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Opinión

No hay escépticos puros: ¿Y tú en qué crees?

Con el paso Francisco por las calles de la Ciudad de México y siendo tema en redes sociales, queda una reflexión: Todo mundo cree en algo, hasta los que dicen descreer de todo.

15-02-2016, 7:28:34 AM
No hay escépticos puros: ¿Y tú en qué crees?
Jorge Arturo Monjarás, Director Editorial de Alto Nivel

El agitado fin de semana en la ciudad de México terminó por fin. Varios cientos de miles de personas habrán quedado satisfechas con ver el paso del Papa, aunque sea unos segundos; miles habrán ido a uno de sus eventos. Otros muchos menos habrán podido verlo de cerca o hablar con él.

Se dijo de todo en estos días en las redes sociales. Por un lado, los que olvidaron por un rato su indiferencia hacia la religión que dicen que profesan para apoyar la visita, comentarla, seguirla con avidez. Por otro, los que se pusieron a contar cuánto costó su paso por México, los que desprecian a esta religión o a este matiz del cristianismo o a todas las creencias en general. Los que no le perdonan a esta iglesia la pederastia de algunos de sus miembros, el encubrimiento por parte de otros, la gran riqueza de otros más.

Por supuesto, no hay que dejar de mencionar a los que descreen de todo. A los que unen su desprecio por la política, por los medios, por los ricos, por los intelectuales y por los sacerdotes y lo empaquetan en una sola gran teoría conspiratoria. Ellos tienen su propia religión, aunque la disfracen de pensamiento independiente.

Mi teoría es que no hay escépticos puros. Todo mundo cree en algo. El más agudo troll sigue una línea de pensamiento ciegamente. Están los que creen que todo es culpa de los iluminati, de la conspiración judeo-sionista o masónica, del imperialismo yanqui, de los blancos, de los negros, de los comunistas, de los chairos, de los peñabots, de la izquierda, de la derecha. No falta el que está seguro de cómo funciona el mundo porque lo leyó en un libro, o en una página de internet o en un sitio de “noticias” al que escogió creerle todo. Están los que niegan el holocausto judío, porque se los dijo su padre/pariente/compadre/maestrito de la primaria/coach de soccer y descreen de toda prueba o documento en contra de su parecer.

Están los que prefieren dar rienda suelta al pensamiento mágico, que buscar la complejidad del pensamiento científico. Están los ángeles, la “vibras”, la “energía”, el poder del agua, la física cuántica convertida en magia, los horóscopos, las galletas de la suerte, el que cancela cosas tronando los dedos como bailando, del mismo modo que hace cientos de años, en la edad media, comenzó a tocarse madera o hacer la señal de cuernos con la mano para evitar un mal. Están los que firmemente creen que la vida de un perro es más importante que la de una persona, porque son tan lindos.

Está el Feng-shui y los rudimentos del budismo en versión para señoras, las velas, los decretos, los acuerdos, por supuesto, en lugar especial la brujería, las hierbas del mercado de Sonora, la señora que hace limpias, la que te lee el tarot, el café, la mano. También, aquello de que todos los políticos tienen un brujo que los protege de todo mal. Están por supuesto las imágenes de una Santa Muerte, surgidas en el siglo XX y el intento de relacionarla con Mictlantecuhtli. Está San Juditas y la obligación de cargarlo hasta su templo cada mes o cada año. Están los concheros que aseguran que bailan como lo hacían sus antepasados.

Están los que creen que los españoles de hoy son los mismos que “nos” conquistaron; están los que se sienten conquistados aún. Están los que piensan que todos los políticos, todos, son ladrones, están los que se hacen políticos y lo cumplen. Están los que odian a los gringos, pero aman a las gringas. Están los que odian a Televisa, pero no se pierden una sola “noticia” de algún sitio chafa de internet que cubre el paso de OVNIs allá por Morelia. Están los convencidos de que México importa 70% del maíz que consume, que todas las estadísticas mienten, que los narcos son dueños de todo y tan poderosos, que no vale la pena oponerse.

Están los convencidos de que todo es una porquería, y que falta poco para que la civilización colapse, como han predicho por años. Están, en fin, los que piensan que creer es lo mismo que saber y actúan en consecuencia.

Viéndolo así, quien se declara creyente de alguna religión como el catolicismo, por lo menos acepta abiertamente y sin tapujos que cree. Otros están (estamos) mucho más perdidos.

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