'; Alto Nivel
A Fondo

El horizonte mundial desde una atalaya

El mundo en un vistazo: desplome del petróleo, caídas de las bolsas, superdólar, cuentos chinos, inflaciones galopantes, depreciaciones monetarias, violencia, corrupción…

12-02-2016, 1:43:21 PM
El horizonte mundial desde una atalaya
Francisco Martín Moreno

La semana pasada subí perezosamente los interminables escalones de una gigantesca atalaya desde la que se podía contemplar, con algún lujo de detalle, la marcha de los tiempos modernos. Nadie podría imaginar, ni a lo largo de un viaje sobre un tapete mágico, que desde lo alto de aquella enorme construcción, similar a un antiquísimo minarete, igual podía contemplar la torre Eiffel que las cúpulas en forma de bulbo de la catedral de San Basilio, en la Plaza Roja de Moscú.

Esta posición es un privilegio, me dije en un sonriente silencio, mientras giraba la cabeza hacia el norte para encontrarme, sin forzar la vista, con el Capitolio, en Washington. Gozoso, y como quien rota sin desplazarse sobre sus talones para tomar una película en 360 grados, recorrí el océano Pacífico hasta encontrarme con la estructura más alta de la Prefectura de Tokio, la famosa Tokio Sky Tree, una maravilla del ingenio humano.

Sin necesidad de prismáticos divisé la Ciudad Prohibida, el palacio imperial chino desde la dinastía Ming hasta el final de la dinastía Qing, de la misma manera que el Taj Mahal, en la India, para continuar con La Meca, en Arabia Saudita, la ciudad natal de Mahoma y la más importante de todas las ciudades santas del islam. Rematé mi recorrido con la mezquita de Santa Sofía, en Estambul, mientras escuchaba a la distancia uno de los llamados de los musulmanes a la oración, cantado por un almuédano desde uno de sus colosales alminares.

Aun cuando parezca inverosímil, oí las palabras pronunciadas por David Cameron en el interior del Parlamento inglés, cuando acusó al Estado Islámico de terribles crímenes terroristas porque sus militantes, unos despiadados asesinos, odiaban el éxito, la tolerancia, la democracia y la sociedad multiétnica y multirreligiosa británica. “Vienen huyendo de países donde no existe un Estado de Derecho para tratar de destruir nuestro milenario Estado de Derecho, objetivo que por supuesto jamás lograrán”. A modo de respuesta, contestaron los yihadistas: “Tú, David, eres más imbécil que Tony Blair y Gordon Brown, porque solo un imbécil se podría atrever a declarar la guerra contra un territorio en donde únicamente reina la suprema ley de Alá y donde la gente vive de acuerdo con la justicia y seguridad establecidas por la sharia…” (una interpretación perversa del derecho islámico que llega a establecer un sistema criminal de justicia).

¿Entenderse? Imposible. La violencia es inevitable, me dije resignado, mientras que Dinamarca, Suiza y Suecia cerraban las puertas a la migración musulmana en Europa y el Medio Oriente se convertía en un polvorín cuando Arabia Saudita, también severamente dolida en sus finanzas públicas por el desplome de los precios del crudo, ejecutaba a un clérigo shiita, acompañado de varios de sus seguidores, igualmente fanáticos.

Sin poder abandonar el tema, puse atención en el discurso electoral de Donald Trump “el Trompudito”, cuando solicitaba cancelar el ingreso de musulmanes a Estados Unidos y juraba decapitar al Estado Islámico de llegar a la Casa Blanca.

La realidad inescapable consiste en reconocer que si el día de hoy el Viejo Continente no cerrara las puertas a la voluminosa migración islámica, en menos de medio siglo Europa sería musulmana, dado que quienes practican el islam pueden tener hasta cuatro mujeres y un número indeterminado de hijos, en tanto varios países europeos padecen un decremento demográfico con innumerables consecuencias. ¿Cómo no traer a colación que Ahmed Aboutaleb, el alcalde de Rotterdam, es el primer regidor musulmán de la Unión Europea?

