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El Papa que dice ‘hay un elefante blanco en la sala’

Francisco es un líder menos patriarcal y más peregrino, que en sus discursos ha resaltado los problemas que desangran al país, frente a los líderes políticos y de la Iglesia.

16-02-2016, 10:44:12 AM
El Papa que dice ‘hay un elefante blanco en la sala’
Daniela S. Valencia*

En su primera visita a México, el Papa Latinoamericano ha cumplido con las expectativas que de él se tenían y con lo que él mismo prometió: venir a escuchar. Porque lo que ha dicho es lo que la sociedad mexicana dice desde las bases, y señala como problemas que la desangran: migración, desigualdad, marginación, corrupción, violencia, destrucción del tejido social. En lugar de hablar desde las alturas del “México siempre fiel”, tenemos un Papa que llegó a decir en la cara de quienes nos gobiernan: “Hay un elefante blanco en la sala”.* 

La religión es una expresión de la espiritualidad humana al servicio de la vida, y muta, cambia histórica y teóricamente. La católica no es una excepción y Jorge Mario Bergoglio lo deja claro a través de sus discursos en tierra azteca estos días. La Teología de la Liberación, corriente teológica nacida incipiente en Latinoamérica a finales de los sesenta y principios de los setenta en plena Guerra Fría, retoma premisas de la filosofía marxista para realizar una interpretación de las Sagradas Escrituras que defiende y da voz a las clases oprimidas y a su vez busca adaptar las filosofías de los pueblos originarios al cristianismo.

Cuarenta años después, el ahora primer mandatario de la Iglesia con más adeptos en el mundo lo deja de manifiesto en su homilía en Ecatepec: 

“Bienes que han sido dados para otros y utilizándolos sólo para mí o para los míos. Es tener el pan a base del sudor del otro, o hasta de su propia vida. Esa riqueza es el pan con sabor a dolor, a amargura, a sufrimiento. En una familia o en una sociedad corrupta es el pan que se le da de comer a los propios hijos.”

Recordando un fragmento de El Capital de Marx, los paralelismos se marcan solos:

“La segunda etapa del proceso de trabajo, en que el obrero rebasa las fronteras del trabajo necesario, le cuesta, evidentemente, trabajo, supone fuerza de trabajo desplegada, pero no crea valor alguno para él. Crea la plusvalía, que sonría al capitalista con todo el encanto de algo que brotase de la nada.”

A la mañana siguiente, en Chiapas, tierra de corazón indígena, habla del Dios que ayudó al pueblo de Israel “a vivir en la libertad a la que habían sido llamados. Ley que quería ser luz para sus pasos y acompañar el peregrinar de su Pueblo. Un Pueblo que había experimentado la esclavitud y el despotismo del Faraón, que había experimentado el sufrimiento y el maltrato hasta que Dios dice basta, hasta que Dios dice: ¡No más! He visto la aflicción, he oído el clamor, he conocido su angustia (cf. Ex 3,9)”.

E inmediatamente, cita al Popol Vu, que recuerda el peregrinar entre tinieblas de los pueblos mesoamericanos, sugiriendo (y denunciando) —para quien lo quiera leer— su condición actual ante las estructuras de poder:

“Y ahí se manifiesta el rostro de nuestro Dios, el rostro del padre que sufre ante el dolor, el maltrato, la inequidad en la vida de sus hijos; su palabra, su ley, se volvía símbolo de libertad, símbolo de alegría, de sabiduría y de luz. Experiencia, realidad que encuentra eco en esa expresión que nace de la sabiduría acuñada en estas tierras desde tiempos lejanos, y que reza en el Popol Vuh de la siguiente manera: El alba sobrevino sobre las tribus juntas. La faz de la Tierra fue enseguida saneada por el sol (33). El alba sobrevino para los pueblos que una y otra vez han caminado en las distintas tinieblas de la historia.” 

Así mismo, reforzando la sintonía de su discurso con la cosmovisión de las culturas mesoamericanas que honran y son protectores de la madre naturaleza –Tonatzin en estos meridianos, la Pachamama más al sur–,  Bergoglio lejos de ser representante en la Tierra del Dios que en la interpretación conservadora del Génesis creó el mundo al servicio del hombre, denuncia la depredación que sufre la Madre Tierra: 

“Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que ‘gime y sufre dolores de parto’ (Rm 8,22)» (Laudato si’, 2).”

Francisco pide clemente a donde va “recen por mí”, observamos un líder que proyecta una imagen menos patriarcal y más de peregrino. En vez de remarcar su postura de jerarca, pretende que lo observemos como el hijo apegado a la madre, el que pide contemplar a solas a “la Morenita de todos” que nos cubre con su manto maternal, el jesuita domina el uso de los símbolos con maestría

*(Nota del Editor: Entre los analistas se usó el término ‘elefante en la sala’ para hablar del evidente escándalo que enfrentó el presidente Enrique Peña Nieto ante la existencia de una casa en las Lomas de Chapultepec de la primera dama, Angélica Rivera, también conocida como la Casa Blanca).

*Consultora en comunicación política. Socia-directora de Abella & Valencia  

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