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Prohibido no hablar del Papa

No existe intersección tan delicada y poderosa como la de política y religión, y los gobernadores que recibirán al Santo Padre lo saben y han aprovechado muy bien.

09-02-2016, 8:31:06 AM
Prohibido no hablar del Papa
Daniela S. Valencia

No existe intersección tan delicada y poderosa como la de política y religión, temas prohibidos en muchas mesas familiares. Por lo mismo, hace gracia que ahora la única prohibición sea no hablar de la primera visita del Papa Bergoglio a México el próximo 12 de febrero. “Papa aquí… Papa allá”, desde López Obrador quien ha dicho que respeta la visita (¡Gracias San Andrés Manuel!), la primera dama que le canta vestida de blanco con sus compañeros de Televisa, hasta Twitter que tiene listos los emoticones para todos los millennials que harán de la visita del argentino trending topic.

La clase gobernante está jugando su papel muy bien, sobre todo los que tienen la gran suerte de tener este bonus de popularidad que otorga el efecto Bergoglio al visitar sus estados. Maquinaria echada a andar, millones invertidos en estrategias publicitarias mostrando mediante todos los canales a su alcance mensajes de bienvenida que ciertamente los ojos del Papa no van a ver y que están más bien intencionados hacia las propias comunidades anfitrionas para elevar el sentimiento de orgullo y cohesión.

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El contraargumento de la derrama económica generada por los peregrinos hacia la crítica de la inversión millonaria para recibir a un Jefe de Estado en un país de más de 50 millones de mexicanos en pobreza, blinda y justifica que Eruviel, Silvano, Mancera y Duarte muestren la mejor cara posible de sus ciudades.

Es Chiapas, donde Manuel Velasco ha dejado más esquinado el decoro por el Estado laico al publicar en su cuenta de Facebook el canto de alabanza de su esposa Anahí, porque sabe perfectamente que cualquier crítica al respecto queda diluida ante los aplausos que genera la princesa pop entre monumentales tomas panorámicas de la riqueza natural de la entidad. Las campañas permanentes a Los Pinos requieren osadía y él lo sabe.

Francisco Bergoglio se ha mostrado hasta hoy como un líder espiritual compasivo con la gente, revolucionario ante una institución desfasada del siglo XXI como es la Iglesia católica y también como un político hábil. Sabe cómo y hasta dónde estirar las ligas. Es consciente de la delicadeza diplomática que implicaría reunirse con los padres de los 43, pero elige visitar aquellas ciudades tristemente icónicas de un México convulso por la marginación, la inseguridad y la falta de justicia.

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Podemos entender que su objetivo o su intención es venir a dar esperanza a una sociedad que sigue abriendo heridas sin tocar fondo. Ha dicho que “viene a escuchar”, lo cual es algo que parece que casi nadie hace ante la sociedad mexicana y por eso se le agradece.

*La autora es consultora en comunicación política. Socia-directora de Abella & Valencia (www.abellayvalencia.com)

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