Cuando clavé la mirada en la fuente de La Cibeles, vi el rostro desencajado de Mariano Rajoy, quien a pesar de sus esfuerzos por enderezar la economía española bien podría perder el cargo muy próximamente, a manos de los antiguos resentidos que se han venido haciendo del poder en el Parlamento, dando un ejemplo al mundo de genuina democracia. ¡Claro que en este entorno resulta imposible ignorar el calentamiento del planeta, otra seria amenaza a corto plazo!

Los tambores de la guerra volvían a sonar en lontananza. Los escuchaba con meridiana claridad, en tanto, en el Santo Sepulcro, en Jerusalén, prevalecía un discreto silencio propio de un Estado, como el de Israel, que observa los acontecimientos sin ignorar que cuenta con decenas de bombas atómicas de gran poder destructivo. Al pensar en la energía nuclear no pude dejar de imaginar que el Estado Islámico pudiera llegar a construir un artefacto atómico de manufactura casera y detonarlo en cualquier escenario del mundo civilizado… musulmanes contra musulmanes y musulmanes yihadistas contra todo el mundo.

Al voltear a la izquierda, para entrar al Salón Oval, observé al presidente Obama cuando lloraba frente a las cámaras de televisión porque no había logrado imponer un control de las armas de fuego en su país, ni siquiera en su último año de gobierno. ¿No les fue suficiente a los republicanos conocer las noticias de los niños masacrados en el colegio por sus propios compañeros, armados con las pistolas de sus padres? ¿Hasta cuándo vamos a permitir estos salvajes crímenes?

Hasta donde observo, Washington resulta ser un hervidero, derivado de las rivalidades políticas propias de la sucesión presidencial. ¿Subsistirá el Obamacare? ¿Ganará la candidatura republicana otro Bush (God save the world) o Trump, un claro neofascista (God save the world, again), o Ted Cruz o Marco Rubio? ¿Hillary Clinton o Bernie Sanders o Martin O’Malley se alzarán con el gallardete demócrata? ¿Cómo imaginar a un Trump y a un tirano y asesino como Putin dirigiendo el destino del planeta Tierra? Sweet and gracious Lord! Sin embargo, las encuestas expresan una importante realidad: Trump finalmente obtendría entre 6 y 8% de la votación total el próximo 8 de noviembre… ¡Uuufff! Todo parece indicar que Hillary será la primera mujer en llegar a la Casa Blanca; más aún, si se analiza la, como mínimo indecente, reforma fiscal propuesta por los republicanos.

¿Un resumencito?

El desplome del petróleo, las caídas estrepitosas de las bolsas, el superdólar, los cuentos chinos y su desaceleración, las inflaciones galopantes, las depreciaciones monetarias… ¡Ayyyyy! 

¿México? México prefirió vivir del petróleo descubierto por Díaz Serrano hace más de 35 años, en lugar de llevar a cabo una reforma fiscal que impidiera la dependencia volátil de los precios del petróleo. ¡Cuánta irresponsabilidad y cuánta demagogia! ¿Cuántas veces se han desplomado los precios del petróleo y arruinado las finanzas públicas de México, paralizado el crecimiento y, sin embargo, la reforma tributaria integral nunca se ejecuta? Desde aquí arriba me pregunto, sin sonreír: ¿los mexicanos seremos tontos, cobardes, inútiles o tramposos o todo junto?

La respuesta llega rápido a mi mente: la sociedad mexicana está mucho más adelantada que sus políticos, no solo timoratos y marrulleros, sino profundamente corruptos, pues entienden sus puestos públicos para hacer negocios privados, solo que en México nadie protesta y, al no protestar, los mexicanos nos convertimos en cómplices de los desfalcos.

Desde lo alto observo un creciente número de compatriotas deseosos de inscribirse como candidatos independientes para el 2018. Ellos constituyen una gran esperanza de cambio para la ciudadanía, siempre y cuando sean ciertamente independientes, a diferencia del ex Bronco, que de parecer en campaña un pura sangre se ha convertido en un triste pony inofensivo con el que juegan los chiquillos, confiados en que jamás ha disparado un sola coz ni lo hará.

*Este es un extracto del texto que el autor escribió para Alto Nivel y que podrás consultar completo en la edición impresa de febrero. Busca tu revista en los principales puntos de venta, suscríbete en línea o descarga la revista digital. Sigue nuestra conversación en Twitter y Facebook.

Relacionadas

Comentarios