rectoría económica del Estado” como le llamaban en México. Es más bien un régimen de oligarcas, multimillonarios oscuros y burócratas privilegiados.

Hago un alto aquí, porque alguien me dirá que México no canta mal las rancheras. Por supuesto que no. Lo que digo es que no debiéramos aspirar a esto o alinearnos con esto.

Pero para no meternos en esta añeja discusión. Lo que sugiero es que los estadounidenses que hoy se horrorizan por el ascenso de Donald Trump se ocupen en definir a su propio perfecto idiota.

Algunas ideas: ese personaje que quiere volver a ver a una “América fuerte”, lo que sea que esto implique. Ese que agita la bandera de las barras y las estrellas a la menor provocación y le teme a los inmigrantes y a los países con quienes comercia Estados Unidos. Ese que piensa que su desempleo, su endeudamiento, su hipoteca impagable, todo es culpa de los chinos, o de los latinos, o de los musulmanes, vaya hasta de los canadienses. En suma, ese que piensa también en que son “ellos” contra “nosotros”.

Insisto, la definición del perfecto idiota Norteamericano debe ser objeto de la autocrítica, de lo contrario no será un definición completa, ni válida. Como siempre, la gente recibe mejor todas las críticas cuando vienen de dentro y las rechazan con violencia cuando vienen de fuera.

Sus autores estarán expuestos a su vez a la crítica, el ataque e incluso la burla, eso sí, pero es parte de una sana discusión interna.

Acá, por ejemplo, yo sugiero que el perfecto idiota Norteamericano es la contraparte que siempre ha buscado el perfecto idiota Latinoamericano.

Ahora si hablando de Donald Trump: ese gringo amenazante, que quiere forzar a un país soberano a pagar por una muralla, que quiere detener la migración en seco y deportar en masa a millones, que preferiría renegociar los acuerdos de libre comercio y traerse de regreso el empleo al suelo estadounidense. Ese es el gringo que el perfecto idiota Latinoamericano ansía ver de regreso, para oponérsele con rabia y quizá con violencia.

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