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Opinión

No sirve una reforma electoral si no se reforma lo político

No sirve cambiar lo electoral, si el resto del sistema mantiene privilegios de actores corruptos a costa de la sociedad, de acuerdo con nuestro columnista Agustín Llamas.

12-02-2016, 9:33:56 AM
No sirve una reforma electoral si no se reforma lo político
Agustín Llamas

El 2016 será el año de la enésima reforma electoral y, desgraciadamente, esa reforma seguirá estando tan incompleta y manipulada por los partidos políticos como las anteriores, y ello es porque lo que necesitamos, en estricto sentido, no son solo ajustes de lo electoral, sino muchas reformas de lo político.

Se suele pensar que la democracia consiste en procesos electorales y en sistemas de partidos, procesos de elección y representación de manera exclusiva, que constituyen los elementos fundamentales para la construcción de un sistema democrático.

Sin embargo, la existencia de una democracia electoral no garantiza la existencia de una democracia plena, aquella formada fundamentalmente por un sistema de derechos y responsabilidades, un Estado de derecho, una sociedad responsable y participativa y con cultura de legalidad.

Hoy, después de las alternancias (2000 y 2012) que ha vivido nuestro sistema político y electoral, advertimos que no han servido de mucho. Todas esas reformas en materia electoral en su momento fueron importantes y han hecho, en general, más confiable y transparente nuestro sistema.

No obstante, es evidente que esa realidad, en términos sistémicos, ha dejado mucho que desear. O, en todo caso, esos ajustes institucionales en materia electoral no han sido suficiente incentivo para la modificación del resto del sistema y llevarlo a una plena democracia. Probablemente, en el mundo no exista otro sistema electoral como el mexicano tan lleno de controles, que respire tanta desconfianza y que sea tan costoso para la ciudadanía. Un sistema donde los mismos partidos políticos se han adueñado de todo: del proceso, de los dineros, de los jueces y de los rendimientos. Una democracia electoral a todas luces oligopólica. Un sistema electoral revestido de democrático a fuerza de repetición mediática, que comenzó siendo un sistema desde y para el ciudadano y ha pasado a ser un sistema desde y para los partidos políticos. El INE, por ejemplo, dejó de ser, por lo menos desde las últimas dos reformas electorales, una institución ciudadana para convertirse en una institución manipulada a capricho por los partidos políticos.

Para que un sistema político se precie de ser una democracia tiene que vivir en un Estado de derecho, en un sistema de responsabilidades y derechos. Según los últimos indicadores sobre el tema y precisamente sobre el grado de impunidad que se vive en nuestro país nos coloca a nivel mundial como el segundo más impune del mundo. Y ello no es solo porque las instancias judiciales y el sistema jurídico sean ineficientes en México, sino porque tenemos una de las sociedades más corruptas del mundo, que además provee al sistema la clase de ciudadanos que ninguna democracia quisiera tener.

Posiblemente, los ajustes más importantes que requiere el sistema electoral son: 1) verdadera reelección consecutiva en todas las instancias; 2) segunda vuelta –ejecutivo; 3) transitar hacia un sistema semiparlamentario; 4) mecanismos transparentes para los procesos internos de los partidos políticos; y 5) reducción de “plurinominales”.

Pero lo más importante sería una gran reforma política, donde verdaderamente todos los actores rindieran cuentas y el sistema de responsabilidades funcionara. De nada sirve seguir reformando lo electoral, si el resto del sistema sigue manteniendo privilegios de actores corruptos a costa de la sociedad.

*Agustín Llamas Mendoza es profesor de Entorno Político y Social del IPADE. Tiene estudios en Ciencia y política y Alta Dirección. Ha sido consultor de organizaciones, gobierno y empresas. Colaborador en revistas y diarios a nivel nacional e internacional.

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